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Esta era una vez


El Mundo de Andalucía
30/06/00

Continúa la esperada polémica en torno al informe de la Real Academia de la Historia sobre el uso torcido de la memoria colectiva. Escucho pullas y maldades atribuibles al gremio (no sólo al de historiadores, sino al de enseñantes), oigo decir que se trata de una maniobra diseñada desde el Gobierno contra las autonomías en las que el nacionalismo parte el bacalao, y que de lo que se trata es de enconar la diatriba entre nacionalismo españolista y nacionalismos de campanario. ¡Ah, del maestro Unamuno, manes de Castro y Albornoz! Si algo no es porfiable es que toda la vida se manipuló la Historia. Yo recuerdo que mis mentores liceanos se saltaban de un brinco la epopeya golpista de el Llano Amarillo con que se cerraban los manuales del fascismo franquista. Pero también recuerdo que pasaban como sobre ascuas cuando algún niñato sabelotodo preguntaba en clase por la "cuestión bretona". Los Estados son entidades artificiales que sólo el uso hace fraguar al calor de la rutina, pero en su interior, las naciones (en sentido minúsculo, local) sobreviven esporadas aguardando la señal. Y la señal llega. En el último tercio del XIX llegó para abrir un proceso que acabaría en la matanza ritual de la Gran Guerra y dejaría pendiente la Segunda. Y nosotros mismos llevamos sufridas en el Norte, de Fernando VII para acá, varias guerras civiles. Un viajero francés que presenció una de ellas, Charles Dembowski, recogía en la calle este grito ilustrado en 1838: "Ah, si nosotros hubiéramos tenido un Napoleón!". Para bien y para mal no lo tuvimos.

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No estoy en condiciones de juzgar la cuestión. Ni yo ni casi nadie. Pero sí de decir que es público que la mentalidad ratonil de ciertos autonomismos ha tratado desde un principio de retorcer la Historia, no sólo en su inevitable sesgo subjetivo sino en su facticidad. ¿Fue un cabrón Espartero cuando bombardeó Barcelona? Pues seguro. ¿Fueron las guerras carlistas una razzia españolista? Pues no, de ninguna manera. ¿Tienen los vascos el cráneo distinto y la sangre diferente? Bueno, pues no más que cualquier grupo respecto de otros, pero además, ¿qué si los tuvieran? Escribir una Historia de nuestro pasado común sin mencionar "el sagrado nombre de España" ni una sola vez es cosa de tontos, sencillamente. Llamar a España "territorio colindante" o cosa parecida lo es de gilipollas integral. El pasado se puede modoficar y se modifica. Lo que no es posible es inventarlo. "España, camisa blanca de mi esperanza…/ estéril paridora, rama/ agraz y raíz/ del pueblo: sola y soterraña/ y decisiva/ patria". ¡Qué pedazo de vasco, Blas de Otero!



El desbloqueo


El Mundo de Andalucía
29/06/00

La última vez que fui a Cuba, unos amigos me encomendaron medicinas para una médico. Me extrañó el encargo, como es natural, pero cuando fui al hospital donde trabajaba la destinataria acabé entendiéndolo divinamente: ella misma llevaba una semana soportando a pelo, por carecer de analgésicos, un flemón que le deformaba la mejilla. "¡Hay que reservarlos pa los niños, mi amol, esto no es Europa, ¿tú sabes?!". Claro que lo sabía. No hubiera tenido más que echarle un vistazo al buffet del hotel de cinco estrellas para imaginar cual sería la ruina en firmamentos menos lucidos. Un arquitecto municipal de la Habana, casado con la encargada de estadística del consistorio, para los que también llevábamos algún regalo amigo, lamentaban no poderte agasajar con nada nuestra visita y creían necesario disculparse porque en el cuarto de baño no había papel higiénico. La práctica del "jineteo" (aprovechamiento amistoso del turista) venía a ser el peldaño inocente de una escalera que descendía a la sentina del turismo sexual, pero nadie con un resto de conciencia la hubiera cuestionado. El bloqueo había reducido Cuba a un país semihambriento al que se le negaban incluso los antibióticos y los analgésicos. España incluida. El "mundo libre" había resuelto numantinamente por los cubanitos la aporía de la dictadura castrista. El fin y los medios, ya saben.

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Bueno, ha pasado más de un cuarto de siglo, treinta y tantos años, ha llovido un diluvio sobre la tumba de Kennedy mientras hambreaba un país inocente (nota bene para sentimentales: …niños, ancianos y enfermos incluidos), y finalmente Clinton, con un pie en el estribo, ha dibujado en el aire un gesto de perdón: se acabó el bloqueo, o al menos, comienza el desbloqueo. ¿Un balance? Pues así por encima, un balance declararía que no han podido con Castro, que no han logrado modificar la dictadura sino todo lo contrario. Pero también que se han degradado haciendo sufrir un calvario de cerca de cuarenta años a todo un pueblo sin culpa. Una dieta de boniato y mandioca, ron garrafero y algún mojito festivo, han entretenido la agonía de una nación condenada por lo mismo que se le disimula a tantos socios políticos. Y total, para rajarse en vísperas de la vuelta de Eliansito. ¡Cómo se va a poner ese Malecón de "pioneros" con pancartas! No me dirán que este del bloqueo no es uno de los disparates más canallas y tontorrones de que haya memoria.



La igualdad natural


El Mundo de Andalucía
28/06/00

Duro golpe para los partidarios de la desigualdad. Más duro por venir no de "ideologías" sino por proceder del núcleo duro de la ciencia más actual: la biología. Me refiero esa la evidencia extraída por los sabios del genoma ya descifrado, y que más bién parece una consigna que una conclusión: todos los hombres son iguales. Genéticamente, claro, pero algo es algo, y me imagino que ya será bastante incómoda para los desigualistaristas esta demostración de que, al menos en un 98 por ciento del material genético, no hay la menor diferencia entre las criaturas. Cierto que tampoco es que acabemos de descubrir la pólvora porque la idea de que, achicando achicando, tanto en la materia como en la conciencia, se llega finalmente a esas unidades elementales que nos igualan por abajo, es viejísima. Eso es lo que pensaron desde Demócrito y Leucipo hasta James o Russel, y es lo que ahora acaban de corroborar los descodificadores del ADN. Insisto: que todos somos iguales, que estamos hechos del mismo barro, al menos -que sepamos de momento-en un 98 por ciento del material. Formalmente libres e iguales demostrados, ya sólo nos quedaría ponernos la escarapela y aspirar a la fraternidad.

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Está muy bien cerrar el milenio con esta demostración incontestable. Parece incluso que la Vida, tan aficionada a las paradojas, se complace una vez más en su ironía haciendo coincidir en titulares el descubrimiento del secreto biológico mejor guardado por la Naturaleza y esa increíble patochada del secreteo fatimí en la que andan enredados talentos otrora (presuntamente) insignes como el teólogo Ratzinger. Pero la molla de la noticia es el hallazgo científico de que las diferencias entre los hombres no tienen fundamento en la realidad sino en su imaginación, esa otra admirable propiedad de la materia que más pronto que tarde controlaremos igual que al resto de nuestra impedimenta. Cruzamos umbrales históricos sin enterarnos siquiera. Este que acabamos de trasponer nos lleva directamente a la inquietante pero fascinadora intemperie en que la materia recobra su perdido fuero, imagino que de forma definitiva. ¡Y miren que nos ha costado aceptar lo evidente! Hace cosa de dos siglos y medio aseguraba La Mettrie que en este Universo no hay más que una sola substancia diversamente modificada. Por poco nos salimos del Milenio sin entender su mensaje.



Contra la pena de muerte


El Mundo de Andalucía
27/06/00

Otro caso. Gary Graham, 36 años, negro, "of course": lo ha mandado matar Georges Bush, ese gran asesino que lleva 135 ejecuciones bajo su firma. Un récord. A Graham lo culpa un solo testigos a pesar del aforismo clásico –"testis unus, testis nullus"—y del escándalo creciente que conmociona USA. No es para menos. Leo en la prensa metropolitana que un estudio de James Liebman, jurista de la Columbia University, ha comprobado que de las 5760 penas de muerte dictadas en los últimos 20 años, el 68 por ciento han sido anuladas por las cortes de casación. En otro diario dicen que, sólo en el último decenio, los inocentes ejecutados (demostrados a posteriori) superan la docena. Siete de cada diez yanquis es partidario de abonar el árbol del ahorcado, eso es cierto, pero tanto lo es que la opinión formada –no la espontánea de los viscerales—ha abandonado su tradicional ambigüedad para pronunciarse con dureza. El New York Times dice que "el funcionamiento de la pena capital en este país es de tal manera arbitrario, de tal forma injusto desde un punto de vista racial, y tan plagado de errores judiciales, que no hay modo alguno de dejar a salvo a los inocentes" que se vean enredados en un proceso fatal. El Chicago Tribune asegura que, de 131 ejecutados en Texas, nada menos que 40 no tuvieron garantías procesales adecuadas. Por su parte, un grupo de abogados han salvado del verdugo a ocho condenados ante la evidencia proporcionada por la prueba del ADN que Bush le regatea aún a muchos. Sin comentarios.

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Esta vez , además, la ceremonia ha sido espectacular: hubo que arrastrar al condenado hasta el suplicio, maniatado y vociferando que su muerte era un crimen legal y un paso más en el genocidio negro. Que si quieres arroz. Las encuestas revelan que, aunque crece la inquietud en la opinión, se mantienen de momento las adhesiones a la barbarie y apenas se ha movido ese 70 por ciento que la apoya. Eso sí, claro, Bush ha ganado autoridad de cara a las elecciones entre esa mayoría expeditiva a la que no le importa el fracaso de las garantías del sistema ni la muerte atroz de inocentes. Hay actitudes que ciegan, errores que empecinan y maldades que se afirman ante la Razón. A Gary Graham ya le da igual, pero queda tras él un batallón de víctimas en capilla –pobres, no blancos, marginados—que poco puede contra la lógica política. La democracia americana está enferma. Una pésima noticia para las provincias de su Imperio.



Los moderados


El Mundo de Andalucía
26/06/00

Vemos la batería de medidas dispuesta por el Gobierno conservador. ¿Qué es este Gobierno, a ver, conservador, liberal? En el XIX los fundadores de la cosa, de O’Donnell a don Juan Valera, jugaron con ese repertorio de modo maestro. Incluso inventaron una síntesis de opuestos ("liberal" fue en un principio sinónimo de progresista y opuesto a "conservador") que fue el partido "liberal-conservador", en cierto modo, si ustedes se fijan bien, no poco parecido al escorzo socialdemócrata. ¿Qué es un "moderado"? Olvido la doctrina (Burke, Cecil…) porque la historia española nos revela de manera muy divertida en qué consiste el camelo: un moderado es un conservador que se pica de liberal para desarmar a los progresistas. Un mal menor, un modelo para competir desde la ambigüedad, un cortafuegos frente a la amenaza por la izquierda. Cierto que, como concepto, eso de "moderado" goza de salida de un plus de legitimidad --¿quién se proclamaría "no moderado"?--, pero un plus que no engañó nunca a nadie. Cánovas se postularía hoy tan moderado como Aznar si el término no estuviera ya en desuso. Pero cualquiera aplicaría sin violencia el mismo dictado a González. Nuestros sindicatos son hoy de lo más moderado. ¿Algo que objetar? Francamente, pase de mí ese cáliz.

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La clave: vivimos una experiencia histórica antiutópica en cuyo horizonte es regla de oro que los márgenes políticos entre derecha e izquierda (conservación y cambio) son mínimos. La socialdemocracia ha funcionado como legitimador de esa vieja teoría hoy triunfante, como legitimador del conservatismo frente a lo que se entiende por radicalidad. Y el truco ha funcionado. Quien hiciera hoy una apuesta maximalista perdería cualquier elección, hecho que no debe simplificarse despojándolo de sus complejas causas socioeconómicas, pero que es lo que hay. El moderado Aznar apenas se diferencia del moderado González al aplicar idénticas políticas de liberalización o al proceder a privatizar lo público. Un gobierno sociata de pasadomañana poco podría alejarse del paquete que acaban de sacar los conservadores. No nos engañemos: es el triunfo del Sistema, que vale igual para Chile que para Francia, para España que para Rusia. El éxito de la moderación responde al convencimiento de que no hay alternativa práctica al conservatismo: contra lo que creíamos, ahora resulta que la Naturaleza sería conservadora. Con ello están conforme la Banca, las petroleras, los seguros, y los que aún dudan, es que no saben Historia. Ya verán qué rápidamente lo superan.

Modelo suharto


El Mundo de Andalucía
25/06/00

Nos perdemos, al menos yo me desoriento con las cifras que cada día nos salen al paso, y la alarmante constatación de que el capitalismo financiero va disparado en su órbita cambiando de unidad de cuenta cada dos por tres. No hace tanto, Burgos acuñó uno de sus implacables doblones de a ocho dialécticos, el del "pellón", unidad de cuenta corriente "de cara al 92", que equivalía a la hasta entonces inusual cifra de los mil millones. ¿Un "pellón"? Diez años después, un "pellón" es puta calderilla a la vista del cohete económico en que cabalgan hoy los magos de la "new age" arrastrándonos a todos, de paso, de mejor o peor grado. Ahora podemos leer que Villalonga regala a sus amigos avisos que valen cientos de millones, quién sabe si miles, en cosa de semanas, tal vez de días tan solo. O que ese mismo tiburón le compra a García el 50 por ciento de un "portal" más o menos imaginario en más de diez mil millones. ¿Qué hacer hoy ya con un "pellón"? Leyendo la sentencia del caso perdido por Suharto me entero de que el fracaso le supondrá una pérdida de 15.000 millones de dólares, esto es, dos billones y medio de pesetas, duro arriba duro abajo. Y eso no es nada, al parecer, porque dicen otros contables que lo que, en realidad, afanó y colocó a buen recaudo ese gran criminal y ladrón reprobado no baja de 73.000 millones, o sea, calculen ustedes mismos en pelas de uso legal. En otras palabras, si antes los Franco, un poner, juntaban su buena recurta para ir tirando, hoy los Suharto se llevan del tirón el 2 por ciento del PIB obtenido por una nación durante treinta años. Comparado con él, pues, lo nuestro va de alcancía, pero por algo se empieza y dice al adagio que todo se andará. De momento, eso sí, quien no se consuela será porque no quiere.

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Esa escalada de las cifras es una clave de nuestro tiempo. Nadie le reclama a los cuatro perjuros del caso Conde los millones que éste les dio con ánimo de cometer cohecho porque se considera eso, calderilla. Nadie espera que devuelvan sus cientos o miles de millones los Roldán, Urralburu, el propio PSOE filesio, Rubio y su cuadrilla, los del túnel de Sóller o los trileros de Zamora, los mangantes de los "fondos reservados" (y tan reservados), los levantados en el lío de Renfe o los desaparecidos en la EXPO. La huida hacia arriba y hacia delante tiene esa función: dejar atrás y abajo lo anterior. ¿Qué son mil millones en esta era billonaria? Pues poca cosa, criaturas. Fíjense si será así, que sólo a Rumasa le debemos tres billones y ni se inmutan…

 

La santa ignorancia


El Mundo de Andalucía
23/06/00

La inquietud que ha despertado esa encuesta del Ministerio que denuncia la ignorancia de nuestros escolares me parece de todo punto exagerada. Además, ya ha dicho un señor del PP –si se llama Guerra Zunzunegui, la verdad es que no engaña a nadie que sepa de qué va esta película—que la culpa es de los maestros, que no dan clavo los tíos -ni se esfuerzan por enseñarle a la basca, ni en plan Domine Cabra ni en plan Pestallozzi- los añejos conceptos en que se basa la Cultura. Me he acordado de que, hace como un cuarto de siglo, Gustavo Bueno explicó que la Cultura, con mayúscula –o seáse, eso que nos "humaniza" en tanto que animales originarios—no es más que una versión secularizada y, en cierta manera, volteriana de la Gracia, también con mayúscula, lo que me ha hecho pensar que, a lo mejor, lo que ocurre es que en esta sociedad secularizada esos queridos niñatos de nuestros desvelos han renunciado a aquel alto don. No saben, las criaturas, a qué mano pilla el Este ni qué rumbo consagra el Sur, por lo visto, pero yo no sé si eso sigue teniendo el interés que tenía, pongamos, para Marco Polo o para Colón, o ha dejado de tenerlo enteramente. Esta es una edad científica, lo cual quiere decir, desde la clásica erspectiva excluyente de "las dos Culturas", que sobran letras, incluídas las mayúsculas de los puntos cardinales. Por algo decía Chateubriand ("El genio del Cristianismo") que fueron los literatos y no los científicos quienes inmortalizaron a Luís XIV. La nueva ministra del PP, vieja "pecera", parece que vuelve por esas romanzas. Menos mal.

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¡Mira que sacar eso de que los chicos no saben orientarse ni conocen los mares que bañan nuestras costas! ¡Y mira que echarle la culpa a los maestros y decir que en la "provada" se enseña más! ¡Pues claro que se enseña más, y se come más jamón de Jabugo, y hay menos tuberculosis, y se viaja más! La Caverna parece asustada al descubrir que la peña pasa de "trivum" y "cuadrivium" porque no se ha percatado del cambiazo que está dando el escenario completo. Es más, ni siquiera percibe hasta qué punto ella es ahora el instrumento idóneo del Sistema en este acelerado proceso de desculturización, como antes lo fue la socialdemocracia. Por eso se asusta de que los chicos no sepan por donde cae el Oeste sin caer en la cuenta de que esa caterva viaja los fines de semana por sus propias autovías. Lo que no sabe es cómo arreglarlo. Por eso se rasga las vestiduras y le echa las culpas al pobre maestro armero.



La masona


El Mundo de Andalucía
22/06/00

No sé si tenía que ocurrir o no, pero el caso es que ha ocurrido: una mujer, por vez primera en la historia, ha sido investida Gran Maestra de la Gran Logia Simbólica Española-Gran Oriente Español Unido --¡será por títulos!—y lo primero que ha hecho es abrir las ventanas de la logia para que entre a raudales el sol que sale para todos. Estupendo. Con luz y taquígrafos, con los medios de testigos atentos, habrán de acabarse las viejas leyendas y la masonería dejará de ser un referente oscuro para integrarse sin truculencias en la normalidad de la vida. Ahora bien, ¿será eso posible? Temo que el poder y el atractivo –tanto como su legendaria repulsión—le venían al francmasón de su nimbo de misterio, y que una vez franqueado el paso a los primeros curiosos, el proyecto de la Gran Fraternidad Universal encogerá hasta la talla propia de cualquier otra ONG. Tanto lo que han pasado como lo que han podido, que ha sido mucho, lo debían los "hermanos", en buena medida, al prestigio de la luz velada con que el gran público se imaginaba sus "tenidas". Desde ahora, con la Gran Maestra posando para los paparazzi, va a ser casi imposible mantener la hilarante galería de cuentos que han hecho de la masonería una fuerza formidable en la imaginación colectiva de este mundo de benditos.

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Personalmente creo que lo que ocurre es sencillo: la secularización que está desacralizando las religiones no perdona a las religiones seculares emparentadas con el modelo eclesial, como la masonería. Pero si esos adeptos creen de verdad en su ideal universal, tienen, desde luego, una interesante tarea al alcance de la mano: abrir los archivos viejos para que los españoles descubran con sorpresa a tantos criptomasones como es fama que ha habido y hay en sus logias, incluyendo a esos militares republicanos y franquistas (¿Franco incluído, tal vez?) que primero vistieron el mandilillo y luego convivieron con la más dura ley de represión sufrida en España por un colectivo desde las persecuciones raciales. Aunque, insisto, dudo mucho que una "sociedad secreta" sobreviva a plena luz. La foto de la Gran Maestra posando junto al compás y la escuadra puede que sea el mejor broche para el viejo álbum de los misterios y las fantasmagorías. Pero el próximo lo hallaremos ya en la hemeroteca en la sección de acceso libre, junto al de Green Peace y al de "¡Salvad las Ballenas!". Al tiempo.



Nuestro yate


El Mundo de Andalucía
21/06/00

Ahora resulta que el yate que le han regalado al Rey (en fin, al Patrimonio Nacional) ese grupo de águilas empresariales mallorquinas viene a ser un poco un regalo de todos. Lo digo porque si, como asegura algún medio, las espontáneas aportaciones de cada águila han sido luego deducidas en las respectivas declaraciones a Hacienda, pues resulta que el yate no se lo han regalado al Rey unos cuantos magnates sino que ellos se han hecho la foto y luego entre todos hemos pagado la factura. Lo cual no es justo, en la medida en que el Jefe del Estado agradecerá a esos cuantos su atención, sin caer siquiera en la cuenta de que también han cotizado el contribuyente medio, el joven explotado que cobre de dos perceptores, la pobre viuda pensionista y hasta el ínclito parado. No es justo, no, Señor. Estas ofrendas votivas no deberían aceptarse ya ni a trámite porque se parecen inevitablemente al pazo que le regalaron los gallegos a Franco por suscripción popular o a la finca que le ofreció el pueblo de Sevilla a Queipo, ahí mismo, en Gambogaz, donde Curro (sobran apellidos) aprendió la dura lección del niño yuntero. Una cosa tan personal como es un yate se la debe comprar uno por medios propios, como se decía en la puta mili. Y si te la regalan, la deben de pagar en exclusiva los generosos, no entre todos. Lo que no entiendo es que haya que andar repitiendo todavía estas verdades del barquero.

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Lo del yate, de todas maneras, es muy divertido porque fíjense que todos se las avían para convencernos de que todo Poder que se precie necesita uno. Franco no tenía por qué dar explicaciones y no las daba. González las dio a media voz cuando se apropió el del difunto. La reina Isabel convenció a medio mundo (no al otro medio, claro) de que el "Britannia" no estaba ya a la altura de sus dignidades y nuestra Casa Real ha hecho lo propio prescindiendo del "Giralda" y aceptando otro carísimo de esos millonarios cuyo truco fiscal acaba de descubrirse. ¿Cómo van a tener yate Kasogui, Conde o De la Rosa y se va a quedar en tierra el otro poder? Por rehuir toda demagogia no me meto en simbologías en torno a lo que el yate significa en esta sociedad podrida. Ni siquiera me quejo. Únicamente protesto de que un grupo de tíos se hagan la foto del año regalando un yate y me pasen a mí la alícuota de esa factura. Claro que si yo fuera monárquico me cabrearía, además, por el hecho mismo de la regalía. Como no lo soy, tengo que hacer un verdadero esfuerzo para no alegrarme de que ocurran estas cosas.



La soldada política


El Mundo de Andalucía
20/06/00

De nuevo reaparece la discusión sobre el sueldo de nuestros parlamentarios, esos señores sin duda ocupadísimos que casi nunca vemos en el hemiciclo porque, quién lo duda, deben tener otras ocupaciones más urgentes fuera de él. El argumento corriente de la clase política es que su sueldo no es tan grande (no dicen que es pequeño, claro, sería un escarnio), teniendo en cuenta, sobre todo, que han de pagarse la estancia en Madrid algunos días a la semana. Frente a ello, la razón altiva sostiene que de lo que se trata es de dignificar la dedicación política evitando que la competencia de la actividad privada se lleve los mejores cerebros. Dos graves razones, qué duda cabe, pero que cabría aplicar igualmente a los funcionarios de a pie a los que, por ejemplo, en plena coyuntura reivindicativa de los padres de la patria, ya se les ha anunciado para el año entrante la excepcional subida del 2 por ciento. Bien, ¿qué puede justificar que los sueldos de los políticos den un volatín y los de los funcionarios un simple saltito? Porque ocurre que un eurodiputado trinca hoy por hoy 1’3 millones de pesetas al mes y que el presidente Gallardón se ha subido la soldada por las bravas nada menos que un 30 por ciento. ¿No sería cosa de entender que tan altos mantenidos deberían evitar que se ahonden aún más las distancias que los separan de los demás trabajadores, es decir, de los contribuyentes que les pagan a ellos? Pues a la vista de lo que se está cociendo de nuevo en el Congreso, todo indica que no.

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La cuestión se simplifica, en todo caso, porque el de los legisladores es el único caso en el mercado de trabajo en el que el salario lo establecen los asalariados. Lo que ellos dispongan, eso cobrarán. Pero a mi entender ello, con ser peregrino, no agota la cuestión que debería plantearse quizá desde la perspectiva política estricta. Así: ¿es el trabajo político un servicio voluntario y público, o es una profesión como otra cualquiera? Que no deber ser lo segundo lo proclama el hecho mismo del poder: no es un trabajo como otro cualquiera ése que puede fijarse a discreción su propio sueldo, sin entrar en minucias como la franquicia viajera del político (la mayoría viaja en clases superiores a donde y cuando quiere), su privilegiado régimen de jubilación y la rara excepcionalidad con que se los exime de la ley de incompatibilidades cada vez que se tercia. Una mayoría de ellos, por lo demás, jamás tuvo trabajo tan bien pagado. ¿Cómo reclamar una y otra vez mejora de sueldo? Igual viajo cualquier día en "Club" o en "Gran Clase" a ver si me lo explica alguno de esos esforzados.



Guerra de culturas


El Mundo de Andalucía
19/06/00

Me comenta un amigo radicalísimo el número de los proetarras del Mundial de Atletismo, ejemplarmente juzgados y absueltos por una Justicia democrática que poco tiene que ver con su justicierismo de pistoleros. Tan entusiasmado está que llega a decirme que ha echado de menos, a la salida de la Audiencia, unos espatadantzaris de esos que bailan el aurresku vestidos de blanco y con boina, para honrar a esos héroes con careta. Yo no lo estoy tanto e incluso le expongo mis cavilaciones en torno a la ocurrencia de exhibir su mensaje encriptado en la cifra hermética y arcaica de su éuskera recién aprendido. ¿Quién va a entender su petición de "repatriar" a sus presos si la formulan en una lengua que nadie entiende? Todos los veranos tengo ocasión en Asturias de comprobar la cerrazón de ese estrafalario aberchalismo que dice luchar por la restauración de la cultura "celta/bable" y que, en definitiva, reducen su acción a pintar una u encima de cada o que ven en un indicador de carretera: "Ovieu", "Celoriu"…, ya saben. Pero ¿no es una contradicción eso de celta y bable, o celta y gallego, siendo bable y gallego dos lenguajes romances? Le digo a mi amigo que, ya puestos, no veo por qué no añadirle al aurresku unas sevillanas corraleras, que tan "cultura" es uno como las otras. O ninguno de los dos, a elegir.

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Con haber llovido tanto desde la "guerra de las banderas", ahí sigue la romántica reivindicación de la lengua considerada --"a fortiori", claro está-- como una seña indeleble de identidad. Unos cuantos –menos de la mitad, no se olvide—justifican la canallesca sangría de ETA sobre una base pretendidamente cultural, etnográfica incluso, en la que la lengua arcaica de un paisaje se convierte en alma de un hegeliano "volkgeist" o "espíritu del pueblo", naturalmente definido de modo soberano por unos pocos encapuchados. La imagen de esos payasetes con sus carteles en vascuence restaurado ilustra el modo con que los terroristas han logrado hacer de una reivindicación legítima (la de una lengua prohibida) el santo y seña de una "Kulturkampf" cuya artificialidad han demostrado de modo irrefutable Juaristi, Elorza y otros. Mi amigo, por ejemplo, venera el aurresku como si fuera un sacramento y ve en los espatadantzaris –creo que no sin razón fundada—a los clérigos de un culto rescatado. Yo veo en ellos más bien a unos funcionarios fanáticos. Contra lo que pueda creerse no hay en ello ninguna contradicción.



Era de novedades


El Mundo de Andalucía
18/06/00

Vivimos una era "modernista" (postmodernista, precisan los taxónomos). De buena mañana nos sorprende en la radio el corresponsal lejano anunciando descubrimientos científicos que hoy curan el cáncer como con la mano, mañana prometen para pasado poner el pie en Marte en plan dominguero. Este deporte vale porque nadie, como es natural, se ocupa de comprobar las profecías, cosa, por lo demás, que ocurre en otros muchos negocios. La vivencia de este tenso presente cristaliza en un irreprimible y universal afán de novedad como ya ocurriera –mi maestro Maravall escribió una obra monumental sobre el tema—en varias épocas pasadas. Pero en ésta, la novedad específica es precisamente el "medio" de la difusión. Denis Jeambar ha hablado de la "netmanía" y medio mundo se estira y agacha largando del "ciberespacio", constatando la manera paradójica con que el Sistema está siendo capaz de conciliar el proceso de globalización ése con el revolucionario triunfo del Yo, la prometeica apoteosis del Individuo por fin conectado en directo y silenciosamente con la Totalidad. Sin advertirlo siquiera hemos sublimado todas las fronteras para levantar sobre el solar del mundo neolítico en que vivíamos un inmenso mercado en el que, por vez primera, quien dispone no es el que ofrece sino el que demanda. El ciberhumano es un soberbio esclavo: por primera vez en la Historia maneja él mismo la máquina de su enajenación.

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En cuestión de meses habremos destripado el genoma y estará en nuestras teóricas manos mudar a voluntad –cierto que no sabemos ni bien ni mal hasta dónde ni cómo—la condición humana, subvertir la medicina y acorralar la enfermedad, crecer o menguar a gusto del consumidor y reproducirnos al margen de la lucha por la vida. Un poco más e iremos a Marte (una película sobre el tema hace furor estos días). Antes de que nos demos cuenta veremos al interlocutor telefónico, traduciremos con el dictáfono, compraremos, votaremos, ligaremos, alcahuetearán, seremos operados y, por qué no, hasta podrán confesarse los pecados a través de la Red. Pero a pesar de la novelería apenas hay conciencia adecuada del cambio. El Gobierno, mismamente, hace el tonto regateando unos céntimos en la tarifa plana que en nada y menos será un simple prerrequisito de esta organización social superior que, sin advertirlo apenas, estamos estrenando. No sabe que el ordenador será enseguida un electrodoméstico más, pongamos como la lavadora o el frigo. O sí lo sabe, y se le abren las carnes, a saber.



Usos viejos


El Mundo de Andalucía
16/06/00

Una vez me contó una andalucista histórica la anécdota, ignoro si real o apócrifa, que le sucedió con uno de los fautores (según él, su "Deus ex machina") de la famosa Transición. Se hablaba de política como se hablaba por aquellos entonces, o séase, en plan más bien moral que político, cuando a ella, acorralada por la dialéctica seguramente, se le ocurrió, invocar los "ideales" como razón última pero superior de la conducta, a lo que el líder --empedernido fumador de puros-- contestó con su mandoble más pragmático, confundiendo adrede el alto concepto con la vieja marca proletaria de petardos: ¿Los "ideales"? ¡Los "Ideales" me los fumo yo, mujer!". Bueno, quien avisa no es traidor, aunque justo es decir que no sólo ese líder se ha fumado aquel noble truja. El ministro Vedrine acaba de publicar en Francia un complejo ensayo sobre el derecho de intervención en el que tropiezo con un admirable despliegue pragmático de pares de opuestos que vienen a liquidar la Idea en nombre de la Realidad: más vale "moral de resultados" que "moral de intenciones", más la "ética responsable" que la "ética de la convicción", no hay que confundir los "droits de l’ hommisme" (no hallo traducción fiel) con "derechos del hombre", ¿comprenden? ¡Vamos a dejarnos de monsergas, criaturas, y dejemos a los políticos decidir lo que es "realmente real" de lo que no es más que turbadora especulación de la mente! Pues vamos.

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A mi entender el problema hace tiempo que dejó de consistir en la crisis del ideal. Ahora de lo que se trata es del fracaso de las ideas, desde el tremendo sobreentendido de que una idea es menos real que una cosa y, en consecuencia, materia poco digna de atención política e incluso filosófica. ¡Al carajo Platón! El sueño de la derecha americana que en los años 60 cruzaba por la mente de Daniel Bell –el crepúsuclo de las ideologías-- ya es una realidad entera y plena que le pondría los dientes largos, si los tuviera, a Fernández de la Mora. Esta misma semana hemos leído en este periódico un artículo/manifiesto firmado al alimón por Blair y Aznar, es decir, por la izquierda y la derecha intercambiables con que el Sistema ha logrado estafar legalmente al ciudadano en nuestra deslumbrante sociedad. Una sola idea: que ya no hay ideas. El monorrail del pragmatismo se desliza a toda velocidad sin saber, ciertamente, que le aguarda agazapado tras la próxima curva.



Ni ideas, ni ideales


El Mundo de Andalucía
15/06/00

Una vez me contó una andalucista histórica la anécdota, ignoro si real o apócrifa, que le sucedió con uno de los fautores (según él, su "Deus ex machina") de la famosa Transición. Se hablaba de política como se hablaba por aquellos entonces, o séase, en plan más bien moral que político, cuando a ella, acorralada por la dialéctica seguramente, se le ocurrió, invocar los "ideales" como razón última pero superior de la conducta, a lo que el líder --empedernido fumador de puros-- contestó con su mandoble más pragmático, confundiendo adrede el alto concepto con la vieja marca proletaria de petardos: ¿Los "ideales"? ¡Los "Ideales" me los fumo yo, mujer!". Bueno, quien avisa no es traidor, aunque justo es decir que no sólo ese líder se ha fumado aquel noble truja. El ministro Vedrine acaba de publicar en Francia un complejo ensayo sobre el derecho de intervención en el que tropiezo con un admirable despliegue pragmático de pares de opuestos que vienen a liquidar la Idea en nombre de la Realidad: más vale "moral de resultados" que "moral de intenciones", más la "ética responsable" que la "ética de la convicción", no hay que confundir los "droits de l’ hommisme" (no hallo traducción fiel) con "derechos del hombre", ¿comprenden? ¡Vamos a dejarnos de monsergas, criaturas, y dejemos a los políticos decidir lo que es "realmente real" de lo que no es más que turbadora especulación de la mente! Pues vamos.

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A mi entender el problema hace tiempo que dejó de consistir en la crisis del ideal. Ahora de lo que se trata es del fracaso de las ideas, desde el tremendo sobreentendido de que una idea es menos real que una cosa y, en consecuencia, materia poco digna de atención política e incluso filosófica. ¡Al carajo Platón! El sueño de la derecha americana que en los años 60 cruzaba por la mente de Daniel Bell –el crepúsuclo de las ideologías-- ya es una realidad entera y plena que le pondría los dientes largos, si los tuviera, a Fernández de la Mora. Esta misma semana hemos leído en este periódico un artículo/manifiesto firmado al alimón por Blair y Aznar, es decir, por la izquierda y la derecha intercambiables con que el Sistema ha logrado estafar legalmente al ciudadano en nuestra deslumbrante sociedad. Una sola idea: que ya no hay ideas. El monorrail del pragmatismo se desliza a toda velocidad sin saber, ciertamente, que le aguarda agazapado tras la próxima curva.



La víctima culpable


El Mundo de Andalucía
14/06/00

Gran revuelo al desvelar este periódico la realidad del caso Argentia Trust, a saber, que el dinero del banco que Mario Conde decía haber pagado para conseguir buen trato fiscal, se entregó, en efecto, y se lo repartieron entre cuatro. Gran paradoja, la víctima culpable, pero que no lo es tanto (ni poco ni mucho) si se mira de cerca. ¿Inocente quien da dinero para que se coheche a funcionarios de Hacienda? Hombre, justo es reconocer que cuando Conde andaba en ésas, no estaba él solo en el danzón: recuerden lo que ocurrió en Cataluña, rememoren lo de la prodigiosa amnistía fáctica de los 200.000 millones que se dejaron escurrir alguien sabrá por qué, o mismamente algún caso de familiar de prócer de cuyos manejos fiscales se desvió la mirada hasta que hubo prescrito el negocio. Bien, ¿y qué? Cien mil que lo hicieran, todos culpables. Es divertido (¡y descorazonador, claro!) ver cómo se enternece el gentío comentando la mala pata del hombre que cumplió condena mientras otros se gastaban la pasta. Eso es algo que pasa todos los días a unos cuantos desgraciados y nadie se preocupa de ellos. ¡Ah, pero tratándose de una celebridad! ¿Qué hoy ya no hay clases? Hoy hay clases hasta para mangar. Ya lo ven.

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Hay víctimas culpables, qué duda cabe. Yo ví muchas madrugadas aquel juicio inacabable en el que los jueces debían luchar para no naufragar en el piélago agitado de la jerga y el trajín negociante. Y ví pasar muy serios ante el estrado, como testigos, a los mismos que hoy se descubren como receptores del dinero de Conde, negando como villanos lo que ahora revelan los papeles. ¿Les meterán mano por perjuros? Sería lo menos, pero tampoco eso afectaría a Conde, que habría de seguir siendo igual de culpable con los otros en el trullo que cuando callaba, por la cuenta que le traía, los nombres de los que se habían llevado el manso. En la trena se le llama a eso "comerse el marrón". Y bien, nadie se come un marrón si no es porque otro mayor le aguarda en caso de que tire de la manta. Hay en esta España postgonzalista demasiados silencios cómplices y, tal vez, más de una víctima culpable. Pues con su pan se lo coman (el marrón). que no seré yo quien me conmueva por la injusticia del injusto que calla obligadamente. Ahora bien, ¿era Conde tonto o pagaba con su cuenta y razón? Si es así, además de víctimas culpables, andan por ahí campando culpables del todo ilesos.



La mudanza mental


El Mundo de Andalucía
13/06/00

Hace días publicaba en estas páginas el profesor Alfonso Lazo una lúcida reflexión breve sobre el intercambio de papeles entre Izquierdas y Derechas, ocurrencia de trasfondo cultural en la que tiene tanto que ver la voluntad pragmática como las políticas de cultura que unas y otras vienen haciendo. Lazo hunde sus raíces en Tierno, a quien yo le oí defender más de una vez, curiosamente, que el papel de la educación era clave pero corría el riesgo cierto de ser utilizado por la reacción como instrumento dilatorio del cambio revolucionario. Y las hunde en la incipiente exégesis de la izquierda auroral que hoy apunta, cuando avisa sobre el vuelco de esos roles que andan confundiendo a derecha e izquierda en un mismo revoltijo reformista. En fin, las dos cosas están en el fiel, aunque quizá lo que ocurra sea que la Derecha ha asumido deliberadamente ciertos objetivos que hasta ahora se reputaban utópicos cuando, en realidad, eran asimilables por el poderoso metabolismo conservador. Aznar dándole sopas con honda a González es la mejor ilustración del fenómeno. ¿Pensiones garantizadas, sanidad y educación públicas, ley de divorcio? Todo eso es ya tan patrimonio de Arenas o Celia Villalobos como de los tigres de papel socialdemócrata. Y Lazo sabe historia de sobra para entender que ello no es ninguna novedad. Casi nada cavilan hoy nuestros próceres que no practicaran ya, a la chita callando, Cánovas y Sagasta.

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Pero a Lazo, lector como yo de Jean Daniel, no escapa que si la sociedad cambia en ese registro es porque lo propicia la cultura, o mejor, la masiva incultura vigente, y en consecuencia, porque las políticas culturales de la izquierda, extraviadas entre el elitismo y la vulgaridad, han fracasado hasta ahora. No habrá nueva conciencia sin cultura nueva, y ésta no es posible porque a un vasto consenso iletrado, mayoritario sin remedio, le basta con sus "circenses". Cuando el director de Canal Sur dice que "la telebasura es un servicio público" habla con toda propiedad: para eso lo puso ahí el poder. Lo cual, en apariencia al menos, cierra el círculo que comienza en el flamencorro y los debatillos de travestis para acabar en El Gran Hermano. El viejo debate sobre la "mass culture" (Mc Donnald, Daniel Bell, etc.) sigue abierto. Pero sobre todo sigue ahí la voluntad de secuestrar la opinión, a través de la (in)cultura, que excluye toda posibilidad del cambio. Quién sabe si era más realista que soñar con la toma del Palacio de Invierno planear una Izquierda acicate del conservatismo de toda la vida.



Clase de religión


El Mundo de Andalucía
12/06/00

Un ciberlector me ruega que atienda el caso de los profesores de religión injustamente discriminados, según él, incluso por la derecha que nos gobierna. Otro me pide que llame la atención sobre el derecho que tienen los niños de inmigrantes a que les enseñen en la escuela, caso de encontrar plaza en ella, las doctrinas y revelaciones de la única verdadera que, naturalmente, es la suya (no sabe, el pobre, que es la nuestra). El asunto colea por lo menos desde don Claudio Moyano, o en definitiva, desde que el Estado se pone susceptible e incluye entre sus cuitas la de institucionalizar el estatus claustral de unos profesores tan postizos como discutibles. Hace poco resonaba de nuevo en Francia la vieja borrasquilla con motivo de la decisión ministerial de poner el día los derechos (a extinguir) de un puñado de profes de religión supervivientes de otras épocas pero que ahí estaban con un pie fuera de ese claustro desde que, hace siglo y medio justo, el espíritu republicano decidió la secularización de la enseñanza. Aquí también hubo hace poco movida que yo no seguí con atención pero que creo que se resolvió generosamente, que es lo suyo, y a favor de los vientos neocatólicos que arrasan nuestra Administración central. Y en esas estamos, por lo que veo, complicados, por si algo faltaba, con la reivindicación exótica.

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El viejo problema no es tal, sin embargo, a estas alturas, si se consideran las cosas desde esta sencilla perspectiva: la escuela está para transmitir conocimientos, no para difundir creencias. Hace poco señalaba Jacques Attali la utilidad que supondría introducir en esos planes de estudio el de "lo religioso" en general, como sustitutivo racional y moderno de "lo confesional": nada de enseñanza de dogmatismos ni monopolios de la fe. Conocer hoy las religiones (el hecho religioso, en definitiva), moverse con soltura entre sus variantes, puede contribuir decisivamente al entendimiento entre razas que la nueva sociedad multirracial reclama cada minuto con mayor vehemencia. Acercar al estudiante al Corán igual que a la Biblia, avisarle de que hay a su alrededor un centenar de sistemas de creencias que fundan otras tantas concepciones del mundo, sería facilitar que nos entendamos a medio plazo con las crecientes minorías que han de marcar nuestro futuro aún no sabemos si con trazo brillante o con negro tachón. Caín con la quijada en la mano: hay que quitar ese cartelón de ciego de la pared de la escuela y sustituirlo por un collage en el que campeen juntos aunque no revueltos Buda y Cristo, Mahoma y Lao-Tsé.



El lobo cordero


El Mundo de Andalucía
11/06/00

El mismo día en que en Nápoles las calles amanecen cubiertas de carteles de los "moderatos" italianos saludando la visita de Aznar, la cancillera austriaca cuenta en voz alta a Felipe Sahagún que, respecto de la exclusión de los conservatas austriacos de la Internacional conservadora, el PP está hoy en una posición "más moderada" que hace meses. Pellilos a la mar, pues, que al fin y al cabo, como dice la ministra, en ese pacto de gobierno con los neonazis no hay que ver realidades sino apariencias, y ya se sabe que con éstas hay que andarse despacito. Si en Francia tanto la derecha como la izquierda se mantienen en sus trece de aislar a los que pacten con nazis es porque --siempre según ella—las elecciones mandan, y tanto una como la otra temen al emergente Le Pen. ¿A qué emergente, ministra, si Le Pen no da pie con bolo hace la tira y va de mal en peor? Hace poco una aguda encuesta mostraba cómo en Francia cómo al declive imparable de la extrema derecha está respondiendo el electorado conservador con una progresiva radicalización que le hace asumir buena parte de los postulados (y objetivos) xenófobos y racistas del Frente Nacional. En España, por lo que se ve, cabría decir lo contrario: al irresistible ascenso del fascismo europeo, nuestra derecha responde con su apoyo. Que Dios reparta suerte.

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Quienes hemos protestado como absurda la propaganda gonzalista que enseñaba al dóberman estamos moralmente legitimados para protestarle al PP por su apoyo a los nuevos fascismos europeos. Los carteles de Nápoles, por ejemplo, no son más que el pago que recibe Aznar por su arriesgado apoyo a Berlusconi –cuya alianza con ese Fini que exhibe un retrato de Mussolini en su despacho lo situó fuera de cualquier ambigüedad--, en un primer momento en el que era recibido de uñas por todos los demócratas del continente. Pero ¿compensará a medio plazo a la derecha española esta alianza a cambio de buena prensa (buena tv) para el líder y acaso una estrategia comunitaria conjunta? La política es una cosa muy aburrida, seguro, pero yo creo que esta indiscreta proclividad del aznarismo por los neofascistas/neonazis ha de acarrearnos más males que ventajas –al tiempo—y ello justificaría que los ciudadanos se movilizaran activamente contra ella. No lo hará, porque el Gran Hermano consume sus vigilias y no les deja tiempo. Quizá una mañana se despierten y vean al Gran hermano nada más abrir los ojos.



Las tres kas


El Mundo de Andalucía
09/06/00

Un parricida nuestro de cada día ha alegado que mató a su señora porque se negó a prepararle la cena al regresar de madrugada como una cuba. Otro hijo de puta que tal baila dice que si la mató, además de porque era suya, fue porque, como diría un canonista, se negó al débito. Todo depende, claro está, de la idea que los machos se forman de las mujeres. Hace muchos años Julio Iglesias, cuando andaba loco sin saber donde meter las manos mientras cantaba, declaró que a él le gustaba que la mujer fuera experta en la cama, competente en la cocina y elegante en el salón, más o menos, pues, el clásico esquema teutón "Kind/Küche/Kirche" (niño, cocina, iglesia) que desde Lutero –que se las traía tiesas con su señora, por cierto—resume el ideal centroeuropeo de la Mujer. Hay tíos idiotas que se creen con derecho, no hay modo de saber por qué, a exigirle a la hembra elegida prendas superiores a las propias, a lo peor desde sus cien kilos y su metro y medio escaso de estatura. Y por si algo faltara, ese tonto de remate que es el alcalde de Madrid, mismamente, le exige, además, el libro de familia.

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Para orientarnos en el debate que está provocando este holocausto doméstico es menester tener presente el peso de la opinión heredada. La imagen tradicional de la Mujer, que es lo que está cambiando, sostuvo durante siglos, pongo por caso, que al igual que el judío, la hembra era fétida. Esa guinda hay que colocarla, en nuestro caso, sobre el pastel de la moral católica tradicional que varía poco, como decía antes, de la que gastaron los hermanos reformados. Pero bien entendido que esa moral religiosa acabó en moral social. Cervantes, con ser tan humano, veía bandearse a la mujer entre la discreta y la maritornes: sin términos medios. Y hace autoelogiarse a la buscona de "El casamiento engañoso" diciendo, como Julito, que ella sabría ser "mayordomo en casa, moza en la cocina y señora en la sala". Estos lodos postmodernos vienen de aquellos polvos barrocos, no lo duden, y van pian pianito sabe Dios hacia qué avernos futuristas. Más que una epidemia, como creen los ucrónicos, se trata de una tradición: la que parte de la superioridad del varón a pesar de las evidencias crecientes en contra. Da entre grima y risa escuchar a esos jayanes confesar su inocente complejo. Es más, si no fuera por las víctimas, hasta podría ser divertido escuchar lo que tiene que decir sobre esta tragedia fundante este batallón de idiotas, incluído Manzano, que reclaman las tres kas.



¡Que inventen ellos!


El Mundo de Andalucía
08/06/00

Hoy se entrega en la Real Maestranza el premio a la investigación. Lo concede nuestra fósil institución tauroequestre al alimón con la Academia Sevillana de Ciencias y ha recaído en un joven profesor de Biológicas, Sebastián Chávez (con zeta, ojo), que consagra hace tiempos sus esfuerzos a tratar de averiguar la relación entre la expresión y la estabilidad de los genes. ¡No me digan que no es estupendo: la Maestranza velando por nuestros sabios mientras la Junta sestea en esa majada! Sebastián no suele soltar prenda --es hombre discreto-- pero no oculta su preocupación por el estado de unos laboratorios cada día más desatendidos a la sombra de un fantasmagórico Plan Andaluz de Investigación que ha ido reduciendo recursos o dedicándolos a otros renglones, como es habitual, hasta arruinar esa bolsilla desmedrada. Ahora, más atenta a partir y repartir con tacto político sin ofender a los sentimientos provinciales, la Junta echa mano de los fondos europeos y a otra cosa, que, bien mirado, la cosa del laboratorio nunca fue aquí tomada muy en serio. Así nos va. Y así nos habrá de ir, que es lo peor.

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Decía hace poco la consejera bisoña de Educación y Ciencia, preciseamente, que la Universidad debe salir de su aislamiento ¡Pues claro, y tanto! Eso lo decimos nosotros y es tomado por demagogia, lo dicen ellos y va a misa. O mejor dicho, qué a va ir. De sobra sabe la consejera –si no supiera eso estaría aún en la penumbra—que no existe interés en levantar la Universidad más arriba de una especie de instituto para alumnos crecidos y, desde luego, nunca como ese centro que describe la Ley en el que el deber de enseñanza es inseparable del deber de investigación. Es más, lo probable es que la hayan puesto ahí para hacer lo propio, a saber, dejar que sean las Maestranzas y Academias las que se ocupen artesanalmente de alumbrar a nuestros sabios, para dedicar los dineros correspondientes a pagar otras facturas. Ni más ni menos como sus predecesores, claro. La prueba es que hoy mismo será la Maestranza la que ponga el toro y abra el coso al diestro para que de siquiera la vuelta al ruedo. La Junta, ni flores. ¡Que le importa a ese personal la cosa de los genomios! Liados como andan en sus trifulcas y apaños, tampoco cabe esperar que los saque de la pesadilla la visión del laboratorio.

Fuego verde


El Mundo de Andalucía
07/06/00

A la cena africana de este fin de siglo, celebrada entre el estruendo de tanta matanza inexplicable, asisten no pocos dignatarios luciendo con variable discreción su diamante indumentario. Se habla en ella de esas guerras, se comentan sus inalcanzables causas, se resuelve con el expediente de la perplejidad compartida la gran cuestión moral y política que marca en rojo este final de milenio: ¿por qué tales guerras, quién las organiza, respalda, financia y arma? Y por qué. ¿Qué buscan en los nuevos países africanos, apenas referentes exóticos en el imaginario occidental, tantos bandos y guerrillas, tantos inversores extranjeros protegidos por cascos azules? Lo último que revelan los dossiers de la prensa especializada es que esas contiendas que no entendemos no son más que episodios del conflicto mundial que mantiene el mercado del diamante, aquel "fuego verde" en el que ya entreveía epopeyas el cine yanqui de los años 50. Sencillo: no se trata de ciegas peleas tribales, sino de auténticas guerras concebidas y organizadas desde fuera por poderosos grupos mineros y comerciales, bendecidos por la industria y el tráfico de armas. Ellos aportan la artillería ideológica (y la de campaña) y la caótica demografia africana pone su triste infantería, guerreros demenciales, niños soldados, violaciones masivas, degollinas, éxodos masivos, saqueos, torturas, hutus y tutsis, hausas, ibos o jorubas, tribus que han saltado del neolítico al futuro encaramadas sobre una cureña o emboscadas tras un tanque. Nadie parece saber en medio de ese pandemonium la causa de tanta barbarie y tanta desdicha. Los comensales de la cena lo saben, en cambio, divinamente.

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Cuando echemos la vista atrás sobre ese continente desolado, sus turbas errantes y sus niños hambrientos, sus enfermos abandonados y el espanto de tantas matanzas masivas, costará trabajo creer que al fondo del paisaje de horror lo que brillaba eran los diamantes. No lo dirán, además, los libros de historia, como no dirán que en Irak se luchaba por el crudo o que en Vietnam ni siquiera se sabe (exceptuado el maestro armero) por qué se luchó hasta la desesperación. En Angola, en el Congo, en Sierra Leona, sin embargo, el fuego que arrasa la vida parece ser que es verde y el filo que degüella sin piedad no es otro que el afilado del duro diamante. Unos cuantos canallas necesitan el genocidio para enriquecerse. Seguro que al final de esa cena milenaria ofrecen generosos su donativo.



Madres lectoras


El Mundo de Andalucía
06/06/00

 

No entiende a qué viene tanta zapatiesta porque el pujolismo ilustrado haya proscrito la literatura de sus planes de estudio para hacer sitio al catalán. Al fin y al cabo hace tiempo que nuestros escolares pasan como sobre ascuas por encima de autores y libros, agobiados como van entre tanto Gran Hermano, tanto "segmento de ocio" y tanto "diseño curricular". Hábilmente interrogado, cualquiera tiene un sobrino trasto capaz de dar alguna cuenta del Lazarillo o "El sí de las niñas" (nunca entenderé por qué, pero así es), pero nadie espere hallar hoy fácilmente a un chico con una panorámica suficiente de nuestras letras pasadas ni presentes, porque los profes hace tiempo que optaron por el expediente monográfico de encargarles monografías. Esa seña de nuestro tiempo que es la fragmentación del saber no tiene mejor emblema que éste de los trabajos caseros de nuestros alevines que traen de cabeza no sólo a esos esplandianes sino a padres, hermanos mayores, tíos y demás parientes y afectos. No es justo echarle a Pujol en exclusiva el fardo de esa culpa de todos que nunca ha preocupado a nadie, todo hay que decirlo, ni en su feudo ni en nuestras taifas.

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Ahora bien, el sistema de trabajo doméstico no es, después de todo, enteramente inútil. Dentro de unos años vamos a encontrarnos con una generación de madres lectoras extrañamente escoradas entre el Lazarillo y "El sí de las niñas" que, quién sabe, a lo mejor han desarrollado, a partir de la experiencia de auxilio a la prole, su afición particular a la lectura. Miren a su alrededor, si es que no se habían percatado, y verán como dan enseguida con el cuadro de la cuñada zambullida en el último Vargas Llosa para salvar al niño de la quema trimestral, mientras el niño discute por el móvil con su coleguita si Iván es más gilipollas desde que echaron a María José o si ésta es un pendón verbenero o más bien un ángel caído. Yo tengo una a la que recurro cada vez que debo echar mano de la saga de los Buendía y me pierdo, como todo hijo de vecino, entre los Aurelianos, Amarantas, Úrsulas, Mauricios Babilonia, Melquiades gitanos y Apolicares Moscote de esa memorable etopeya. El otro día vino la criatura a pedirme las psicobromas de Bettelheim que le habían encargado reseñar a la niña. Me la llevé al concierto de Brahms que ofrecía este periódico. Si finalmente no iba a poder librarse de ese cáliz, pensé que era justo compensarla con el prodigioso tercer movimiento de la Tercera Sinfonía.

El matarile


El Mundo de Andalucía
05/06/00

Ese gran verdugo que es el hijo de Bush (no el de la estafa a las cajas de ahorro, sino el gobernata texano) parece que se está pensando concederle a un condenado del "corredor de la muerte" su derecho a someterse a la prueba del ADN. Ya ven qué cosa: ¡concederle a uno en capilla, junto a la tortilla de yerbas, la oportunidad de demostrar científicamente que él no pudo ser el criminal! La decisión, que aún no es firme, dicen que tiene, como todo, una causa política, a saber, en este caso, el vuelco de la opinión pública frente a la barbarie de las ejecuciones --que, por cierto, en este mes de mayo, ha batido todos los récords al contabilizar 19 ejecutados—y sobre todo, al susto que le ha dado a la "buena conciencia" vaquera el descubrimiento de que 88 presos que aguardaban el suplicio han sido hallados inocentes en sendas revisiones procesales. Este Bush es un carnicero: lleva más de 130 muertes en su haber desde que gobierna el Estado y suele ausentarse, como quien no quiere la cosa, cada vez que el verdugo se persona en la cámara. Pasa, el tío, o mejor dicho, pasaba hasta que se ha percatado de que tanto error demostrado está haciendo cambiar a una opinión que, en todo caso, es aún partidaria del suplicio en un 70 por ciento. Dar matarile: la Humanidad, desde que lo es, se escinde entre quienes propugnan el matarile como solución más práctica aunque muchas veces irreparable, y quienes sostienen que nadie puede quitar la vida a nadie. En nombre de nada. Requerido por la circunstancia electoral el carnicero de Texas podría venirse a razones. No han de faltarle agarraderas. La compasión, por ejemplo, encaja en estas ocasiones sobre la mano de hierro como un guante de seda.

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¿Y en España? Tengo que verificar el dato, pero me aseguran que existe constancia oficial, deducida de los sondeos públicos, de una extraordinaria crecida de la opinión favorable al martirio. La culpa es del terrorismo, no hay duda, pero ni eso explica el "regreso" cívico a la caverna primordial. En pleno franquismo una película como "El Verdugo" o un libro como el de Daniel Sueiro eran capaces de conmover le criterio y el sentimiento nacional a pesar de que la locura de la guerra civil dejó como vacunada contra el horror a la generación involucrada, que era entonces la que mandaba. Ahora parece que también las nuevas generaciones se tambalean moralmente cada vez que los vándalos vuelven a las andadas. El matarile tienta mucho. Corcuera hablaba de él como quien habla de la mar.

La derecha eterna


El Mundo de Andalucía
04/06/00

 

No sólo sigue habiendo derechas e izquierdas (a ver qué a va a decir uno, escribiendo libros sobre el tema), sino que saltan a la vista por más que ese uno cegatee. Cierto, no son hoy las cosas como en tiempos de Cánovas o de Serrano, como no son iguales la vieja posta y el AVE. Todo fluye, (casi) todo cambia, pero todos seguimos bañándonos en el mismo río una y otra vez, y haciendo el cristo despreocupadamente sobre sus revueltas linfas. ¿Qué no hay una derecha, que no hay conservadores, que no hay hoy ya "regreso" frente a "progreso"? Pues mejor sería decir que ha habido mudanzas en las formas y corrimientos en las formaciones, pero haberlos, hailos: a manojitos. El alcalde de Madrid, pongo por caso, es un conservador integrista, un reaccionario de cuerpo entero, un idiota, en una palabra, si se me permite vituperar al mando e, incluso, si alguien no me lo permite, porque díganme cómo llamar a un tío que dice que la violencia doméstica es un epifenómeno de la pareja de hecho. Me imagino el hogar dulce hogar de Manzano –tresillos, consolas, el bargueño de la abuela y algún retrato de la matrona—y al hogareño holgando en zapatillas por aquel su territorio natural como un patriarca antiguo. Y, francamente, con perdón, me aterra pensar que sea ese Moisés quien conduce a los madriles hacia la tierra prometida. Si el PP profesara la convicción centrista que proclama le daría un sartenazo a ese alcalde por fósil y por cretino. Aunque sólo sea porque en el Gobierno hay ministros sobre los que, de seguir su teoría, habría que recelar el riesgo. ¿Está Gemma Cascos más amenazada que Ana Botella?, pregunto. Lo dicho, el alcalde de Madrid es un mamarracho.

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El error clásico de las taxonomías políticas ha consistido en buscar la diferencia entre los opuestos en el plano político. Hoy que sabemos que en ese plano se entendían Guerra y Abril Martorell tal como hoy se conciertan Celia y Chaves, es buen momento para descubrir definitivamente el fondo de la diferencia: lo que separa a la derecha de la izquierda es la "Weltanschauung", el concepto del mundo que definió Kant como un fondo creencial e ideológico del que surgen, cual brotes de un tronco esencial, las ramas del árbol de la vida. Manzano, por ejemplo, tiene una "Weltan" que imagina fundada miliarmente en la familia y por eso cree que el "matrimoniun" cuanto más canónico mejor, y que lo demás son cuentos y culpas de pecadores. ¡Será bobo! Cuesta creer que desde esa altura teórica no se vea que a la Preysler se le anula un matrimonio en menos que tarda un bárbaro en atizarle un hachazo a su señora.

Historia de remeros


El Mundo de Andalucía
02/06/00

Les contaré una historia. En el año 92, para conmemorar fastos de todos conocidos, se celebró una regata a dos entre un equipo japonés de remo y otro español. Ganó el nipón desahogadamente, lo que provocó una convocatoria urgente del gabinete de crisis de la consejería de negocios deportivos, y el diagnóstico fue claro: el equipo japonés se componía de diez remeros y un jefe, mientras que el español estaba formado por diez jefes y un remero. Normal el desastre, pues. Se hicieron propósitos de enmienda, se encargaron estudios a comités de sabios, llegó el 93 y, zas, de nuevo en la pista inigualable del Guadalquivir, los chinos (estos matices étnicos y nacionales, tienen que comprenderlo, superan sin remedio a la perceptiva andaluza) ganaron otra vez sin despeinarse. Nuevo conciliábulo, petición de ayuda a Arthur Andersen que es lo suyo, y nueva prognosis hasta averiguar que el equipo oriental se componía de once remeros y un jefe mientras que el español, profundamente modificado y dotado ya de fibra óptica, seguía teniendo un solo e incompetente remero auxiliado por un capitán, dos jefes de área, un consultor y seis asesores. En consecuencia, se optó por despedir al incompetente, y se procedió a contratar otro galeote fuera de las nóminas desde el convencimiento de que la inseguridad en el puesto de trabajo, incluso si ese puesto es una trabajadera, excita la voluntad y mejora el rendimiento. Que esta estrella contratada entrara en la meta al año siguiente unas tres horas tras la estela japonesa decidió al mando a abandonar definitivamente el proyecto. Creo que en esta ocasión acertó de pleno.

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Cuando le he contado el cuento a mi amigo López Bello me ha mirado con sorpresa. "¡Coño, pero si es la misma historia que cuentan Drea, Natxo Ferro, Estrella y hasta el cretino de mi cuñado!". He tratado de tranquilizarlo con la cosa de que, en opinión de ciertos antropólogos, los cuentos no son ocurrencias sino estructuras, arquetipos como si dijéramos, ubicuos e iguales a sí mismos con independencia del continente o la comunidad autónoma en que se produzcan. Pero él me ha mirado con inquieta desconfianza, encaramado allá en su alto mirador cantábrico, como quien tiene que habérselas con alguien que quizá te quitó la cartera. No he querido intentarlo de nuevo y me ha callado. A veces vale más quedar como un robaperas que extraviarse sin remedio en la selva fenomenal y perdediza de la lógica autonómica.

La fama


El Mundo de Andalucía
01/06/00

Una chica que quiere saltar a la fama sale esta semana en la portada rosa certificándonos que ha sido puta, con perdón. En realidad le estoy pidiendo perdón al ortógrafo que me vigila desde el disco duro del ordenata, empeñado en subrayarme en rojo esta rotunda palabra quevedesca hoy casi tan devaluada como su significado. Pero volviendo a la chica, les confieso mi estupor al comprobar que la exputa confesa no tiene otros méritos sobre los que realzar el putiferio sino que, al contrario, todo indica que no ha hallado nada más consistente en su biografía que su aventura colipoterra. Siempre ha supuesto un toque enigmático en las biografías aventureras eso de haber comerciado con el cuerpo y, bien mirado, a ver quién es la guapa o el guapo que no ha visitado esa casquería. Pero reconózcanme que una cosa es buscarse la vida y otra muy diferente fundar en ese hecho trivial esa forma menor del prestigio que es la fama. Recuerdo un verso de Corneille ("Je ne dois qu’à moi seul toute ma renommée", no debo mi fama más que a mí mismo) que demuestra que el renombre era en sus orígenes un mérito propio y no una concesión ajena, o sea, que una cosa es la honra de Becket y otra el famoseo del padre Apeles, vamos.

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Ahora bien, junto a la agustiniana confesión de la estrella fugaz (me temo), resulta que las asesinas de San Fernando también confiesan como móvil de su crimen el simple deseo de ser famosas. Hay aún quien se empeña en sostener que la índole mediática de nuestra sociedad no altera los comportamientos, pero semejante empecinamiento caerá antes o después como fruta madura. ¡Claro que la violencia incita a la violencia! ¡Claro que es psíquica y moralmente desvastador que un niño vea esos millones de imágenes atroces que dicen los expertos en audiencia que ve a lo largo de su desarrollo! ¿Acaso podría ser de otra manera? No hay que culpabilizar a los medios, se insiste. ¡Y quién lo hace! Lo que está claro es que un sistema que habitúa a la violencia y prestigia sus efectos, es dañino. Estas amazonas de San Fernando guardaban la foto del descerebrado de la katana como oro en paño. ¿Lo ven? Y dicen que hacían lo que hicieron –como aquel- para descollar sobre el común. En la sociedad audiovisual el anonimato se convierte en una forma de fracaso: ¡mejor ser puta que nada! A este paso, me dice el camarero amigo, mejor que nada ser puta. Al tiempo.