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Cerebros y pies


El Mundo de Andalucía
31/07/00

La verdad es que el mercado del fútbol no tendría por qué quedarse al margen de la loca aventura del consumo global. A ver por qué iba a quedarse. Es una de las lonjas más activas del mundo, su mercancía, con perdón, es una de las más disputadas y la cantera excepcionalmente barata, lo que determina un inversionismo aventurero ávido de las plusvalías más atrayentes. Un chaval que rompe en el juvenil del Sevilla puede acabar vestido por Armani a la sombra protectora del “caballero” Berlusconi, del mismo modo que de las playas de Ipanema y Copacabana salen cada año una compañía de zagales hacia los paraísos europeos en los que les aguarda el BMV y el acoso de las fans. Sin salir de España, traten de resumir en el ábaco de nuestra mediana economía el balance de este verano: más de diez mil millones para Figo, otros 3.500 para Gerard, dos mil para Munitis, Cataña y Deuscher, más del triple de esa cifra para Petit y Overmars… Y ya veremos cuántos tiene que arrearle al Barça a Rivaldo como consecuencia del tirón hacia arriba del Madrid y de la delicada situación de un presidente recién llegado. La pera. Con un agravante: que los pobres de la tierra, la famélica legión en la que el utopismo fundaba sus ultimas esperanzas, está encantada con el cuento. Si finalmente llegan Zidane, Saviola y Alfonso a nuestra liga, nuestro flamante bipartidismo moderado tiene el mejor futuro por delante.

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Me troncho cada vez que escucho a un prócer prometer una política que frene la fuga de cerebros y detenga la sangría permanente de sabios españoles hacia sociedades mejor organizadas. ¿Saben ustedes cuánto pilla al mes un investigador del CSIC? ¿Ignoran acaso que un librecampista de Segunda A cobra infinitamente más que un catedrático de Universidad? De acuerdo, de acuerdo, un catedrático quizá ya no sea (en muchos casos) lo que era, pero no me digan que, como regla general, ese desfase no es paralizador. Veo a la chavalería romperse los pies en la bajamar de nuestras Ipanemas y no puedo evitar la sensación de que están tratando de labrarse un porvenir, más prometedor para los pies que para el cerebro, e infinitamente más popular. No hay más que oir al padre de Alfonso soltar impertinencias o al hermano de Anelka chapurrear sus injustificadas exigencias para comprender que el desideratum familiar ha cambiado de raíz. Está muy justificado el culto al cerebro, sin duda, pero ríndanse a la evidencia de que, en adelante, habremos de dar al pie el lugar que le corresponde en esta sociedad pedestre que se perfila en la aurora del Milenio.

 

 



Los menoreros


El Mundo de Andalucía
30/07/00

¿Habrá tanto menorero como da la impresión? Personalmente llevo un verano jodido, bajo la impresión de que no hubiera en el planeta más que buscones de ninfas, igual si me enfrasco en un libro que si conecto Internet. “¡Tengo doce años!”, se titula un mail que borro sin leer, pensando que más o menos esa edad tenía una de las múltiples esposas con que Mahoma dio fe de su intensa humanidad, aquella niñita a la que desfloró sentada sobre sus rodillas, ya ven qué idilio. Cojo la traducción de Ruskin que bordó Marcel Proust y, zas, me doy de bruces con la historia de aquella Rose La Touche de la que se enamoró locamente el sabio (el sabio andaba ya zumbado, pero se remató con el cuento) y a la que acabaría viendo transfigurada en las figuras de Carpaccio… No descanso, palabra, en especial los lunes, cuando cierto amigo cuyo nombre callo, se me sube a la terraza y me instruye hasta la alta madrugada en esas delicias prohibidas de las que él es eterno cofrade y último romántico. No sé, a lo peor me he perdido algo, pero me atuve siempre, en la medida de lo posible, a la doctrina de mi maestro Maravall, que solía decirnos que uno no tiene ni remota idea de lo que una mujer es antes de sus treinta cumplidos. Siempre he dicho que la mejor forma de ser fiel a un magisterio consiste en permanecerle relativamente infiel.

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Y ahora las geishas, o “geikos” que es como creo que se llaman en realidad esas híbridas de querube y colipoterra, a propósito de un folletín que Spielberg piensa llevar pronto al cine, y contra el que se ha levantado como una hidra una tal Iwasaki para poner, según parece, las cosas en su sitio. Ella misma nos cuenta que se inició en ese arte o negocio a los quince años de su edad, pero asegura no ser cierto que vendiera su honra por un puñao de parné, sino que se entregó cuando, cómo y dónde quiso (que, por cierto fue en el Astoria de New York) de manera voluntaria y sin contrapartida, a un cliente que fue capaz de cumplir, como en los cuentos de hadas, la condición de abstenerse durante tres largos años. Por el memorion de esta rebelde andan de puntillas, confundidos entre las chinescas, el magnate de la Sony y el emperador de Matsushita, clientes supinos de ese séptimo cielo bajo los almendros en flor de la precocidad. ¿Qué hija adulta o qué madre remota perseguirán los machos por ese desierto que es la edad de la inocencia? Confío en que pase mi mala racha y pueda apartar de mí, sin mayor quebranto, el cáliz de una pregunta tan oscura como la que acabo de formular.

 



El bingo


El Mundo de Andalucía
29/07/00

Cuando empezábamos a hacernos con la numerología del verano, ese baile de millones gastados en fichajes y finiquitos, nos asalta la noticia más inquietante: hay tongo en el bingo. La España se nos está viniendo abajo, como en un derribo controlado, ante la insólita indiferencia de los guardianes del tesoro y la ceguera del cadí de guardia, pero lo curioso es comprobar el modo simpático en que los españoles se tragan y digieren el pedrisco de la golfería nacional. Y ahora, encima, nos enteramos que ni siquiera algo tan elemental como el bingo se libra ya de manipulaciones y trucos dispuestos por las propias empresas para desvalijar más expeditivamente a sus adictos. ¿Sabían que lo jugado en España anualmente en el bingo se eleva a 620.000 millones y que los jugadores vienen a ser unos 300.000 mil? Pues tiren la raya y hagan la cuentecilla para comprobar que eso supone una media de más dos kilitos por barba. Media España es víctima de ese montaje que ahora sabemos que con frecuencia está trucado. La otra media, al parecer, ni se inmuta.

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Me ha encantado la índole del truco: contratar a bingueros/as falsos/as para engordar el premio y disparar con ello la codicia del ludópata. Y me ha encantado el significativo procedimiento de recluta de los tramposos: encargárselos a las mismas empresas que ya dominan el mercado que provee de falsos espectadores a los plató de la tele. Existe, como puede verse, una ósmosis expeditiva entre áreas del disparate nacional que, en principio, parecen compartimentos estancos pero que, con toda evidencia, no lo son ni mucho menos, sino que se comunican por secretos canales la energía de un negocio diversificado pero que, en el fondo, viene a ser el mismo: quedarse con el gentío. Por lo demás, no quiero ponerme trascendente y politólogo en este trance pero me cuesta no dejar constancia del desmoronamiento moral de esta vieja torre socavada. Un país con un ciudadano pobre de cada cuatro que se toma a título de inventario los 6.000 millones del fichaje de Figo o los cuatro mil del remate de Villalonga, es un país que ha perdido el norte moral y que anda al pairo político. Pero un país en el que los que aplauden o patean en la tele son figurantes y los que juegan en los bingos son fulleros es, como decía, un país en pleno derribo moral. Y eso sin contar con lo que ocurre en el resto de la vida, que ya es descontar. Nos va a costar Dios y ayuda salir de este cascajal en el que la inteligencia anda proscrita pero en el que el más tonto hace un reloj.

 



La ley del silencio


El Mundo de Andalucía
28/07/00

Me van a perdonar la diletancia -no soy jurista consumado ni siquiera rato-si planteo una cuestión que está en la calle pero que calla la gente porque aquí se está difundiendo la peligrosa idea/amenaza de que hay cosas de las más vale no hablar. Es esta: ¿puede un consejo de Administración (o un peatón cualquiera, vaya) comprometerse con alguien, como ha hecho el de Telefónica con Villalonga, a no ejercitar en el futuro acciones penales en su contra caso de que proceda ejercitarlas? Yo me pierdo en este laberinto de los millones y me mareo en los yates, pero cuando escucho decir que gente tan seria como esos caballeros que integran el “núcleo duro” de la multinacional han pactado cerrar los ojos y no avisar al fiscal descubran lo que descubran, siento que debí saltarme en su día alguna lección de derecho penal si no es que aquí nos hemos vuelto todos locos. Porque, vamos a poner las cosas en su sitio: si el “Biempagao”, que es como en castizo deberíamos llamar a ese áureo cesante, no hizo nada penalmente punible, a ver qué sentido tiene un pacto de silencio. Pero si lo hizo, ah, entonces se trata simplemente de un acuerdo delictivo en el que unos señores se comprometen a no denunciar delitos de otro. Y a eso se le llamaba en mis tiempos, encubrimiento, que viene a ser una suerte pasiva de complicidad. Insisto, hablo por hablar, pues doctores tiene la iglesia y magos los tribunales. Pero ese acuerdo de silencio es pura “omertá” o los comprometidos están perdiendo el tiempo.

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Esta democracia especulativa tiene ya demasiadas cámaras oscuras. Y eso es malo porque sin una conciencia de siquiera relativa igualdad ante la ley, no ha sistema de libertades que aguante. Podemos ver libres o indultados a secuestradores, asesinos o torturadores, incluso a mangantes “reservados” del dinero negro del Estado, porque esa visión se recompone, como en un esperpento valleinclaniano, en el espejo cóncavo que con su deformación compensa la de la imagen reflejada. Pero escuchar una propuesta delictiva como ésa de silenciar los eventuales delitos que pudieran descubrirse bajo la alfombra, pasa de la raya. Ya habíamos visto banqueros reconocer ante el juez dádivas a partidos disfrazadas de pagos. Verlos prometer que ocultarán los delitos que se tercien, es harina de otro costal. Estoy pendiente, lo confieso, de ver si algún fiscal o juez de guardia se da por enterado y mete mano en el negocio. No porque yo sea lila, claro está, sino porque la esperanza es lo último que se pierde.

 



Circo americano


El Mundo de Andalucía
27/07/00

Los dos partidos americanos tienen, como es sabido, y sin connotación peyorativa alguna, esos dos símbolos zoomórficos: el burro y el elefante. Cuando he indagado alguna vez en plan simbólogo, no he obtenido mejor respuesta: sólo que cada cual pace a sus anchas en aquel circo de dos pistas que inauguraron con sus charreteras Jefferson y Lincoln y ahí siguen en el día de la fecha. A Víctor Márquez Reviriego y a mí nos contó Areilza una anécdota muy española concerniente al asunto, y fue la cosa que el ministro Martín Artajo, caraja total, le regaló una vez un burro por equivocación a un nieto del republicanísimo Eisenhower quien hubo de devolverle el jumento aconsejándole que lo guardara para la ocasión por si caía por aquí algún Kennedy. Cosas de España. Leyendo el “hexálogo” de Zapatero, sin embargo, llego a la conclusión de que, definitivamente, hemos montado también nosotros nuestro circo americano, con su elefante y su burro (sin connotaciones, vaya), y su “turno”, tan español y tan caciquil, que es como en España se ha entendido desde Cánovas eso que por ahí se llama la “alternancia”. PP y PSOE, PSOE y PP, de Pablo Iglesias a Fraga pasando por González/Rodríguez y, por descontado, pasando mucho de todo lo demás. No hallo en el “hexálogo” ni un proyecto que toque de cerca a los “parias de la Tierra”, ni media palabra dirigida a la “famélica legión”, ni un guiño al “obrero honrado e inteligente”: va más bien de ordenata, bienestar y fibra óptica. Nada por el Pueblo pero con el Pueblo.

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Era el viejo proyecto de González/Boyer/Solchaga/Sarasola/BBV/Dragados/etcétera, el plan veintenal, la “reconversión” salvaje que empezó sin timideces -como ha recordado Bono en pleno Congreso de su partido-cuando rechazaron a Tierno porque no era marxista los mismos antes citados y otros que tal bailan. Y a está ahí: dos partidos homólogos, prácticamente iguales, cortados por la misma tijera neoliberal, un filo thatcherista, otro shroederiano, cuarto y mitad de morralla neomoderna, futurísima y abstracta. El burro y el elefante: hay donde elegir. Y todos revueltos en el terreno de nadie, arriba los pesados, los livianos abajo, al revés que en la otra física. Si Quejido o Jaime Vera levantaran la cabeza se la cortaban en rodajas. Personalmente me conformo con que no se equivoquen de regalo y tomen al burro por elefante o al revés. Será lo mismo, en fin de cuentas, sólo que a la luz del día.

 



El "GAP"


El Mundo de Andalucía
26/07/00

Puede que no sepamos aún a ciencia cierta qué fuerzas y contrafuerzas han determinado la erupción del PSOE. De lo que no hay por qué seguir dudando es de que el vuelco ha sido morrocotudo y de que esto, para bien o para mal, no hay quien lo pare. Hace tiempo decía Carmen García Bloise (ABC, 13.9.93) que “en el PSOE hay que preocuparse de los que pueden venir y no de los que se van”. Hoy que la tropa de refresco ha desembarcado y anda montándose apresuradamente sus cabezas de puente, aquellas palabras cobran un sentido evidente que entonces no tenían. Tampoco hace tanto hemos escuchado a otra dirigente del PSOE protestar que, al fin y al cabo, la juventud no es, en principio, garantía de nada, como lo probaría la antigüedad mental, ideológica, de muchos jóvenes, incluso dentro del partido. Bueno, pues vale, pero eso es lo que hay y ya, además, no queda marcha atrás. Tanto reclamar el relevo debería invalidar ahora algunas voces que oigo recelando ante los nuevos. Para contribuir a invalidarlas sugiero que se fijen ustedes en la edad de los protestantes. No nos enrollemos: lo que aquí va a dilucidarse es una batalla por el poder -quiero decir, por los cargos--, no una guerra ideológica. Uno cierra los ojos o quita el sonido y no es fácil que distinga a González de Rodríguez.

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No será fácil, por otro lado, liquidar a los paquidermos ni borrar de la sabana la senda de los elefantes. Escuchen dar y repartir a Guerra, ausculten el silencio de González, noten el autismo postcongresual de los catalanes: cuando se han dado cuenta del lío, ya no era tiempo de rebobinar. El mismo estupor de los viejos de Suresnes se aprecia hoy en los rostros perplejos de muchos que se ven ya sin sitio en la próxima lista porque ni siquiera saben quién decidirá ni cómo se harán en adelante esas listas. Y ese proceso ha de ser imparable esté más o menos teledirigido, haya sido más o menos previsto, guste menos o más a los desplazados. La edad media (con minúscula) ha descendido del tirón en el PSOE, y no faltará quién pensando en la foto de Suresnes ironice que Dios castiga sin palo ni piedra. Claro que González no es Llopis, pero, ay, tiene detrás y delante, junto a un estupendo activo, un pasivo abrumador. Y en cuanto a Rodríguez… Alain Touraine nos prevenía hace poco frente a los movimientos políticos cuyo único programa es el cambio. No le vendría mal al nuevo Olimpo tomarse en serio a Touraine.



La mesa puesta


El Mundo de Andalucía
25/07/00

No tengo a mano, en la hora del adiós, versos de Eladio Cabañero. Mejor. Parece como si hubiera querido irse sin hacer ruido, como de puntillas, tal que pasó por la vida. Lo conocí, creo recordar, en los sótanos de la Biblioteca Nacional, “muchacho que sería yo/ mirando/ aguas abajo la corriente”, haciendo paquetes sin prisa y sin pausa, embutido en un guardapolvo azul. Nos veíamos con Félix Grande, con Paca Aguirre, en el bar de Cultura Hispánica, en el “Gijón”, en la redacción de la “Gaceta” con Juan Emilio Aragonés, en el equipo del “Reader Digest” que inventó el generoso Luís Rosales para dar de beber al hambriento, a la hora de comer en cualquier tasca cercana, más raramente en alguna razia vespertina de vino y rosas. Los años en que la fraternidad de los Grande nos acogía en su Betania, Paca colocaba en la mesa, ante su plato y junto al servilletero, un cartelito: “Señor Cabañero”. Y era de ver la rara mezcla de patetismo e hilaridad de que era capaz aquel genio encallado, con su imponente testa orteguiana y sus nunca renunciadas maneras de alarife, ocurrente y tremendo, deliberado mudo de una de las claves más elevadas de nuestra lírica de aquellos años difíciles. Vivió solo, secreto en sus pensiones, poeta y ciudadano dimitido al que su cuasiceguera -esa era su broma máxima-ayudaba piadosamente a ignorar. “Aquel invierno/ estuve ensarmentando/ la viña de mi abuelo, Eladio López…”. O “Bello es poner un pan sobre la mesa/ y un vaso de agua en la región más clara”. No tengo sus versos a mano pero nunca se me cayeron de la memoria.

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Igual de ocultos son los motivos por los triunfan algunos poetas vulgares que las razones por las que se eclipsan grandes talentos. Pero Eladio es ajeno a esas cábalas porque en el eclipse de su poesía él fue si propia luna. Blas de Otero, poeta tan diferente, nos dijo un día que la de Eladio era, entre las inevitablemente perdidas, la voz más entera y cabal…, pero que le dejáramos vivir su vida. Le preguntaba el ingenuo reportero por su próximo libro y Eladio estallaba como un petardo: “¡Y por qué coño tengo yo que escribir libros!”. Poeta silencioso, cavilador, sabio de varia lición, dueño como pocos del arte reservado de la sátira, sonetista fácil, hizo de “aquel Madrid brillante y hambriento” (Valle) un territorio propio que él marcaba cada tarde repitiendo el mismo recorrido, magnolios de Recoletos, malicias del café, sabe Dios qué fantasmas en el alma. En la mesa mística de Paca seguro que le conservan el cartelito como si el hermano ausente fuera a llegar de un momento a otro.



Teoría del caos


El Mundo de Andalucía
24/07/00

No estoy tan interesado en la exégesis del “zapaterazo” (sospecho que nadie tendrá todas las claves de ese laberinto) como en recuperar el sentido de la orientación. ¿Ha ganado González con Zapatero? ¿Ha perdido con Bono? ¿Ha fracasado Guerra con Matilde? ¿Qué gana con Zapatero? ¿Qué fue de Borrell? ¿Dónde está Chaves? Etcétera. Como diría Beni de Cádiz, “¡no se entiende nada!”. Pero quizá es que tampoco existe ésa lógica que tan afanosamente buscamos. Un congreso aventurero es un avión en manos de un simio. Del mono zumbado del azar, del mandril omnívoro de las alianzas, del tití recadero que nunca falta. El toque está en saber quién anda en la torre de mando, quién telecontrola tanto descontrol, González por Zapatero, González por Bono, Guerra ni se sabe, Chaves en su luna y todos por sí mismos. El tiempo descubrirá --más pronto que tarde-- quien le achina los ojos y le estira la sonrisa al nuevo hechicero, pero sólo en términos conjeturales. No nos engañemos con las imágenes: un Congreso en pie como un solo hombre (las mujeres han pasado del cinco por ciento sin descrestar el diez) puede ser una jaula de grillos. No hay que fiarse de las caras. Ni de las caretas.

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Ojalá funcione. Zapatero --sosia de González o no, como gusten-no estuvo en Suresnes y eso ya es importante. Tampoco anduvo por Guadalajara y eso lo es más aún. Claro que tampoco es que acabe de caerse del guindo: él negoció la entrega de la alcaldía de León al PP por un puñao de parné. Y parece un clónico del Otro, de “El-que-está-pero-no-está”, al que reivindica como si de verdad el Otro lo necesitara, cuyos gestos reproduce con estudiado dramatismo (o comicidad), un tallo que sale de otro tallo, ya veremos con qué fruto. Bien, ¿y qué será ahora de un partido que aplaude unido por no patear? No ve uno fácil que un reparto de cosas consiga restaurar los añicos del jarrón. ¡Imagínense el papelón de Bono de vuelta a Toledo! ¡O a Matilde Fernández cavilando sobre las astucias de Guerra! ¿Qué torcías retorcerá el bellotari para decir ahora digo donde dijo Diego? Ojalá funcione, ya digo, pero no se ve nada claro fuera del teatro. Verán que de Rosa Díez ni hablo. Ni de Borrell. Quizá estemos -es una hipótesis nada más- donde estábamos, o sea, en ninguna parte. Napoléon (permítanme que siga con la matraca) decía para justificar el 18 Brumario: “¿Quién reprocharía al navegante cortar los palos para evitar su propio naufragio?”. Yo conozco a uno que hoy diría lo mismo.



El bostezo


El Mundo de Andalucía
23/07/00

Tremenda imagen las del bostezo de González en pleno discurso de Chaves. La duemevela de Almunia, a su lado y a su sombra, la refuerza pero no la alcanza ni de lejos. Tendría que (quizá acabe por) haber una cámara plural, un Argos de cien ojos, que nos proporcione simultáneamente esa imagen plural del mundo que hoy sólo podemos sorprender, y muy parcialmente, con un golpe de suerte. No me dirán que no es sugerente la coincidencia: el Congreso del PSOE comienza cuando acaba el Gran Hermano, una jaula de grillos por otra, un huerto cerrado por otro, pero cada cual con su jaulero o su hortelano descabezando un sueño sin soltar la escopeta. ¿Qué hará ahora la España, con qué rellenará su ocio mental, qué trufas podrá meter en el solomillo de su vacación sestera, una vez cegado su ojo alcahuete y con todas las papeletas para que le toque un refrito en la rifa política? ¡Vaya bostezo! Lo que el atento objetivo ha inmortalizado en esa foto es una auténtica tomografía del momento nacional, hastío ante la brutalidad terrorista, cansancio frente a la legión de arbitristas arreglalotodo, perfecta desconexión entre la opinión pública y la razón política, un variado bostezo que delata la mala digestión que abruma al cuerpo social. Si esto es lo que ocurre en plena sesión, calculen lo que nos aguarda cuando se levante.

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Aunque lo probable es que nada peor, incluso si se entiende que lo más malo es esto que vivimos. ¿En el PSOE? Pues en el PSOE ganará quien designe el Guardián Dormido, como en el viejo cuento de Frazer, qué más da el color de los ojos ni el de las ideas, un nuevo Almunia -eso es lo único fijo-para un nuevo impasse. Napoléon desde su exilio se limitaba a frenar a sus hinchas, a predicar la virtud de la paciencia, pero sin excluir la posibilidad de ordenar cualquier mañana que le prepararan la goleta y pirarse de su isla. El resto, ya lo conocen, supongo. Y en cuanto a el Gran Hermano, a su irrellenable hueco en la conciencia nacional, parece que ya anda en marcha algún experimento nuevo para sustituirlo y recoger el “share” vacante: otra casquería, otro tontódromo, otra foto trucada de la juventud… y a vivir, que son dos días. Desgraciadamente tenemos encima o en el piso de al lado peligros más explosivos. Pero no olvidemos la trilita interior, el trinitotolueno de la descomposición moral, la goma 2 del secuestro partidista del régimen de libertades. Me cuentan que del Gran Hermano echaron a alguna por puta. ¡Mira que si se aplicara el mismo criterio a la vida pública! El eco de mi conciencia me responde tonante: “¡Pues anda que si lo aplicáramos a la privada…!”.



Libros de estío


El Mundo de Andalucía
22/07/00

Otra vez el recurso periodístico de preguntar al personal lo que se dispone a leer en verano, cuestión significativa porque trasluce el convencimiento, avalado por la estadística, de que el resto del año nadie lee casi nada. Ignacio Camacho ha elegido sólo un par de libros “ligeros”, o eso me parecen a mí, alguno en contra de mi modesto consejo: de sobra sabe él que en verano se lee poco. Mar Flores anuncia que dedicará sus ocios a José Saramago, y hasta puede ser cierto porque el talento de José igual sube a los palacios que desciende a los muladares, quiero decir, sin ánimo de faltar, que es asequible a todos según la moderna teoría de los diversos “niveles” que, según los gramáticos, todo libro encierra. La consejera de Cultura, según notifica Paco Robles, se propone leer a Wittgenstein y, en concreto, su “Movimiento del pensar”, que desconozco. Qué quieren que les diga: el propio Wittgenstein sostuvo, como no es imposible que sepa la consejera, que “las cuestiones filosóficas son embrujadoras”, y hasta dijo, en clara propaganda de su producto, que “lo que no puede decirse es más importante que lo que decirse puede” (el hipérbaton es mío). Modestamente, he dedicado el verano a Cervantes -la obra que el embajador Cuenca dice que salvaría del incendio universal-y me he castigado asomándome al Mal (Spinoza, Pascal, algo de Nietzsche, el manual de Safranski, el de Estrada, Conrad, Kafka). Balance: los pies fríos y la cabeza caliente: es un aviso para la consejera.

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Repetiré ahora la anécdota reina del género. Le preguntó un ingenuo a Suárez en plena escalerilla del Congreso que libro le gustaba más entre los de no sé qué pope que acababa de fenecer. Y Suárez, sin dudarlo, le espetó: “Todos”. Gran misterio: ¿por qué los españoles fingen con tanto empeño venerar lo que detestan? Tierno decía con toda la mala leche de que era capaz (o sea, toda la del mundo) que había que ver lo listo que era Guerra, que le preguntaba uno por el libro que acaba de ver desembarcar en la librería y, no fallaba: lo había leído la semana anterior. Serra (el mayor) se llevaba de vacaciones un piano y el “Doctor Fausto”, que al fin y al cabo, va de músicos. Pero unos por otros, cada quisque se ocupa y preocupa de mirar el escaparate para tirarse el rentoy en el momento preciso. Desconfíen de los lectores de verano como del amor de los “Rodríguez”. Yo le aconsejé una vez a un prócer que me pidió abiertamente una respuesta chic, que anunciara su plan de sumergirse en “Asterix” durante toda la canícula. Fue un éxito. Desde entonces me manda libros cada dos por tres. ¡Y qué libros, Dios mío de mi alma!



El compromiso


El Mundo de Andalucía
21/07/00

La doctora Pilar de la Corte me amarga cordialmente el paréntesis veraniego mostrándome el álbum que se ha traído de su estancia en Camboya. Los rostros infantiles más bellos, instantáneas de la inocencia como un monumento al candor, caras resignadas de adultos hechos a la férula de la fortuna más temible. Pilar va poniéndole nombre a la madre sidosa, a la niñita infectada, a la ninfa superviviente de un “protector” maldito --malas puñalás le den--, a los niños desmembrados por las bombas --¡qué insulto, ésas sonrisas tullidas que el horror no borró!--, a los curas y monjas insólitos echados al monte de la piedad más abnegada. El infierno puede ser tan hermoso como ese sueño oculto y tan oculto como una pesadilla olvidada. Pero Pilar y otros pocos no pueden dormir en el paraíso sabiendo que hay tártaros como el que retrata este álbum atroz, manos tendidas que no esperan a nadie, tribus destruidas por los khemeres rojos o por los otros, qué más da, toda una galaxia desesperada que los astrónomos del mundo civilizado han borrado de sus cartas celestes. Miro a esta joven médica y veo en ese haz luminoso el envés de mi generación perdida, de aquella legión utópica que tuvo en tan poco estas solidaridades casi fanáticas, que lo dan todo sin pedir nada, si es que es nada el privilegio de acercarse a esa hermosa miseria que sobrevive sin desesperar en medio de esta selva implacable. Mucho tarda el Brassens de esta gente nueva, que yo quiero creer que somos los mismos sólo que más solos, menos comprendidos, más ignorados aún.

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Es curioso meditar sobre el vacío utópico en que vivimos hoy: nada ha sustituido al sueño de la revolución, a aquella prisa de la esperanza que acabaría estrellándonos contra tantos Muros. Pero el toque está en ver si será posible sobrevivir sin aliento alguno, si el mundo que Pilar ha retratado justicieramente con las del beri seguirá sonriendo siempre o se alzará una mala mañana para caer en otra pesadilla. ¡Cuánta belleza puede haber en el infierno! Visto desde este cielo nuestro tan aparente y encanallado, la verdad es que nos confunde y casi nos tienta con su belleza superviviente, su humanidad náufraga y el ejemplo de esta gente nueva que se juega la vida en otra ruleta pero en el mismo casino en que jugábamos nosotros, infinitamente más ingenuos que ellos para bien y para mal. Los que son los mismos son los del álbum. El palimpsesto de la injusticia no se borra más que a la mitad.



El señorito


El Mundo de Andalucía
20/07/00

Aunque no tengo manera de saber si el expresidente del Madrid era tan mangante como dicen, de lo que me quedan pocas dudas es de su trivialidad. El otro día, sin ir más lejos, en plena campañísima, trató sin éxito de desacreditar al adversario con una consideración demostradamente errónea como ésa de que “ya pasaron los tiempos en que el señorito andaluz (sic) se lucía pagándole la ronda a toda la barra”. Primera vaina: sostener clausurado el señoritismo estando él presente. Segunda: echar mano del viejo daguerrotipo del caballista de traje corto y sombrero de ala ancha, como si en este corralón heril que es la España no hubiera habido más señoritismo que el que canonizó don Manuel Halcón. De toda la vida ha habido tontos a lo Sanz para dar y tomar, pero lo curioso es la fijación que esos tontos tienen con la tópica andaluza que, naturalmente, no es propia sino forastera, imagen deformada de ciertas exuberancias que venturosamente conservamos, en el espejo cóncavo de los catetos lejanos. Y eso no es lo malo. Lo peor es lo que descubría Sartre: “Sólo somos ‘nosotros’ a los ojos de los otros, y es a partir de la mirada ajena desde donde nos asumimos como ‘nosotros’”. Qué le vamos a hacer.

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El fondo de la cuestión, como de tantas otras, es la mala sociología que corre de mano en mano en plan “falsa monea”. Es más fácil tener el tópico a mano que meterse a averiguar una realidad no sólo cambiante sino vertiginosa en la que, por seguir con el negocio, la homogeneización ha conseguido identificar a todos los señoritos en un mismo espejo. No pierdo la esperanza, sin embargo, de que Alfonso Ussía incluya en su memorial a merluzos como Sanz, en última instancias primos hermanos de los besugos como “Sotoancho” y aproximadamente igual de memos. Pero mientras tanto habrá que plegarse al levante y aguadar hasta ver si el tiempo aclara y se ven con nitidez los perfiles de cada cual. El de Sanz, eso sí, errará ya confundido al fondo del cuadro, apagada la gomina bajo la luz mate de las auditorías y despojado definitivamente de esas marcas de prestigio vicario que hacen de cualquiera un “Don Manué”. Habría que construir toda una nueva teoría del señorito que nos librara de los rancios conceptos del citado maestro, de su tío Villalón, del esteticismo fascistoide de Valdecasas y hasta de la herencia de Blasco Ibáñez. No hay señorito bueno. Ni distinto. La prueba es que Sanz ha sido pan comido para el primero que ha llegado a convidar a la barra.



Las tórtolas
Para Cinta López

El Mundo de Andalucía
19/07/00

Vengo oyéndolas desde hace unos años, verano tras verano, asestando su zureo monótono con esa insistencia que es casi una metáfora de la eternidad, platonizando las mañanas y los atardeceres de la playa como una orquesta hambrienta y celosa. Me cuentan que son tórtolas vietnamitas -nada que ver con las líricas de nuestros pinares-que algún espontáneo introdujo en el paraíso veraniego en la última patera del verano, ésa en la que viajan sin destino los juguetes de la prole rica, que tampoco es cosa de llevarse puestos al territorio exigente de la ciudad habitual. ¡Las tórtolas! Lo que no había previsto el repoblador era que, como es norma de todos los parias de la tierra, la nueva especie crece a ritmos muy superiores al de las indígenas, de modo y manera que no queda ya torreta ni mechinal vacante en el edén del estío para los viejos pobladores que tal vez, en su día, desplazaron también a otros parientes menos fecundos o menos fuertes que ellos. Miro al mar a la hora del crepúsculo y adivino, allá hacia el sureste, un horizonte de desdicha a punto de poblarse de tórtolas humanas en busca de un lugar bajo el sol, vigilados de lejos por los cien ojos sin párpado de nuestra insolidaridad. Aún resuena alguna tórtola en esta hora incierta que desafía nuestras conciencias.

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La fábula de las tórtolas de Punta Umbría parece una crónica de la “banlieu” parisina, un panfleto pardo de los rapados neonazis que queman turcos vivos en Alemania, quizá el evangelio negro de nuestros propios racistas, que los hay a manojitos porque se reproducen, según todos los indicios, con mayor eficacia que la gente de bien, rara especie en trance de extinción o replegada ya en el exilio interior, que mira asustada hacia el Sur como si el Sur no estuviera de toda la vida en nuestra mala entraña. Un truco del Gobierno -“olvidarse” del trámite preceptivo de consulta de la nueva ley del ramo-aplazará hasta septiembre la reforma salvaje de esa norma casi nonnata. Pero cuando septiembre llegue se hará lo que haya que hacer para que la veda se levante y los depredadores de todas las especies puedan saciar su furia con las tórtolas prolíficas que amenazan imaginariamente su huerto cerrado. Tórtolas y hombres, pobres de la tierra: todo es uno y lo mismo en esta tragedia darwiniana que no podrán detener con sus escopetas los duros de corazón, mientras las tórtolas zurean incansables en el precario del paraíso soñado.



Galería de heroes


El Mundo de Andalucía
18/07/00

Pocos momentos históricos han permitido ver como el nuestro el espectáculo demoledor de la crisis de su panteón de héroes. Tiene corta vida el carismático, en esta agitada sociedad medial que todo se lo acaba tragando sin contemplaciones. La última ha sido el descubrimiento -bueno, un descubrimiento para los recalcitrantes, porque para los lógicos no ha sido ninguna sorpresa-de que Mitterrand era el gran capo de los negocios sucios durante su mandato: él lo sabía todo, él decidía las grandes mangancias, él señalaba los beneficiados. “Flick y flock”, ya saben. Claro está que desde entonces para acá un buen número de estatuas se han venido abajo e incluso andan en la cárcel o en libertad provisional ministros, secretarios de Estado, financieros de moda, cortesanos del círculo íntimo y hasta generales de la Guardia Civil. Pero eso lo que indica -aparte de que sugiera alguna seria reflexión sobre la vida en la sociedad cuasitransparente que es ésta de la convivencia radiotelevisada-- es que la condición de héroe ha dejado de garantizar famas vitalicias y el carisma se ha vuelto una virtud/efecto fácilmente revisable. ¡Quién nos iba a decir que descubriríamos el Mitterand un ladronazo consumado! Pues ahí lo tienen ya. Los canónigos que quedan en ese coro deben de andar agarrados con las uñas a las “misericordias” de los escaños.

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Es una vergüenza la suerte de nuestros políticos si miramos a la legión que ha dado con sus huesos en la cárcel por robar, pero aún es mayor si dirigimos la mirada hacia los que se han escapado al vuelo de la quema. Alguien tan serio como Papandreu en la trena acabó por mangante. Un primer ministro de Japón, un presidente de la Asamblea francesa, un príncipe Benelux, media clase política italiana, un presidente Indonesio, un par de barandas africanos y tantos otros han acabado en la picota de la a otros ha librado la suerte benigna o la muerte inexorable. Lo que es inobjetable es que la podredumbre no es privativa de derechas ni izquierdas, de caudillos venerados ni déspotas temibles: la violencia es un simple prerrequisito del desarrollo financiero tal como lo estamos viviendo en esta hora confusa del reloj global. Sin “mordidas” ni “coimazos”, la máquina se para. En México como en España, en Ruanda como en Filipinas. El corsé moral ha dado de sí lo bastante para que encaje en él la joroba corrupta. Esa es la auténtica aporía ante la que todos fingimos perplejidad con tal de no implicarnos explícitamente en la lógica de los depredadores.



El imán pegón


El Mundo de Andalucía
17/07/00

El imán de Fuengirola ha escrito un libro que trae rebeladas a las mujeres de los colectivos musulmanes, porque en él explica, el prenda, cómo zumbarle a las hembras sin dejar huellas visibles, en evitación de que la ley humana, a veces complemento imprescindible de la divina, tome cartas en el asunto y castigue a los sayones. ¡Qué pena que los cristianos viejos andemos viviendo una temporada tan mala tocante a malos tratos de la mujer, porque si no, ese membrillo del turbante nos iba a poner a huevo, como tema de verano, el siempre curioso debatillo sobre la misoginia del Islam! Es verdad que conviene no sacar los temas de contexto y, en consecuencia, no leer aquel capítulo 33 del Corán más que desde dentro de una atmósfera histórica en la que escuchar a Dios en persona revelarle al Profeta los detalles de la ominosa sumisión femenina debía tener algún sentido para nosotros incomprensible. Que Dios autorizara a Mahoma a tener las esposas que gustare ha de sobreentenderse desde el hecho, también revelado, de que su voluntad era ley. Uno puede asombrarse hoy de que tanta humanidad venere una revelación que dice cosas tan inhumanas y aceptar el hecho con la humildad que nos aconseja el antropólogo. Lo que no tenemos por qué es permitirle a un membrillo que publique un manual de torturas en nuestras barbas. Lo del imán de Fuengirola, por ejemplo, no es una cuestión para teólogos sino un negocio para el juez de guardia.

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Se ha dicho -lo sostuvo un ingenio preclaro del siglo que se va-que el próximo, el XXI, va a ser un siglo metafísico y religioso. Personalmente estoy convencido de ello, pero también de que mucho habrán de cambiar las revelaciones y aligerarse las teologías para que lo esencial de ese recurso humano que es la fe consiga sobrevivirse a sí mismo. De momento ahí está esa multitud islamita que mantiene hoy como sagrada una revelación que, lejos de adaptarse a la evolución, se abisma en su primitivismo y exalta el rigor de aquellas prosas arcaicas como si en él le fuera a la religión su entidad. Un imán predicando el maltrato a la mujer, con suras o por libre, es sencillamente un delincuente suelto que está reclamando a gritos que la autoridad -esa instancia tan religiosa-le meta mano sin pensárselo dos veces. Sin dejar huellas, claro, atizándole en manos y pies, como él recomienda a sus feligreses. O simplemente aplicándole el Código nuestro, que no es tan salvaje como los revelados pero igual de chorra, todo hay que decirlo, en más de una disposición.



El cargo hereditario


El Mundo de Andalucía
14/07/00

Lo mismo en la política que en el fútbol podemos comprobar esta temporada la tendencia a convertir en hereditarios los cargos que se observa en el Poder. ¿Quién sucederá a González en el PSOE?, encuesta por ahí medio mundo. Y la respuesta que encumbra a Rodríguez Zapatero (“González Zapatero”, suele traicionar el subconsciente) crece que se las pela. Lo mismo ocurre en Barcelona, donde la predicción a favor de Joan Gaspart, la careta del jefe Núñez, engorda cada minuto que pasa. La mejor fórmula para eternizarse en el Poder fuera de plazo consiste en aupar hasta el solio a un sosia  o a un mandado. Permitir un relevo en serio, aunque sea pactando su transitoriedad, es un riesgo demasiado fuerte porque una vez subido a la grupa ya no hay quien baje a ese jinete. Por eso cocieron a Borrell en el puchero de González, y por eso van a ajustarle ahora al partido la horma de Zapatero: los líderes quieren herederos fieles y débiles. Esa es la aporía de toda sucesión trucada.

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Tan necesaria es la limitación del mandato que hasta en regímenes ajenos a cualquier suerte de democracia se ha impuesto con frecuencia la saludable condición del relevo. Pero eso mismo demuestra que todo poderoso tiende a eternizar su mando. Cuando apenas despuntaba el canciller Robaina, se me ocurrió preguntarle a un cubano --ya un poco puestos de ron quinceño en una sobrecena de la Habana Vieja-- por los méritos del delfín. Y el cubanito me respondió en una salsa muy española: “Huy, chico, ¿es que tú crees que son méritos lo que ve el Jefe en Robertico? Pues no, mira, to el secreto de esa vaina es que el Jefe no tiene hijo…”. Más claro, el agua: todo poder tiende a ser no sólo vitalicio sino hereditario. Por eso cuando el Jefe (cualquiera, no sólo Fidel) es obligado a jubilarse busca un heredero. En la política, en el fútbol, da igual.: si Zapatero no gana ese pulso vicario será porque Bono haya ido y vuelto a Santa Gadea hasta convencer al Cid; si pierde Gaspart ante Bassat o Castells, sería o porque Núñez se hubiera fugado a las Caimán sin dejar papeles. Pero no se preocupen que no es probable que pierdan. Si perdieran, algo más que sus pequeñas derrotas se habría producido en la vida española y eso no es previsible. Con el agravante de que no es frecuente de que César apunte con el dedo hacia Augusto. Pero mejor lo dejo en este punto, porque advierto que, aún en este caso, quien viene detrás de Augusto son Tiberio y Calígula. Comprendan por qué el Poder está también contra la Historia.



El rastro de la muerte


El Mundo de Andalucía
13/07/00

Konrad Kalejs es un anciano de aspecto ni más ni menos venerables que todos los ancianos. Encuentro enteramente justificado que los mastines de la Justicia lo hayan perseguido hasta Melbourne donde acabó refugiado tras su largo peregrinaje por Dinamarca, Australia, EEUU, Canadá y de nuevo Australia, porque un asesino como el jefe del “comando de la muerte” que asoló Riga durante la guerra mundial no debe irse de rositas.  En Francia se celebró hace poco el juicio de Papon, el genocida que llegó a ministro camuflado entre los gaullistas, y nadie se opuso en serio a su castigo. También en Francia acaba de debatirse el famoso criterio de Nolte, a quien ya leíamos como “antiguo” antes del 68, pero que ahí sigue con la matraca de que los fascismos, incluido el terror nazi, deben ser entendidos como fruta del tiempo y, en consecuencia, con tolerante comprensión, sobre todo teniendo e cuenta que habrían sido la reacción lógica al terror rojo. Ya. La descendencia de Heidegger tiene la sombra alargada, pero hoy desde Furet a J.F. Ravel, no hay quien se trague esa bola. Hannah Arendt explicó de sobra los motivos, y antes que ella, Faye (a quien introdujo en España el duque de Alba), y aún antes Th, Adorno y su grupo, y doscientos más. El recurso del mal es replantear indefinidamente el debate. Su triunfo consiste en que se entre al trapo.

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Kalejs se hizo rico en USA pero antes había dirigido un campo de concentración. Eso es lo que no se puede olvidar, ni medio siglo después ni nunca. ¿Por qué habría que olvidarlo? Siempre hay (Nolte es su faro) que también habría que perseguir a los stalinistas. ¡Pues claro! Pero sin admitir que de la evidente relación causa/efecto entre Revolución Rusa y fascismos europeos de los años 20 deba deducirse ninguna clase de eximente. Arafat no es ni más ni menos terrorista que Shamir o Begin, bien, ¿y qué? Un orden internacional, cuando lo haya, tendrá que igualar a todos ante la ley. Por eso evidentemente no lo hay, porque de condenar a Rusia por lo de Afganistán o Chechenia habría que condenar a USA por lo de Vietnam o Granada o Irak. Ver perseguido al fin a un asesino como Kalejs reconforta y debe decirse en voz alta. Ojalá le den el juicio justo que él ni pensó en darle a sus víctimas, pobre viejito, a sus 87 años, después de tanto tiempo… No podremos pensar en ser magnánimos en tanto hayamos pagado la enorme deuda que mantenemos entre todos con la Justicia más elemental.



Una vieja historia


El Mundo de Andalucía
12/07/00

Es una historia vieja como el Poder mismo: los adversarios deben ser eliminados. Incluso físicamente, todavía, en algunos países. Un episodio como el de Petronio, o como el de Séneca, así fue entendido por varios historiadores. Mahoma permitió que se asesinara mientras dormía a la poetisa (Vernet dice que los poetas eran los periodistas del momento) Asma bint Marwant por no plegarse a su expectativa, y lo mismo hizo o permitió hacer con Abu Afak, un anciano centenario. Una vieja historia. Durante la dictadura el argumento de Fraga o Sánchez Bella era que los “buenos periodistas” nada tenían que temer de las graves sanciones que con que la ley tiranizaba a la libertad de expresión. Los “buenos periodistas”, es decir, los suyos, los de casa, los silenciosos o vociferantes pero siempre a compás del director de orquesta. Todo poder tiende a eso, no hay que darle vueltas. Lo cual no quita para que proclamemos, en el tono que sea preciso, que en una democracia, pedir “un pacto para acabar” con ellos constituya un atentado que debería tener su correctivo.

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A Chaves le ha traicionado el subconsciente, o tal vez, el propio consciente, quién sabe. Pero lo que propuesto ha sido “acabar con los periodistas fanáticos, intolerantes y malas personas”. ¿Ven como hablamos de una historia interminable? Lo que Chaves entienda por “acabar” sólo el puede saberlo, pero incluso a alguien tan confuso como él debe exigírsele que aclara una propuesta que, viniendo del Poder, no puede dejar de ser una amenaza. Cierto, no creo que Chaves esté pensando en montar un gulag, eso nos sería hoy posible. Pero me quedan pocas dudas de que lo que expresa ese desgraciado deseo no es sino reforzar el duro aparato silenciador (restricción de publicidad, apoyo a la competencia que le es fiel o incluso propia, boicot a los profesionales, desplantes a los informadores, y demás) para intentar estrangular los focos independientes que quedan en su feudo. No obstante, insisto, en una democracia funcionando en plenitud, un presidente que amenazara en términos semejantes a los periodistas, sería sin duda cuestionado y hasta, probablemente, obligado a excusarse. No es el caso, claro, porque esta democracia nuestra va hoy renqueante y no gasta demasiados remilgos a la hora tragarse los abusos del poder. Pero lo que Chaves ha hecho tira por los suelos definitivamente su imagen, tan costosamente elaborada, de hombre prudente y equilibrado. Proponer la eliminación de la opinión adversaria no es una falta venial. Es un pecado goebbelsiano, aunque, ciertamente, perteneciente a una historia mucho más vieja.



El despacho


El Mundo de Andalucía
11/07/00

De toda la vida la lucha por el despacho ha sido un argumento administrativo. Los empleados públicos saben que el despacho confiere realidad profesional o lo que viene a ser lo mismo, que sin despacho uno no existe. ¡Cuánta pólvora gastada en la guerra de los despachos desde don Andrés Oliván hasta hoy pasando por López Rodó! Yo recuerdo mi paso por la Administración central y autonómica (puesto técnico, oposición libre, ojo, buen número) como una interminable trifulca por el despacho y recuerdo que, cada vez que la cosa se ponía me fea me daban uno de lujo. ¡Coño, como que una vez me dieron –sin un papel, mesa vacía-- el que estaba sin estrenar en el Ministerio aguardando el regreso pródigo de un Abril Martorell que nunca volvió! Sí, los funcionarios que me lean saben que es así. Lo que es nuevo en esta lid es la pelea de los políticos, hasta ahora reservada a la legión de forzados de la gleba oficinesca, como ya puso de manifiesto el desembarco del consejero Perales en Gobernación y el desconsiderado e inmediato desalojo de Carmen Hermosín. En fin, en Madrid, en el Congreso acaba de fallarse el pleito planteado por el grupo del PSOE reclamando un despacho “comme il faut” para el “ex” González que se había negado, faltaría plus, a servirse de uno corriente y moliente como el del común de los diputados. Todavía hay clases. ¡Vamos que si las hay!

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Un político que se precie no se conforma ya con un despacho porque la infraestructura (¡hay que ver para lo que ha quedado la terminología marxista!) es la medida de la talla pública. González mismo tiene uno en Gobelas, otro en Ferraz, ahora otro privilegiado en el Congreso y sabe Dios cuantos más en España y parte del extranjero, como Chaves tiene uno en San Telmo, otro en San Vicente y otro en Ferraz mismamente, que se sepa. La cosa se ha puesto de manera que un político con un solo despacho es un cadáver ambulante, un desahuciado aguardando el gorigori. Y todo ello mientras la congestión de la función pública se sortea mejor o peor a base de las socorridas mamparas, échate tú p’allá que no quepo, a los docentes se les regatea un cuchitril donde evacuar consultas con sus rebeldes sin causa, y a los enfermos de urgencias se les “ubica” (es el eufemismo oficial) en un pasillo. El despacho es la medida del hombre. Con el pestillo corrido, nuestros próceres veranean en él, los pies sobre la mesa y la radio encendida a una discreta media voz.



El retiro del déspota


El Mundo de Andalucía
10/07/00

Napoleón dedicó su breve estancia en Elba, su primer exilio, a reorganizar el territorio de la isla. Saneó terrenos, plantó árboles (aún se ven hoy día), amagó con levantar algún muelle e hizo mejorar caminos y moradas: era la pasión de mandar, el oficio del déspota, que no le permitía dormirse en las pajas más que en los laureles. Luego se le quedaría chico el alfoz, como es bien sabido, pero siempre pensé que estuvo bien la providencia de permitirle que ejerciera de alcalde monterilla a quien había pretendido reordenar el mundo no sin cierto éxito. Son muy comprensivos con los tiranos quienes los destronan con el miedo de ser destronados a su vez cualquier día. Por eso hay tantos entre aquellos que se van de rositas de este perro mundo tras haber lastimado tanto al personal, y por eso hay siempre un socio dispuesto a propiciar una “salida airosa” para el implacable. Escuchen las voces que se alzan hoy en torno a Pinochet, las que se alzaron a favor de Videla, de Stroessner, de Mobutu y de tantos otros antes de llegar a Milosevic, a favor de quien se esfuerzan esta temporada nuestros mejores cerebros en busca de un final si no feliz, siquiera cómodo. Todo el mundo sabe que Putin debe su fortuna a un pacto con los Yeltsin que incluye –hoy por ti mañana por mí—cerrar los ojos y hacer cómo que se ignora el enorme botín salvado por la familia en las cajas fuertes suizas. Y ese es el modelo de arreglo que se quiere proveer también para librar a Yugoeslavia de Milosevic: una amnistía, un balneario y una fortuna a cambio de su marcha. A Napoleón, el pobre, no le dejaron llevarse más que cuatro chismes.

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Es una extraordinaria vergüenza la resistencia de algunos países, incluido el nuestro, a ratificar la existencia de un Tribunal Penal Internacional. Pero lo que raya en el complot es la disposición, falazmente “política”, a buscar esas soluciones benignas a los grandes criminales de nuestro tiempo. Los aliados hubieron de echar a suerte, como quien dice, su frenético avance sobre Berlín, locos por ver quién conseguía ahorcar a Hitler del palo más alto. Muy lejos de ese justicierismo a lo Patton, no hay hoy en Europa quien no se escandalice por la connivencia con genocidas como Milosevic. ¿Se le ocurriría a alguno de ellos aceptar una “salida airosa” para Castro, pongamos por caso? Ya me veo a Milosevic en su quinta, escribiendo con sangre las memorias del déspota. Debería añadir una nota de agradecimiento a los “demócratas” que han perdido el sueño buscando una solución honorable para un canalla como él.



Cocer habas


El Mundo de Andalucía
09/07/00

No es que se me escapen las razones clamorosas que andan esgrimiendo los entusiastas de la caída del PRI mexicano, la famosa “dictadura perfecta”, pero no acabo de entender qué clase de espíritu justiciero moviliza tantas energías contra la corrupción mexicana como si fuera un fenómeno insólito y no un ejemplo más, cierto que señero, de cuanto ocurre en este patio de Monipodio universal desde nuestra propia España a Indonesia, desde Venezuela o Argentina hasta Ruanda, Japón o USA. El presidente de la Asamblea francesa --¡vaya símbolo!--, Mr. Dumas, trincaba comisiones por la venta de fragatas a un país subdesarrollado y hasta exigía un porcentaje para su novia –“la putain de la République”: el título es de ella misma—que hacía en esa tragicomedia de celestina además de suripanta. El gordo Kohl, el mentor de González, anda estos días en el banquillo respondiendo por sus mangazos, al tiempo que Putin visita España en secreto, dicen que para controlar de cerca sus ahorros y los de del Yeltsin que lo crió. ¡Y qué decir de Suharto o del difunto Mobutu Sese Seko,! En Marruecos anda un profeta predicando un mensaje: la fortuna que Hasan dejó en el extranjero debe ser devuelta al pueblo. En USA nadie le ha dicho al hijo de Bush (no el asesino de Texas, al otro) que devuelva lo trincado en las Cajas de Ahorro, uno de los mayores golpes financieros del país. Pero a qué seguir. Nuestros próceres democráticos andan devanándose los sesos para garantizar a uno de los grandes genocidas del siglo, a Milosevic, una quinta segura y una caja fuerte. No son más canallas porque no se entrenan.

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En México el problema, a mi modo de ver, no era la “mordida”, la sacaliña del poli o el aduanero, sino el “coimazo”, la exacción programada, el trinque de los grandes, la que, en una palabra, ha mantenido al partido y ha enriquecido durante generaciones a sus manijeros. Cuando en tiempos de Salinas uno se quiso salir de la “cosa”, la respuesta “institucional” fue típicamente mafiosa: lo mataron, y parece que quien disparó lo hizo junto al propio Presidente. Normal. Allá son excepciones los políticos honrados. Pero ¿por qué insistir en ello si en todas partes cuecen habas? Yo lo que creo es que el sistema capitalista, en su fase financiera, no tienen más cojones que dar en el “coimazo”, es decir, en institucionalizar la corrupción: en Guanajuato como en París, en Palermo como en Punta Umbría, en Zamora como en Brazaville. La poítica y la mafia comen en el mismo plato. Lo que no es justo es señalar solamente hacia México.



El Mito de la Caverna


El Mundo de Andalucía
07/07/00

Lo conté la primera vez que fui a Sao Paulo, nada más llegar al hotel: el largo trayecto del aeropuerto a la macrópolis –una autopista cortarziana en la que se hablaba con los vecinos de infortunio y se intercambiaban entre los atascados pitillos y cortesías—estaba vigilado por una dotación de policías convencionales encaramados en tarimillas que, de vez en cuando, sin embargo, no eran sino maniquíes disuasorios fabricados, según me dijeron, en polivinilo. Yo escribí entonces, por elevación, no sé qué ocurrencias sobre la actualidad del Platón y su idealismo radical, considerando que lo que, al menos en Brasil, confería “realidad” a un policía no era su condición auténtica sino la Idea prístina que el eventual transguesor extraía de su imagen. Pero he leído un espléndido artículo de Eduardo Galeano en el que, si yo no entendí mal, se nos informa de que ya esos maniquíes han sido dotados de cámaras en lugar de ojos lo que les permite actuar –entiéndase a la “carioca”: disparar—sobre quienes osen trampear en la autopista despreciando el cebo policiaco del poli virtual. No sé, tendré que informarme con detalle, pero ya les advierto de entrada que en Brasil –aún conservo la admiración por la manera admirable cómo me desvalijaron un bolsillo en pleno centro de Sao Paulo--  todo es posible y nada improbable. Un país regido por un sociólogo, el presidente Cardoso, comprenderán que es un peligro.

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Un país regido por un sociólogo podría venir a ser la realización del ideal platónico de la polis regida por el fislósofo, en fin de cuentas, y tenido en consideración el anacronismo, el experto coétaneo en cuestiones sociales. ¿O no eran Sócrates o Caliclés sociólogos de la política y hasta de la religión, y Critón o el propio escolarca sociólogos del conocimiento? Bueno, pues puede que sí, pero no conviene echar en el olvido la experiencia nefastísima a que ha dado lugar en la Historia  la actuación de los cerebrazos en el poder. Platón mismo fue preceptor en Siracusa de un dudosísimo tirano, como algún funcionalista yanqui lo sería en su momento del presidente Cardoso, tan rojete en los 60, y ahora terror de los “sem terra”. En el Brasil desencantado tras la visita de Wojtila, la delincuencia ha crecido y la insurrección campesina vuelve a las andadas, tiros van tiros vienen, mientras los genocidas diezman la indiada del Amazonas. Pero esto de los polis virtuales, maniquíes engatillados por ordenador, es nuevo. No toda sociología es inofensiva. En manos de un Cardoso, quizá ninguna



Polis virtuales


El Mundo de Andalucía
06/07/00

Lo conté la primera vez que fui a Sao Paulo, nada más llegar al hotel: el largo trayecto del aeropuerto a la macrópolis –una autopista cortarziana en la que se hablaba con los vecinos de infortunio y se intercambiaban entre los atascados pitillos y cortesías—estaba vigilado por una dotación de policías convencionales encaramados en tarimillas que, de vez en cuando, sin embargo, no eran sino maniquíes disuasorios fabricados, según me dijeron, en polivinilo. Yo escribí entonces, por elevación, no sé qué ocurrencias sobre la actualidad del Platón y su idealismo radical, considerando que lo que, al menos en Brasil, confería “realidad” a un policía no era su condición auténtica sino la Idea prístina que el eventual transguesor extraía de su imagen. Pero he leído un espléndido artículo de Eduardo Galeano en el que, si yo no entendí mal, se nos informa de que ya esos maniquíes han sido dotados de cámaras en lugar de ojos lo que les permite actuar –entiéndase a la “carioca”: disparar—sobre quienes osen trampear en la autopista despreciando el cebo policiaco del poli virtual. No sé, tendré que informarme con detalle, pero ya les advierto de entrada que en Brasil –aún conservo la admiración por la manera admirable cómo me desvalijaron un bolsillo en pleno centro de Sao Paulo--  todo es posible y nada improbable. Un país regido por un sociólogo, el presidente Cardoso, comprenderán que es un peligro.

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Un país regido por un sociólogo podría venir a ser la realización del ideal platónico de la polis regida por el fislósofo, en fin de cuentas, y tenido en consideración el anacronismo, el experto coétaneo en cuestiones sociales. ¿O no eran Sócrates o Caliclés sociólogos de la política y hasta de la religión, y Critón o el propio escolarca sociólogos del conocimiento? Bueno, pues puede que sí, pero no conviene echar en el olvido la experiencia nefastísima a que ha dado lugar en la Historia  la actuación de los cerebrazos en el poder. Platón mismo fue preceptor en Siracusa de un dudosísimo tirano, como algún funcionalista yanqui lo sería en su momento del presidente Cardoso, tan rojete en los 60, y ahora terror de los “sem terra”. En el Brasil desencantado tras la visita de Wojtila, la delincuencia ha crecido y la insurrección campesina vuelve a las andadas, tiros van tiros vienen, mientras los genocidas diezman la indiada del Amazonas. Pero esto de los polis virtuales, maniquíes engatillados por ordenador, es nuevo. No toda sociología es inofensiva. En manos de un Cardoso, quizá ninguna



El neobarroco


El Mundo de Andalucía
05/07/00

Hay historiadores que sostienen la teoría de que la historia española avanza en dientes de sierra: Medievo, Renacimiento, Barroco, Ilustración, Romanticismo, Modernidad. Cada etapa, según esa propuesta, sería de signo contrario a la anterior, de modo que a las tinieblas seguiría la luz, a ésta de nuevo la penumbra y así sucesivamente. Un enciende y apaga, un ir y volver sin tregua, por el que ascendemos a través de los siglos como por una retorcida rampa. ¿Por qué? Pues por el conocido argumento del péndulo y todo eso, o sea, porque al parecer necesitamos invertir el transparente de vez en cuando para recobrar fuerzas. El Barroco, por ejemplo, que es quizá la era de la que más gente habla con menos conocimiento, fue antes que nada (Maravall, Orozco, hasta Octavio Paz) una etapa medrosa empeñada en detener el vértigo desencadenado por la Razón “moderna”, una “contra” (lo de “Contrarreforma” no es casual) beligerante con la marcha de la vida: el miedo a la Libertad, en una palabra. Ese es el centro geométrico en que coinciden Gracián y el mismísimo Cervantes, Saavedra y los pícaros, Quevedo y Gracián. Pronto nuestros bachilleres habrán borrado definitivamente esta historia. Mientras sí y mientras no, consideremos cuántas posibilidades hay de que esta era que hoy vivimos --con sus rejas obsesivas, sus pavores milenaristas y su retorno al conservatismo—sea  otro Barroco, sólo que esta vez nada romántico.

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El mecanismo de estos cierres y enroques es el miedo. La inseguridad que invade a la opinión pública en una época temerosa como la barroca o como ésta que nos ha tocado en suerte y en desgracia. El ciudadano se asusta cuando le cuentan lo que pasó en la Madrugá o, salvadas las distancias, cuando lo abruman escenas como la de un joven degollando a su familia o dos adolescentes apuñalando a una compañera, historias siniestras como la de esas otras dos rapazas matando a una monja romana en un suburbio. Y reacciona cerrándose, enrocándose, echando por dentro la tranca del psiquismo y por fuera el candado del autoritarismo político. Cuando la libertad fracasa la releva la disciplina, fijo. Hoy mismo, o yo me equivoco mucho, o está ocurriendo algo de eso: una vuelta al Barroco, una dimisión del albedrío confiado a una mano fuerte. No saben los que juegan peligrosamente por las orillas del sistema la que se les puede venir encima. Pero no advertir ese riesgo también es Barroco puro. Neobarroco. ¡Hay que ver lo antigua que es la postmodernidad!



La otra revolución


El Mundo de Andalucía
04/07/00

Los "corridos" fueron un arma decisiva en la revolución mexicana. También su mejor crítico. Lo que John Reed sabía, puede comprobarlo hoy cualquiera en multitud de grabaciones viejas: "Si me vuelven a llamar/ para otra revolución,/ les digo "¡Estoy ocupado,/ sembrando para le patrón!". O lo que supo supo ver Elia Kazan en la crónica zapatista de John Steinbeck: "Gritó, gritó Pancho Villa/ "¡Quiero Tierra y Libertad!"/, y el Gobierno se reía/ cuando lo iban a enterrar!". Está repleto ese cancionero popular de ingenuidad insurgente y esperanzas imposibles. No en vano la traición habita desde el comienzo en el vasto movimiento que marca políticamente el inicio del siglo. La demagogia "cristera" nunca pudo ocultar ese cáncer que estrujaba a un acontecimiento singularísimo entre la utopía y el "caballazo". Lo que vino después, ya lo sabe todo el mundo: un PRI, Partido Revolucionario Institucional es –hoy lo sabemos ya de sobra-- una contradicción en los términos. E inevitablemente, al parecer, un marco idóneo para la corrupción, ésta sí, institucionalizada. El símbolo de estos 70 años largos no ha sido la "reforma" famosa; ha sido la "mordida". Nada que pueda sorprendernos a los españoles actuales. ¡Qué le van a contar a Noé del Diluvio!

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Las revoluciones nunca ganan: o fracasan o acaban postulando otra, "la Otra", "la Pendiente", no sé si recuerdan. "¡Franco, haz la Revolución!", le gritaba un comparsista al tirano, allá por los últimos 50, en los Reales Alcázares, para que Franco respondiera: "¡Ya la estamos haciendo, hace veinte años que la estamos haciendo…!". (Aplausos y risas cómplices). Como en México. Era hora de que echaran al PRI. Pero ojo con lo que llega. Ese FOX del PAN usa botas, se proclama castrista y proempresarial, se dice cristero e iguala la Iglesia con el PRI , llama "mañoso" y "mamila" (dos conceptos sexuales muy feos) a su rival político y cuando desafía políticamente a un adversario lo grita en puritito macho, como un granuja callejero: "Ándele, que le entre…!" (sic). Háganse cargo. Salir de tres cuartos de siglo de lo que sea es siempre saludable. Entrar en algo peor nunca es bueno. Cuando perdió en Guanajuato, en el 91, gritó Fox a sus compadritos: "Con el grito cristero que usé en mi postulación, si avanzo, ¡síganme!, si retrocedo, ¡mátenme!". El estilo es el hombre decía Buffon. Por eso trazo este retrato del triunfador que ha logrado echar al PRI del poder.



El saqueo político


El Mundo de Andalucía
03/07/00

Hace poco he comentado aquí –uno le desea lo mejor a los amigos políticos, pero sin pasarse—que los señores y señoras diputadas andaban en subirse el sueldo. El presidente Gallardón ya se lo ha subido, como subido se lo han la tira de monterillas de ciudades, pueblos y hasta pedanías patrias. Guerra sostenía el teórico, al comienzo de la cosa, de que convenía a la "clase política" desacomplejarse en cuestión de soldadas, no fuera cosa que por cobrar modestamente pudiera ser valorada de menos por los cobrones (cobrones, ojo) de la Derecha. De la estética de la austeridad y la doble pana se pasó, como en un susto, a la utilidad del pragmatismo, ideología cómoda y sobre todo pingüe que pronto permitió a mucho tieso de izquierda fardar de piso en urbanización de lujo madrileña, apartamento para la compañera sentimental y chalet en playa sureña, ejem. Y desde entonces no han cejado sus Señorías en procurar mejoras. Que si un alcalde se dobla el sueldo, que si otro se lo triplica, que si el de Almería propugna el libre turismo oficial de los ediles, que si… Pero no tiene mayor sentido acumular ejemplos de gente tan poco ejemplar. Seamos disciplinados y a pagar que son dos días.

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Este diario reproduce ahora la portada que una revista entusiasta y juvenil de Valverde del Camino, "Facanías", dedicó en su día a denunciar lo que ocurre en esa noble villa preandevalina. Los datos: un concejal (curriculum que cabe en un cuarto de cuartilla) trinca igual soldada que los alcaldes de Las Palmas, Toledo o Pamplona, a pesar de que estas ciudades tienen presupuestos 23, 18 y 6 veces superiores, y gestionan la vida de poblaciones 24, 14 y 5 veces mayores. Da lo mismo. El alcalde no cobra, en cambio, pero no por altruismo sino porque prefiere el sueldo de la Diputación con que el aparato de su partido premió su escandaloso cambio de chaqueta en una reciente escaramuza, y en la que ha elevado exponencialmente el gasto de personal para "arrecoger", con sueldos fastuosos, a los descolgados leales al mando. Bien, no sigo, ¿para qué? Los políticos son una piña a la hora de defender sus privilegios gremiales y no habrá entre ellos ningún intento serio de moralizar la vida pública impidiendo, por ejemplo, que ese presidente/alcalde se monte un viaje de placer a Bruselas con 25 adláteres en el que ha gastado justo la mitad del presupuesto destinado a lo que parece ser que se inauguraba. ¡Y, encima, me dicen que la criatura proclama que le pierde dinero a la política! Bueno, considerando la que se está cociendo a su alrededor no seré yo quien aventure que le falta razón del todo.



La letra chica


El Mundo de Andalucía
01/07/00

Me he puesto contentísimo al enterarme de que el Gobierno pretende acabar, bueno, reñirle o algo así, a las compañías aéreas por el desvergonzado trapicheo de la letra chica. Sí, hombre, ésa que viene por detrás del billete, huy, perdón "pasaje" que es más fino, dónde va a parar, y en la que (no) se puede leer frunciendo las pupilas que, chispa arriba o abajo, la "Compañía", con mayúscula, puede hacer exactamente lo que le de la gana. ¿Hay poco "pasaje"? Nada, fuera vuelo: nunca han de faltar "causas técnicas". ¿Queda poco pasajero para la última escala? Pues nada, vuelo suspendido hasta nuevo aviso. Es fantástico ya les digo, que el Gobierno haya embrazado la adarga y se haya plantado con la hoz delante de Goliat. Lo que no sé es si va dispuesto a descalabrarlo o, al final de la partida, la cosa no pasará de un chichoncillo y cuatro pedradas al aire. Lo que sea se verá.

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Pero como ni las desgracias ni las dichas vienen solas, enseguida he tropezado con algo que a mí me parece una disfunción y es el hecho de que la cruzada de la adarga y la hoz haya de ser, en esta ocasión, Celia Villalobos, ¡la ministra de Sanidad!, en lugar del ministro de Transporte o del que manda en el Aire, que alguno mandará, digo yo. Gran país, el nuestro, qué duda cabe, en el que las garantías del transporte dependen de Sanidad, las corridas de toros (como denuncia en solitario hace años Antonio Burgos) son presididas por un policía mientras que la policía es dirigida por un señor que no había visto una porra más que en el cine, sin excluir la posibilidad de que la dirija un banderillero, como ya ha ocurrió alguna vez, palabra. Entre nosotros hay larga distancia entre letra grande y letra chica. Por eso puede mandar la OTAN quien fue activista contra la OTAN o cargarse las garantías de los trabajadores un partido que se hace llamar obrero. El "modelo español" mismo es un milagro de la microlectura puesto que consistió en encomendar la guarda y custodia de la democracia al "sucesor del jefe del Estado" policiaco y al secretario general del "partido único". Aquí los derechos del privilegio se escriben en capitulares mientras los que rijen la vida del común se garrapatean al dorso y en la letra más diminuta. Claro que desde ahora sabemos que no estaremos solos ante el mostrador sino respaldados por el brazo de la amazona. ¡Enorme consuelo, novísima esperanza! Sólo confío en que si hay huelga el día de mis vacaciones no resulte que mi defensa corresponda, pongo por caso, al chelo suplente de la Sinfónica.