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Ciencia y vida


El Mundo de Andalucía
31/01/01


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Secuencia real. Oigo declarar de madrugada a un veterinario de la Administración que lo discreto, en estas circunstancias, sería dejar de comer carne por lo menos durante seis meses. De buena mañana, en “Protagonistas”, el ubicuo doctor Badiola, me insiste, por el contrario, en que aquí apenas ocurre nada y que sólo cabe hablar de posibilidad de riesgos. Poco después es otro hombre de bata blanca el que se persona en la tertulia para asegurar que, digan lo que gusten los expertos, la ingesta juvenil de alcohol no implica riesgo de cirrosis. Ya ven, que sí que sí, que no que no: la Parrala. Precisamente esta semana escribe Claude Allegre que la crisis del intelectual como orientador del criterio (modelo “ilustrado” de organización social) se debe a que la complejidad alcanzada por la vida y el avance de los saberes le impide opinar seriamente, como hizo toda la vida, sobre lo divino y lo humano. ¿Quién se mete a porfiar con un sabio sobre vacas locas, pongamos por caso, considerando que, para empezar, habría que saber a qué atenerse en materia de proteinas y, en concreto, en el caso de una proteína extensa que muta sin que se sepa muy bien por qué ni cómo? Es cierto, hablar del uranio empobrecido, de los priones locos o del agujero en el ozono exige conocimientos imposibles para el más renacentista de nuestros intelectuales. Pero me temo que esa complejidad condiciona también al hombre de ciencia. Me lo temo hasta el extremo de que haré caso del veterinario durante todo el semestre.

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Se agranda el abismo entre Ciencia y Sociedad, entre el saber y la vida. Y con ello se cuestiona el criterio culto sin ofrecer alternativa alguna. Está bien, por supuesto, detener la audacia de esos tertulianos a los que Arzálluz encañona dialécticamente, pero eso no mejora las cosas si el hueco lo ocupa el espontáneo. Es la idea dieciochesca, “ilustrada”, de sociedad y de saber lo que está en crisis, eso no se discute. Pero hay que decir que los científicos tienen tanto derecho a exigir el fuero, como responsabilidad por blindarse conceptualmente y cerrarse en grupos. ¿Qué no puede ser de otro modo? Pues, miren, a lo mejor estas desgracias presentes (vacas locas, uranio/plutonio y demás) constituyen una ocasión perdida para que siquiera intentaran subir al puente y hacerse con el timón opinativo. Y no es necesario para ello el saber concluyente. Con que dijeran lo que saben a medida que van sabiéndolo ya llavaríamos ganado una barbaridad.

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Mafia boy


El Mundo de Andalucía
30/01/01


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Ya tenemos otra película en puertas: la historia de Mafia Boy -un adolescente puede provocar daños de miles de millones de dólares pero el humanistarismo convencional impide incluso facilitar su nombre--, el canadiense que a sus dieciseis añitos consiguió demostrar lo vulnerables que son los sistema de seguridad de los principales operadores del planeta ---CNN, ebay, Yahoo, Amazón incluidos-y la radical indefensión en que se halla nuestra intimidad cibernética. Hace unos días, primero un fallo humano y luego la piratería de los hackers, dejó fuera de servicio a los sesenta millones de usuarios colgados del servidor de Bill Gates, el famoso Microsoft. Poco antes se supo que más o menos siete de cada diez ordenadores podrían estar hoy contaminados por virus diversos a los que cada día resulta más difícil enfrentarse. La realidad virtual está resultando más precaria y accesible que la otra, Alicia peligra más dentro del laberinto del espejo que fuera de él. Todo haz tiene su envés: la ciencia y la tecnología -bein lo sabemos-nunca han sido una excepción a esa regla.

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Lo que sí es llamativo es que, una vez más, la personalidad del filibustero, Mafia Boy, se define, curiosamente, por su fracaso escolar. Bueno digo curiosamente y no sé por qué, porque si Juan Ramón o Lorca no se lucieron en sus estudios, hace poco comprobé que ni siquiera los genios la gran revolución física del siglo XX bailaron al compás que le marcaban sus programas, creo recordar que incluyendo Eisntein. ¿Por qué nuestro sistema socializador, concretamente nuestro montaje docente no es capaz de embarcar al aprendiz genial aunque sirva tantas veces para encumbrar al mediocre? Yo lo ignoro, pero sospecho que lo que está ocurriendo con la informática tiene que ver más con una mutación histórica del saber que permite separar, en la práctica, la ciencia de la tecnología. La crónica áurea de la piratería informática está llena de nombres de intuitivos geniales que suspendieron “mates” o fracasaron en el “área de sociales” antes de intuir de un fogonazo la suprema complejidad del cerebro artificial. Quizá tengamos que revisar nuestros métodos, como ya sustituimos hace años la aritmética por la calculadora. Yo tengo un “thesaurus” que compila toda la literatura griega y latina en un par de disketes. Ya me dirán qué sentido tiene embutir en la memoria esa inmensa información teniéndola ahí, dispuesta, a golpe de teclazo.

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La Res Pública


El Mundo de Andalucía
29/01/01


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El sindicato UGT ha montado un Ateneo Republicano en Sevilla y ha cedido el ambón a Julio Anguita para que lo inaugure. Sugestivo programa. Lo difícil que es hoy en España ser republicano lo sabemos los republicanos, igual que lo difícil para los de izquierda es saber dónde anda actualmente la Izquierda. Oyendo a Anguita en casa de la UGT, sin embargo, todas esas dudas se disipan y hasta pareciera que España mañana por la mañana será republicana además de izquierdista, cosa de la que no pocos republicanos de izquierda (porque los hay de derechas, a manojitos) no estamos nada seguro. Por no estarlo, no lo estamos ya ni de que haya en estos momentos una opción real a la izquierda de la Nada. Y ya puestos, la verdad es que, como demuestra la realidad de la afiliación y corrobora el boca a boca, tampoco es que andemos sobrados de imagen sindical. Yo no sé si será cierto, como Anguita sostiene, que aquí navegamos sobre la estela de un pacto cobardón por el que, tras el golpe de Estado, se entregó el ideal republicano a los leones. Lo que sé es que, lamentándolo muy respetuosamente, hoy no es nada fácil llenar un salón con repúblicos entusiastas. Que se lo pregunten a los compañeros que en el Ateneo de Madrid se juntan cada año para verse las caras conocidas. Pero no hace falta: conque pongan la oreja, tendrán bastante.

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A mí me enseñaron en la Izquierda que lo decisivo en ocasiones no es el pleito viejo de la forma del Estado sino el contenido de ese pulso vital. Que existiera una Izquierda solvente, por ejemplo, me parece más preciso que meternos ahora a cambias blasones. Y eso no habrá que explicárselo a Anguita, que supo entrever una Izquierda actualizada -a la que yo votaba, por cierto-para contemplar luego como se venía abajo con estrépito. ¿De verdad puede sostener hoy alguien que los problemas de España se resumen en el problema formal del Estado? ¿No es cierto que lo que aquí falla no es la presencia de una monarquía sino el vacío mental de una Izquierda que ha cedido a la Derecha la iniciativa cuando no ha exhibido en público sus lamentables llagas? Tan seguro estoy de esto último como de que poco ha de medrar la causa republicana mientras esos dos grandes apoyos de todo republicanismo que son la Izquierda y el Sindicato continúen navegando al pairo. Se puede repartir ron y bailar en corro con la marinería, por supuesto. Pero no por eso se nos va a acercar sola la línea de sombra.


El Estado hereditario


El Mundo de Andalucía
28/01/01


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Un solo mes de Milenio ha dado ya para dos herencias de Estado. Un hijo sucede a un padre en El Congo en medio de una tensión que algunos califican de “guerra mundial africana”. Otro ocupa el sillón de papá en USA tras una impresentable movida electoral, suceso que no se producía en el edén democrático desde que un Adams sucedió a otro a finales del XIX. Los hijos de papá -al de Mitterand, ahora procesado, le llamaban en el Elíseo “Papa m’a dit”-declaran el fondo patrimonial que preside la psicología profunda del Poder, igual en las democracias que en las dictaduras. En el último tramo del siglo tampoco escasearon las sucesiones estatales. No hablemos de Mohamed y Hasam, que eso va en la institución, pero habrá que recordar a Kim Dae Iung de Corea, a Benazir Buttho de Pakistán, al hijo irrecordable de la señora Gandhi, a la saga de los Papandreu o a Basir Asad de Siria, entre otros. Incluso Papá Doc se salió con la suya en Haití con su hijo medio tonto. Les falló el mecanismo, sin embargo, a Trujillo y a Somoza, menos mal, sobre todo en el caso de éste último, muy a propósito para recordar estos días aciagos porque él fue quien patentó el negocio de “desviar” la ayuda internacional de las catástrofes hacia almacenes propios. Y le falló a los Kennedy, que aspiraron secretamente a reinar sobre el Imperio desde su prehistoria bostoniana y mafiosa. El poder tiende a perpetuarse. Una vida es demasiado corta para tan intensa experiencia.

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Los griegos ya describieron una especie de círculo por el que el Poder discurría transformándose periódicamente en monárquico, y los romanos sublimaron la herencia hasta el punto de demostrar que un lelo ilustrado como Claudio podía desenvolverse en el trono divinamente. Las monarquías no son, en este sentido, más que un caso particular de la fenomenología general del poder, y claro está que, por ello mismo, no son ni mejor ni peor que los otros casos. ¿Qué no es descartable que Joseph Kabila haya subido al trono a punta de pistola parricida? Bueno, tampoco eso cambia mucho las cosas, si se conoce medianamente la historia de las monarquías civilizadas. El Poder es igual en todas partes -que es a lo que voy--, y por doquier siente la tentación de prolongarse a sí mismo. Aunque haya casos, como los de las últimas reinas de Inglaterra, que persigan esa ilusoria eternidad simplemente no muriéndose nunca. Mírenle la cara de resignación al príncipe Carlos y entenderán lo que digo mejor que con cien razones. A Kabila hijo, mejor no se la miren.


Baratillo moral


El Mundo de Andalucía
26/01/01


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Un informe solvente (Unesco, Universidad de Barcelona, Intermon, Green Peace, Médicos Sin Fronteras) asegura que la mitad de las armas que España vende por esos mundos de Dios van a parar a países que no respetan los derechos humanos o son infiernos endémicos. En los conflictos de Medio Oriente, India, Turquía o África se dispara con armas españolas, se vuelan cuerpos con minas españolas, bien porque directamente -con la autorización del Gobierno: de éste y del anterior-se las remitimos por derecho, bien porque se las hacemos llegar a través de la tercería criminal de países como Bulgaria o Burkina Faso, especializados en ese alcahuetaje mortal. Recuerdo una foto que aquí no quisimos ver: mostraba una exposición de armas requisadas al enemigo por uno de los bandos enfrentados en Bosnia y, para nuestra vergüenza, muchas de ellas eran de fabricación española. O aquella otra que no vimos pero contra la que tanto se clamó: una factura de cientos de miles de millones pagados por Hasan al Estado español: con una mano hacíamos amistosa seña al Polisario y con la otra le dábamos al sátrapa la pistola con que desnucarlo. Vean como no es cuestión de signo político. Los grandes negocios -y ninguno tan grande como el de la muerte-tientan, a izquierda y a derecha, incluso a los Estados. Nunca se probó, claro está, pero hasta se ha dicho más de una vez que las finanzas vaticanas participaban en ese festín. ¡Miserere nobis!

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No se trata sólo de determinar qué es lo que el Primer Mundo debe darle al Tercero. Se tratará también, y quién sabe si antes que nada, de saber qué es lo que no debe darle. Claro que nadie ignora que los grandes negocios se hacen con las mercancías míseras. Ninguna ternera especial ha proporcionado tanta pasta como los pitracos de hamburguesa, ninguna maquinaria salvífica ha rentado tantísimo como las máquinas de matar. ¡Pero si se le venden armas atómicas o material radiactivo a países en conflicto como Israel, India, Pakistán o China! Nada consigue detener al ambición cuando el oro rebrilla o la plata seduce. Últimamente parece probado que se ha desviado al pobre Tercer Mundo la carne de vacuno y los piensos malditos que, por fin, fueron desechados en la culta Europa. No les desviamos, en cambio, las vacunas del SIDA porque resultan prohibitivas para enfermos tan pobres. ¿Quieren más? Pues habría ejemlos, no lo duden, pero sobra con la evidencia. España forma parte de la trama que trafica con armas. Que lo estemos haciendo legalmente -aparte de sin papeles, por supuesto-no mejora las cosas sino todo lo contrario. Casi prefiero un traficante en su fortín de Marbella, que los hay. Lo que no asumo es la imagen de un Poder legítimo con un arma asesina en la mano.


Gobierno de los jueces


El Mundo de Andalucía
27/01/01

El gobierno de los jueces no es una fórmula inédita. Hay sociedades primitivas -en Israel todo un periodo histórico recibe ese nombre-en que se ha intentado que los prudentes dirigieran la sociedad. Los prudentes, los jueces. Nunca, sin embargo, ha prevalecido mucho tiempo ese tipo de ensayos. Las sociedades son de una naturaleza compleja que escapa a la experiencia del dogmático, salvo cuando deciden simplificarse en el mecanismo fundamentalista. Las teocracias existen, claro está, pero no son democracias. El otro día comentaba yo aquí la declaración de Eli Ishai, integrista del Shas que agrupa a los sefardíes, cuando decía que su pueblo es judío antes que demócrata Ya antes algunos hubimos de oponernos a un partido ganador de elecciones que en Argelia se proponía abolir toda legislación laica y sustituirla por la ley coránica: el sacerdote investido de juez y la voluntad imaginaria de Dios convertida en legitimación última de la ley civil. ¿Qué tiene ese proyecto que ver con la civilización política? Pues absolutamente nada. La democracia es la suprema aportación civilizatoria surgida en Occidente pero es preciso considerar que nuestra noción actual no es la original ni mucho menos. No entendemos por régimen de libertades el sistema pericleo, sino el moderno que suele atribuirse a Montesquieu. Y ese deja explícitamente claro que los jueces tienen un lugar concreto y no franqueable en el sistema social. Si se salen de él fracasa la democracia. Aquí empezamos ahora a entender lo que Montesquieu quiso decir.

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Una sentencia acaba de despojar al Ejecutivo del más que centenario derecho de indulto. Otra le ha dicho al Legislativo que no es nadie para adoptar determinados compromisos más allá de su propia legislatura. Con lo cual los jueces han dejado claro que tienen la manera de situarse al margen y por encima de los otros dos poderes del Estado y condicionar sin remedio si libertad. Resulta desolador comprobar el uso partidista que se está haciendo de la última sentencia, la de la Audiencia, incluso por parte de quienes mañana podrían vérselas con situaciones de supeditación semejantes, u oir apelaciones a la sumisión legal en boca de quienes se manifestaron ante la cárcel de Guadalajara aclamando a dos secuestradores condenados por el TS. La crisis de la Justicia pasa inexorablemente por la conciencia de esa tentación que ha metido en políticas a quienes no deberían haber sacado los pies de sus estrados.


Huelva


El Mundo de Andalucía
25/01/01


Hace unos días hablé en Huelva a mi gente con el corazón en la mano. Me entendieron, faltaría más. Luego, he leído aquí mismo, puestas en mi boca, palabras que no recuerdo y que en nada coinciden con aquellas que en Huelva dije. ¡La vida! En casa del herrero, cuchillo de palo, ya se sabe, y estas cosas ocurren --¡qué le van a contar a Noé del Diluvio!-por no exigir garantías cuando es preciso exigirlas. Total, una ruina. Se me han rebrincado hasta los íntimos y con toda la razón del mundo… si yo hubiera dicho, blanco sobre negro, lo que se me ha hecho decir. En fin, pelillos a la mar. Pero no, por supuesto, en la cuestión de fondo. Verán. Yo lo que dije y digo es que Huelva ha sido y sigue siendo maltratada, que le han quitado mucho mientras tuvo poco y que nadie le regaló nada de lo que ahora va teniendo, que siendo vanguardia del progreso andaluz se la trata como a retaguardia. Dije eso y mucho más. Por ejemplo, que en buena medida esos injustos males la abruman por carencia del liderato que nunca tuvo y que ahora apunta, o que el agravio tradicional y el clásico complejo estimulado por sus elites más reaccionarias tiene las horas contadas según veo de firme el empeño a derechas y a izquierdas. Y también que -a la vista está- son agua pasada aquellos quejidos del exilio para los que hoy tiene Huelva el oído que antes no tuvo. ¡Qué iba yo a decir de Huelva que no fuera por ese rumbo! ¿Tengo yo fama de ingrato o de volverme atrás amedrentado, acaso? A Dios gracias, temo que más bien de todo lo contrario.

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Ha habido huelvanos -y no sólo Pérez Embid-que renegaban de Huelva y se hacían sevillitas de adopción cuando no lograban hacerse pasar por madrileños. No fue ese mi caso, desde luego, como no lo fue el de Víctor Márquez, el de Vaz de Soto, el del gran humorista “Saltés”, el del malogrado Manolo Pizán, el de aquel enorme pintor perdido en plena sazón que fue Alberto Vázquez, ni el de tantos otros. Por eso dije sin cortarme -y sin lograr que se me entendiera-que, como ellos, no necesito reafirmarme en “onubensismo” alguno. Tan convencido estoy del gran futuro de Huelva que miro con impaciencia su presente, eso sí. Un presente bastante superior al ayer pero que no ha hecho más que comenzar. ¿E iba yo a torcer renglones sobre esa plana estupenda? Miren, este patín sobre el que me deslizo hace años no tiene marcha atrás. Háganme caso, por ello, si les pido que no me den crédito no estando yo delante.


Otros racismos


El Mundo de Andalucía
24/01/01


Mayo 2000

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No existe un criterio unánime para rechazar el racismo, ni siquiera entre los racistas. Incluso, en cierto modo, sería posible que, como dicen algunos pesimistas, cualquiera es racista a condición de que se le ponga delante el enemigo adecuado. No sé, no estoy seguro. Pero sí lo estoy de que no a todos los racismos los tratamos igual, ni con todos los racistas somos igual de contundentes, sino que a éstos los despellejamos vivos mientras a aquellos tratamos de entenderlos, no pocas veces, en sus oscuras razones. Cuando Arzálluz, un suponer, dice eso de que prefiere un negro que hable euskera a un blanco (quiere decir, un español, claro, o incluso un vasco no euskerizado) que no lo hable, todos estamos de acuerdo en que lo que le asoma bajo la boina son cuernecillos de cabrón de aquelarre. Pero cuando Eli Ishai, el líder religioso de Israel, explica que está contra los matrimonios mixtos porque son una amenaza contra su pueblo/raza, pues decimos que esto y que lo otro, y hasta que lo de más allá, pero siempre escuchando sus palabras con el ruido de fondo de los peñascazos de la intifada. Nadie en este Occidente llamado, según dicen, a liberar a los pueblos de su inveterada condición de fanáticos, se rasga las vestiduras cuando un hombre como Ishai dice tan pancho que su país primero es judío y sólo después demócrata. Vean como, por más que nos sobren motivos, lo cierto es que a veces no somos todo lo justos que debiéramos con los cuernos de Arzálluz.

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Yo sólo conozco un pueblo verdaderamente inter-racial, Brasil, y suelen decir los brasileros, que hallaron la solución en la cama. Pero por aquí, quien más quien menos lleva en las entretelas su cuarterón racista. A Pujol se le ocurrió una vez contraponer el desarrollo catalán con el atraso andaluz con el argumento de que cada pueblo tiene lo que se merece. Bien, pues eso es racismo, aunque sea racismo sin raza, racismo telúrico en lugar de racismo genético, que no sé qué será más gilipollas, si uno u otro. Como es racismo puro y duro no sólo del del KKK de Alabama sino el de esos cawboys, demócratas o republicanos, qué más da, que meten un negro en la barbacoa política en plan “Adivina quién viene esta noche”, no sé si recuerdan. Los españoles somos racistas inmemoriales, qué coño, hasta el punto de que a los que no lo somos nos toman por falsarios. Judíos, moros, gitanos, cualquiera que se ha perdido en este erial, se ha llevado la pedrada del guarda de las esencias que el español medio lleva escondido dentro.


Partido por dos


El Mundo de Andalucía
23/01/01


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El secretario de organización del neoPSOE, José Blanco, le ha recomendado a Aznar que afronte la crisis de las vacas locas como un problema de Estado, esto es, por encima de partidismos y contando con todos. Bravo por el neoPSOE. Por su parte, el presidente Aznar ha ordenado a sus ministros que instruyan, dentro de lo que cabe, al nuevo contrincante, Zapatero, abriéndole los ojos a las complejidades de la gobernación, tan diferentes de las elementalidades de la práctica opositora. Bravo también por este prócer. Se ve que ambos, Aznar y Zapatero, dan por concluida una era política y apuestan por otra nueva en la que ninguno de los dos, por cierto, sabe qué lugar le reserva el destino. Al margen de esta vocación o conciencia de relevo queda lo que Chaves representa, a saber, el “paleosociatismo”, la facción de los que, puestos a elegir apellidos góticos para su razón comercial, preferirían siempre poner González donde los tiempos se empeñan en escribir Rodríguez. Cierto es que Zapatero da por buena la “corriente” cuando dice que no hace falta renovar nada allí donde aún se ganan las elecciones, por ejemplo en Andalucía. Pero no lo es menos que, por debajo de esta falla de la coherencia, discurre atropellado el caudaloso regajo del “cambio”. Nunca se sabe en el planeta político, pero lo probable es que a González le queden más conferencias que impartir que decretos por firmar. Lo malo -para los andaluces y para Zapatero-- es que Chaves ni se ha enterado.

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Hay dos PSOEs en este momento, por mucho que se empeñen en disimularlo güelfos y gibelinos. Como hay dos PAs y cuatro o cinco IU, a pesar del adjetivo. Pero, más allá de esas minucias que el tiempo minimiza cuando no borra sin dejar rastro, da la sensación de que pudiéramos estar entrando en un nuevo terreno histórico, vírgen desde luego, en el que, sin perjuicio de la más dura competencia, predomine un sentido inédito de la responsabilidad política expresable en un sistema distinto de lealtades públicas. Hacer de una exigencia justa, como es la expulsión del “Tiroless”, una pedrada en el ojo del Gobierno, dará votos, pero rezuma el aceitón del viejo estilo. Sacar bandera blanca ante la embestida de la epizootia que a todos concierne, es aire de refresco. Lástima que de los dos PSOEs nos haya tocado el antañón. Pero esa desventaja no durará mucho para Andalucía o acabaría siendo fatal para España entera.


Muñeca eterna


El Mundo de Andalucía
22/01/01


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En las más remotas sepulturas neolíticas han aparecido, confundidas con el ajuar mortuorio de algún niño difunto, primitivas muñecas toscamente talladas en madera y aún en piedra. Lo mismo ha confirmado la arqueología china y los profanadores de tumbas, desde el valle del Nilo al territorio apache, lo que no deja lugar a dudas sobre el éxito psicológico de ese invento lúdico suplantador de la maternidad que ha nvenido funcionando, por cierto, como un poderosísimo instrumento socializador. En esto último llevan razón las feministas radicales: la muñeca ha sido siempre y sigue siendo un útil pedagógico para adiestrar a la niña en su futuro rol doméstico y en su destino reproductor. Pero quizá no la llevan tanto si se considera que la inmensa mayoría de ellas están hasta el moño de jugar con muñecas y ahí las tienen, tan rebeldes. Una de ellas, hoy diputada andaluza, se negó en cierta ocasión a subir a un estrado porque sobre él se hallaba un varón, un inocente psicologuito invitado por el propio gineceo a una mesa redonda. ¿Y me va a decir a mí esa minerva que nunca jugó con una chochona como su mamá jugara antes que ella con una “Mariquita Pérez”? Pues no me lo creo pero, además, no me explico por qué se sienta en un hemiciclo donde hay mayoría de machos. Será porque a ella le ha dado el asiento uno de ellos, pero ni aún así se arregla el roto.

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Estos días pasados se han vendido en el mundo civilizado cinco millones de muñecas. También se habrán vendido -aunque de eso no tengo datos-otros tantos de ametralladoras y bayonetas para calar, lo que confirma que si contra el instinto poco puede la razón, contra la publicidad no puede nadie casi nada. Es más, a medida que ha avanzado el activismo feminista la industria ha redundado en los aspectos más sórdidos del juguete hasta lograr reconvertir la clásica pepona que abría y cerraba los ojitos en una réplica inquietante de la hembrita real, certificada con el contraste infalible de sus necesidades fisiológicas. Ya ven como va la horda: las rebeldes más protestonas entregan la cuchara en cuanto se la pide algún macho dominante por más que se gratifiquen en su pueblo negándose a subir a la tarima. El alcalde de Almonte, Paco Bella, que es el lince mayor del entorno, fue precisamente quien aquel día subió de un empellón a la sufragista. Él sabe, porque es ecologistón cuerdo, que si hay tan poco lince en Doñana es, entre otras razones, porque sus hembras paren poco.


Junto al volcán


El Mundo de Andalucía
21/01/01


Un gramo de plutonio es capaz de matar a mil personas. Los americanos lo han bombardeado sobre Yugoeslavia cuidando, claro está, de que sobre el terreno no hubiera americanos, y aún no sabemos qué resultados habrá provocado el bombardeo. Tampoco si los cánceres y demás calamidades que empiezan a registrarse entre los combatientes -de la población civil nadie habla, para qué-responden a la acción plutónica o se debe más bien a la del uranio empobrecido ése que también han empleado. Eso sí, lo que sea, a juzgar por los síndromes, es distinto de lo que usaron en la Guerra del Golfo porque, hasta el momento al menos, poco sabemos de niños deformes y otros males inexplicados. Cuando escribí aquí el otro día que la de Bosnia había sido una guerra nuclear a escala, me protestaron varios amigos y algún adversario. Pues lo sostengo. Es posible que la russelliana imagen de la guerra atómica que funcionó durante la Guerra Fría fuera un hongo temeroso y la sombra de una escuela reducida a unas siluetas inocentes sobre lo que debieron ser los pupitres. Hoy que las ciencias adelantan que es una barbaridad, una barbaridad, sabemos que la agresión atómica no tiene por que ser ruidosa sino que puede ser silente, acercarse de puntillas, como el ladrón del libro sagrado, disfrazado tal vez con el atuendo de la más cálida inocencia. Dios nos libre pero así va la cosa.

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Aquí mismo, en Andalucía la Baja. ¡Qué “Tiroless” ni “Tiroless”! El espectáculo del poder y su alternativa echándose en cara a cual peor acusación de connivencia es despreciable. ¿Hay o no hay riesgo atómico en esos buques nucleares que nos visitan, no sólo en Gibraltar sino en Rota, esa base albertiana que lejos de “alzar la mano/ para la danza de la muerte”, como quería el poeta, se ha convertido en la aspiración del Imperio, que la quiere como una colonia sin más? ¿Qué hacen durante el año tantos benéficos agitadores mientras entran y salen de la base americana -yo me pregunto para qué coño entraríamos en la OTAN-esos temerosos ingenios de muerte que son el caballito de mar del moderno y apocalíptico Quinto Jinete? Hay que echar esos ingenios de Gibraltar -Dios nos conserve el optimismo-pero también hay que alejar de Rota a esa flota de muerte. ¿Por qué hemos de ser nosotros el portaviones cómplice de todas las aventuras que el Imperio se proponga correr en Oriente Medio? ¿Por qué la llave ajena de un Mediterráneo del que apenas nos dejan esa leve franja turísitica que es el zoo de la jet? Hoy me sería mucho más fácil sumarme al orfeón subvencionado, pero prefiero aguardar la razón que mañana, lamentablemente, seguro que me acaban dando.


Pulgas áulicas


El Mundo de Andalucía
20/01/01


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No sólo al perro flaco, también al gordo -en ocasiones-todo se le vuelven pulgas. En el Poder se aprecia mucho ese fenómeno: un césar, un régimen, un conducator puede navegar viento en popa hasta que un amanecer rulan los vientos y se le ponen de proa las corrientes. Eso pasa, en serio, incluído Alejandro o Napoleón y, por descontado, nuestros actuales próceres. A Aznar mismo, ese Teseo imprevisto, le están surgiendo vientos de proa ante el “Argo” de su aventura y donde sólo había calmas y gratas brisas parece que todo se confabula para poner airones y marejadas. Las vacas locas, para empezar, incluso sin los ministros, son ya una fosa en la que caben, junto a la vacada que Fraga enterró en cales gallegas, buena parte del equipaje de los éxitos. El uranio y los hipotecados empobrecidos, el ridículo del “Tireless”, los vaivenes de la Bolsa y los repuntes de la inflación, componen una sinfonía adversa a la que la legión famélica de los “sin papeles” le pone un fondo exótico de tambores de guerra. El lucero de Aznar declina para que ascienda en balancín la estrella rosa de Zapatero: no hay balanza en la que suban los dos brazos a la vez, está visto.

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Y de ahora en adelante todo irá a peor, verosímilmente, para la derecha, previsión que poco tiene de científica pero que los sociologetas de Moncloa no deberían desechar sin más. Hay leyes históricas que operan en otra dimensión lógica por así decirlo, pero que controlan el “proceso de la vida en el tiempo” con la misma eficacia que las homologadas por la “razón pura”. Y si no, peguen la oreja y oigan las quejas funcionariales, el sordo rumor de la proleta a la que acaban de arrebatarle el hueso de caña para la sopa boba, el griterío juvenil todavía disfrazado de rap, el runrún del ama de casa y otros cien sonidos de crisis hoy perceptibles. No hay mal que cien años dure ni Gobierno que perdure, ya saben. Cosa que puede confundir a Zapatero si presta oídos a quienes le susurran en la oreja el sofisma de que el declive natural del Otro supone la irresistible ascensión del Yo. Porque lo que no está escrito es que el astro que ve quebrarse su elipse, no pueda accionar en su socorro las turbinas de reserva que tiene todo Poder. De momento, en todo caso, pulgas, áulicas, rabelesianas, quevedescas pulgas campando por la peluca empolvada. Dentro de un año hablaremos. Más que en la virtud de la acción, el toque de un gobernante está, dicho sea con mil perdones, en su capacidad de reacción.


Guerra nuclear


El Mundo de Andalucía
19/01/01


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Noviembre 2000

Diciembre 2000

A las generaciones que vieron o alcanzaron a entrever la ruina de Hiroshima y Nagasaki, Bertrand Russel les quitó, en buena medida, el miedo a un segundo acto de la tragedia con el viejo argumento, nada despreciable, de que el miedo guarda la viña, o sea, que ninguno de los dos dóbermans de la “guerra fría” osaría desencadenar un holocausto que lo más probable es que lo sepultara a él también. Estaba bien traído lo de Russell y hasta acabó comprobándose que, para espantar a los osados, esa pavura recíproca era el mejor mastín a la puerta del majuelo. Y así hemos superado crisis tan agudas como las de Corea, Indochina primero, luego Vietnam, y la serie de conflictos postcoloniales sin que a nadie se le ocurriera romper la baraja atómica por el teléfono rojo. Ha sido preciso que la Guerra Fría acabe y el Imperio se quede sólo e indiscutido sobre el planisferio para que hayamos sido capaces de perpetrar una guerra nuclear, disimulada pero evidente, como la que en la antigua Yugoeslavia, y seguro que antes en Irak, han provocando la tragedia del cáncer y la leucemia. Russell llevaba toda la razón: lo único que nos libraba de las armas nucleares era el hecho de que el Otro las poseía también. En cuanto hemos tropezado con dos que no las poseen, ya ven lo que está pasando.

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Con el tiempo, además, hemos sofisticado considerablemente la técnica destructiva: ya no son indispensables las catástrofes (lo eran en el 44, según dicen) ni aquellos hongos fantasmales cuya silueta mantuvo aterrada durante decenios a la imaginación mundial. Ahora el crimen vuelve a la escala artesanal y se mata uno a uno, o decena a decena, vaya usted a saber, pero desde luego sin la aparatosidad de un zambombazo tal que el piloto arrepentido haya de irse luego a un convento como pasó con el lila que lanzó la bomba de Hiroshima. Un piloto de hoy comenta lo que aquel dejó escuchar por su radio mientras bombardeaba Serbia. “¡Guau, esto es como cazar patos en un estanque! ¡Roger!”. Lo que no sabía era que, de paso, estaba envenenándole al agua a los barbos y el aire a todo bicho viviente. Algún día la infamia postbélica de Irak o Serbia, como antes la de Vietnam, serán un baldón indeleble entre las barras y estrellas y sobre la bandera de la ONU. Sólo que las nuevas víctimas serán probablemente anónimas y no alcanzaremos a verle la cara más que unas cuantas descolgadas del secreto. La guerra nuclear ya no es apocalíptica. Ha sucedido lo peor: se ha logrado un modelo discreto de catástrofe sin hongo delator y de efecto retardado. En Rota, sin ir más lejos, tenemos depositado un almacén de esa nueva pirotecnia que mata más lentamente y sin tanto fogonazo.


La oveja modorra


El Mundo de Andalucía
18/01/01


Mayo 2000

Junio 2000

Julio 2000

Agosto 2000

Septiembre 2000

Octubre 2000

Noviembre 2000

Diciembre 2000

Mi amigo el doctor Pedro García Pinto, que ejerce de maestro él sabrá por qué, tiene una experiencia inagotable. De paso que me comenta por Internet la última novela de Vaz de Soto, me cuenta, el tío, la odisea de un hermano suyo engloriado porque le dio un toque a Sara Montiel el día en que se estrenó “El último cuplé”, leyenda ni más ni menos creíble que la que la diva anda vendiendo por ahí sobre sus amoríos con don Severo Ochoa. Y ya de paso, conocedor de mis hipocondrías, trata de tranquilizarme a propósito de las vacas locas, recordándome antiguas epozootias y mortandades de corral que bien recuerdo como fantasmas de nuestra infancia. Pedro le quita hierro al debate, dice que seguramente no será para tanto, y de paso rememora que su suegro llamaba “modorras” a las ovejas que de pronto se ponían como borrachas, sin tenerse en pie, lo que daba a los pastores mucha ocasión de jolgorio y festín. Siempre se cocieron habas en este caldero, es lo que me viene a decir mi maestro/doctor, que muy pedagógicamente llama mi atención sobre el aserto del DRAE de que la enfermedad cerebral del ganado lanar la produce la larva del helminto, con lo que vaya usted a saber si acaso esa larva gusanera sería la versión tradicional de estos futuristas priones. No quiero influirles, decidan cada cual.

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Nadie sabe qué está ocurriendo con las vacas, eso es todo. Lo único seguro es que algo ocurre y que no es bueno, aparte de que la autoridad -la europea, no sólo la nuestra-va navegando a la deriva arrastrada por los acontecimientos. Pero yo sospecho, además, contra el mejor criterio de mi amigo, que se sabe más de lo que se dice y se hace menos de lo que se sabe. No me creo, por ejemplo, que los ministros de Francia, Italia y Alemania salgan recelando de la leche el mismo día y casi a la misma hora que en Gran Bretaña se abre una investigación oficial sobre el ordeño. Ni sé a qué atenerme cuando escucho a un experto (al mayor que tenemos, según dicen) asegurar que el periodo de máximo contagio es justamente el que aquí se daba como ideal para el consumo seguro, es decir, el de la ternera joven. A uno, francamente, más pesimista que otra cosa, el pálpito que le da es que, prión o helminto, qué más da, debemos estar viviendo una crisis morrocotuda. Pedro dice aviárselas con el pollo y el cochino, pero eso me tranquiliza poco en el yerno de uno que se comía tan tranquilo a las ovejas modorras.


La mujer fuerte


El Mundo de Andalucía
17/01/01


Mayo 2000

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Diciembre 2000

Me llama un amigo jubilata, observador tenaz de la realidad y crítico, en consecuencia, implacable de nuestras muchas lacras y debilidades. “¿Tu has leído el artículo ése de un general que dice que las tías no deben entrar en el Ejército porque no tienen ni tanta fuerza ni tanta capacidad para soportar tensiones como nosotros?”. No sé por qué me distingue incluyéndome, pobre de mí, entre los esprits forts, ya que él sabe de sobra que mi hoja de servicios es más bien modesta, pero como le digo que no, que no he leído ese artículo, pues me aclara que, según el general, la mejor demostración de esa quebradiza natura es que la mujer jamás ha ganado un campeonato mundial de ajedrez. ¡Joder, con nuestros milicos! “Tampoco lo han ganado nunca los generales -me dice mi amigo--, ni de ajedrez, ni de mus, ni de petanca, y ahí los tienes con los entorchados”, aparte de que hace años que se vienen reclamando campeonatos mixtos ante la más cerrada oposición del androceo. Mi amigo Quintero le dijo una vez a un mílite con ínfulas pugilísticas que andaba bordeándonos: “¡Eso no tiene usted cojones de decírselo a la Sansona!”. No los tenía entonces, seguro, ni los tendría hoy que Virginia la Sansona anda en la cosa mística de las apariciones. Fijo.

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Al margen de este incidente marcial, la verdad es que resulta hasta divertido contemplar el anacronismo y hasta la estolidez con que nuestra machada enjuicia a las hembras de la tribu, siempre en la vieja clave trovadoresca (que tiene mucho de mariológica, como se sabe) que sitúa a la mujer en una alta peana supongo que para que no sea cosa de que eche pie a tierra y nos coma la reina o los alfiles con la indiferencia de una hormigonera. Hay un íntimo miedo ancestral en esa estrategia masculina que simula proteger a la hembra para, en realidad, neutralizarla, lamentablemente con la complicidad más o menos consciente de ella, en no pocos casos, pero en todos, como digo, motivados por el pavor. Siempre he visto en Edipo a un cobardón enloquecido más que a ese matador del padre padrone que nos quieren meter en la mochila subconsciente. Y a esa jindama primordial le echo yo la causa y razón de esos desplantes caballerescos que aquí prodigan lo mismo un cabo furriel que un general. Cuentan que eran las madres espartanas las que encorajinaban a sus hijos y les infundían el valor que hicieron proverbial. Yo le he dicho a mi amigo que, para mí, no sólo las espartanas, ni mucho menos.


Tardío perdón


El Mundo de Andalucía
16/01/01


Mayo 2000

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Noviembre 2000

Diciembre 2000

No seré yo quien minimice el acto de Vitoria, la manifestación de miles de católicos vascos que, finalmente, han decidido tirar la raya con claridad entre su moral y las razones de los asesinos, o eso parece. Ocho obispos (cardenal uno de ellos) son muchos obispos, demasiada púrpura para ponerle pegas, sobre todo teniendo en cuenta que algunos de esos ordinarios se han caracterizado año tras año justamente por lo contrario de lo que este acto significa, es decir, por la ambigüedad. Nunca estuve entre los detractores de Setién (lo que no quiere decir que no compartiera esas críticas) ni me conté, claro está, entre quienes prefirieron ignorar o fingir que desconocían la determinante relación de la Iglesia católica con los inicios de ETA y sus posteriores complicidades. En este asunto, como en el de la cuestión judía, como en los pleitos de las dictaduras sudamericanas, como en la ocasión de nuestra guerra civil, como en tantas ocasiones, la Iglesia ha especializado su astucia, como los tahúres de dos barajas, en estrategias de ambigüedad: hacer las cosas de modo y manera que, ganara quien ganara, Ella no perdería. Aparte de lo cual, lamentablemente, en esta ocasión ha habido algo peor, a saber, algún obispo y muchos curas retorcidamente conniventes con el terror. Que antier hayan salido a la calle, roquete y sobrepelliz o simple clergyman bajo la nuez, resulta, por eso mismo, nuevo y decisivo. Veremos cuanto dura la función.

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Podría resultar trascendental que el nacionalismo (todos los nacionalismos) perdieran ese comodín de su identificación religiosa, y no sólo dentro del PNV y su conglomerado burgués-popular. En el acto de Vitoria andaban medio camuflados el propio lehendakari y el presidente del Parlamento, pero el mensaje del papa sacó a la luz la auténtica fuerza del invento: la internacionalización del conflicto. El peso del catolicismo vasco no está sólo en las conciencias locales sino su eventual revelación como nuncio local de la enorme fuerza transnacional que es la Iglesia, que es a la que temen los terroristas y la que hasta ahora ha escurrido el bulto. Dicen que estos días anda USA proponiendo a España un negocio: el trueque de la soberanía de Rota a cambio de la trepanación de la testa terrorista. Es una oferta muy distinta a la católica, pero coincidente en esta esperanzadora coyuntura que permite entrever esa internacionalización del conflicto de la que puede venir la paz. Una paz que bien vale una misa aunque sea tras mil responsos.


Guerras de género


El Mundo de Andalucía
15/01/01


Alguien comentaba hace poco que el éxito taurino de El Juli dependió y se debe al entusiasmo que despierta en las mujeres, imaginarias hembras/madres, soñadas hembras/novias y demás. El de Jesulín, como todo el mundo sabe, se disparó sobre un sórdido trasfondo machista, con bragas de saldo engalanando los tendidos y sostenes sustituyendo a los capotes de paseo en las barreras, que una hábil propaganda estiró al extremo de organizar festejos sólo para mujeres. Así son muchas veces las cosas en este perro mundo: en la secreta guerra de los sexos (condesa de Campoalange) cada bando ofrece sus arietes a la vanguardia adversaria, mujeres defendiendo a hombres y hombres apostando la vida por las mujeres. Lo que no sabía y empiezo a constatar es que hasta sería posible que el peor enemigo de cada adalid sea la tropa de su propia partida, cosa que ya había barruntado alguna vez, pero que empiezo a comprobar alarmado contemplando cómo son las mujeres quienes descuellan en las demostraciones contra las hembras destacadas. A propósito del caldito de Celia Villalobos y de mis (espero que) medidos comentarios, por ejemplo, no son pocas las críticas que recibo pero constato que la mayoría de ellas vienen firmadas por mujeres. Saque cada cual su consecuencia que, en asunto tan vidrioso, prefiero no opinar.

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Se lo comento a un grupo de funcionarias amigas y parece que hay consenso en que, salvo las excepciones de rigor, la mayoría se siente menos incómoda bajo un jefe varón. Pero, curiosamente, no encuentro grupo varonil que no prefiera vérselas con alguien del género opuesto, al menos en la Administración. Hablo del tema con una fiscala y me confía que lo último que quisiera es ver encabezando el ministerio a una colega. Mala cosa. Muy abajo ha debido calar el sexismo macho cuando la mujer no se fía de la mujer y sigue prefiriendo, a estas alturas, en cierta medida, la jefatura del hombre, como si el criterio masculino fuera mayor garantía de buen orden e imparcialidad que el que se espera de la hembra. La guerra contra Celia, insisto, está demostrando que en el sexo como en el currele no hay peor enemigo que el del mismo bando, algo que la historia fratricida de los partidos -por encima de ilusorios “pactos de carmín”-- ilustraría admirablemente. Con Tani, todas a una, cierto. Pero a Celia, ni agua. Queda mucha lana por cardar, como ven, en el encoñado tajo de la diferencia de sexos.


Idas de muerte


El Mundo de Andalucía
14/01/01


Una mujer es asesinada por el bestia de su cónyuge aproximadamente cada cinco días: este año de gracia del 2001 ya van dos en los 10 que llevamos de Milenio, o sea, que calculen las que en el Milenio cabrán, si Dios o los hombres no lo remedian. Por su parte, hemos sabido ahora que durante el año 2000 se ahogaron tratando de alcanzar Europa en patera quinientos inmigrantes, es decir, uno cada dos días, descontados los fines de semana. En cuanto a los periodistas, hay mejores noticias: el último balance anual arroja diez muertes menos que el del año anterior, un total de 26 asesinados sólamente: mal contados, uno cada quince días. No se incluyen las mujeres medio muertas, ni las reventadas supervivientes, ni las ocultas, ni las silenciosas, como no se tienen en cuenta los emigratas desaparecidos sin rastro, ni los 77 periodistas presos (en Turquía y en sitios hasta peores, que los hay), ni los más de 500 agredidos. Claro que peores aún son las cifras de niños que fallecen de hambre, la de “meninos” tiroteados en las calles de Río o Bogotá, la de los forzados a prostituirse para los turistas ricos en medio mundo -sí, en medio mundo-o los que se ven obligados a trabajar, incluso en minas, en régimen de esclavitud. ¡Para qué íbamos a incluirlos! Con estadísticas o sin ellas, la vida no vale hoy un pito.

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Hemos abandonado el viejo humanismo cristiano/ilustrado sin tener uno de recambio a mano, hasta acabar comprobando que si malo era navegar con el rumbo prefijado, peor es flotar al pairo, arrastrados a la deriva hasta donde la corriente quiera llevarnos. Y la consecuencia es una suerte de conformismo, algo parecido a una quejosa indiferencia que se funda en el prejuicio de que el Mal es ineluctable y en la hipótesis falaz de que el margen de acción moral y político no es sino una estrechísima banda dentro de la que es preceptivo cogérsela con papel de fumar. ¿No hay jueces que ponen en libertad a un parricida como si tal cosa? ¿No los hay que por una asequible fianza sueltan a un negrero sobre el que pesan decenas de muertes de trabajadores ilegales? ¿No estamos viendo que nadie -ni juez ni lego-se pregunta siquiera quién está detrás de la hecatombe del Estrecho? Malos tiempos, vidas de muerte: hembras, niños, apátridas, ¡hasta periodistas! A mi no me parece, a pesar de todo, que lo peor sea la balacera sino el hecho de que, a estas alturas, no hayamos sido capaces siquiera de levantar frente a esas fieras una barricada medianamente segura. Un nuevo humanismo construido como un búnker, válgame el padre Kant, con los sillares de la razón moral.


Ecologías


El Mundo de Andalucía
13/01/01


Me entero del nombramiento de una ministra “verde” en Alemania para arreglar lo de la hecatombe (en sentido etimológico) de las vacas. Vamos a ver qué hace, aunque vaya por delante que a nadie se le pueden pedir milagros. Los “verdes” de por esa parte andan como más integrados, son menos fundamentales y andan más atento a la que salta, sea liebre o gazapón. Por aquí son más suyos, o sea, más nuestros, que tampoco tendría sentido otra cosa, por ejemplo, un ecologismo moderado en una república (con perdón) de radicales. Mi amigo GN me cuenta desde New Yersey la experiencia de su tierra, hoy convertida en parque natural: “Se han perdido las veredas, no queda caza menor, se ha perdido el búho real que antes había que en cada desfiladero. No hay cabras, ni ovejas, ni vacas (menos mal), el monte agreste lo invade todo de modo que cuando hay un incendio arden hasta las piedras… La gente, los colonos, no pueden vallar, ni levantar paredes, ni criar gallinas ni pavos porque los zorros y los meloncillos, al no haber caza menor, les roban los animales…”. El alma a los pies. Sartre escribió, recordando su niñez (“Les mots”): “Cuando se ama demasiado a los animales , se les ama contra los hombres”. Pudiera ser.

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Nos movemos entre dos polos, uno fanático y otro detractor del progreso. Ahí tienen, de un lado, la reacción de jueces y fiscales apiñados como una sola peluca alrededor de la jueza que no ha querido ver el vertido tóxico. ¿Culpas, qué culpas? ¿Acaso es cosa de culpar a inocentes sólo por complacer a la “mala prensa”? Lagarto, lagarto: hay polisemias con las que más vale no jugar. Como ésa misma. Pero enfrente están quienes despellejarían a un furtivo por cobrar una zalea, diablos sartrianos del naturismo radical. Yo creo que no será tan grave la cosa como la pinta GN, pero antier mismo refería yo aquí lo del castigo por arrancar poleo. ¡Que es absolutamente cierto, por éstas! Y además tengo entendido que ahora, a poco que atesoremos una miaja de ADN, se podrían hacer bucardos y muflones como churros, con lo cual la extinción no será ya más que un concepto relativo, una especie de apocalipsis con marcha atrás. ¡A saber! Yo de momento me conformaba con no tener que oir cosas como que hay Xuntas que pagan veterinarios por certificar vacas sin verlas siquiera. Porque al paso que va la burra, cualquiera sabe quién será el valiente que mañana se zampe, con dos cojones, el caldo y la pringá.


El conselleiro


El Mundo de Andalucía
12/01/01


Oigo a una docena de idiotas hablar de la “cultura de la dimisión” a propósito del más que probable cese del conselleiro Gago. A Fraga no se le dimite, Fraga cesa. Y empieza por dar ejemplo: fíjense cómo él no dimite nunca. ¿Que aparece una fosa de cal con trescientas vacas y no sé cuántas toneladas de piensos malditos? Pues se cesa a Gago y santas pascuas, igual que antaño se hacía una campaña envilecedora cuando había que fusilar a un descolgado de la guerra, pongamos por caso, a Julián Grimau. Los políticos cambian, evolucionan con la vida y milagros, pero hay algo en ellos -una especie de segunda naturaleza-que permanece inalterable a través de los tiempos. Fraga, por seguir con el caso, no dimite así le encuentren fosas con vacas o memorias humanas enterradas. En mis tiempos de Facultad, cuando un alumno se salía de la impertinencia tolerable, Fraga se quitaba la chaqueta y se liaba a mamporros como estaba mandado. Luego tuvo la habilidad de amordazar a la prensa con una ley que se proclamaba liberadora. Y ahora entierra vacas en cal y cesa conselleiros, lo cual no está mal teniendo en cuenta la edad y el kilometraje. Como se descuiden, cesa a las vacas.

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A quien no cesan es a Celia Villalobos, a mi modo de ver con buen criterio, al menos por el asunto del bodrio (siendo tan rico el español o castellano tampoco es cosa de que repitamos todos lo de sopicaldo), que por otras materias ya no digo nada. Lo que Celia ha dicho, además, se lo hemos oído decir antes que a ella a más de uno y más de dos --a saber, que lo cauto y previsor, tal como va la feria, es evitar las médulas y el hueso, por si acaso-- y nadie se ha rasgado las vestiduras ni se ha tronchado de risa al escucharlo. En consecuencia, se ríen mayormente de Celia no de lo del maimón (o bodrio) y hasta barrunto que muchos de los rientes vigilan en su cocina no sea que la moza le meta el zancarrón en la puchera. Que por lo demás, no sé de qué coño se ríen porque ninguno tiene más pajolera idea sobre le negocio que Celia: no hay más que escucharlos contradecirse hoy para mañana al filo de cada telediario. Ni idea, en serio: ni aquí ni en la culta Europa, que es lo malo. Ya me dirán a qué viene entonces tantas risas con Celia o tanta satisfacción por el cese del conselleiro, cuando lo probable es que bajo esta piel de toro haya hoy día una necrópolis de vacas. Del que nadie se ríe es de Fraga. A ese no hay modo de chuflearle porque se quita la chaqueta y para qué queremos más.


Una mata de poleo


El Mundo de Andalucía
11/01/01


La Justicia, la menor y la mayor, está en crisis. No hay más que ver a un país que sigue discutiendo si el exmarido de la mujer de un ciudadano juzgado está obligado a inhibirse como juez en un asunto en el que ella, por si fuera poco, actúa de abogado y mientras entre ambos mantienen pendiente un pleito civil. Hemos llegado a un punto en que los enterados echan sus cuentas y nos profetizan con mínimo riesgo de error el resultado de cada gran pleito, en especial de los de naturaleza política, en el sobreentendido de que los tribunales construyen su voluntad colectiva y justiciera sumando criterios individuales inevitablemente parciales. ¿Lasa y Zabala, Barrionuevo y Vera? No había escape posible -según los expertos-precisamente por la rara independencia de los juzgadores. ¿Filesa o Liaño? Pues lo contrario. Mala cosa es que la opinión de un país responda a los fallos dividida de modo que lo que para un bando es “triunfo del Estado de Derecho” para el otro aparezca como ataque a sus fundamentos. Lo arduo, hoy día, es convencer a la gente de que la Justicia -el TS incluído-son empíreos órganos imparciales que, al juzgar, mantienen escrupulosamente la venda en los ojos. Lo fácil es lo contrario. Y eso es una calamidad de la que hay que responsabilizar a los partidos políticos a los que resulta necesario proteger a brazo partido, sobre todo frente a ellos mismos. Estamos siempre en lo que Jules Renard escribió en viejo diario: la Justicia es gratuita; menos mal que no es obligatoria. Desde luego.

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Yo conozco a un campestre al que la policía de monte sancionó por llevar en el morral una mata de poleo que había arrancado --¿habrá gesto más bucólico?-en la margen de un arroyo. Sé de un tirillas condenado por receptar un carburador usado tasado en seiscientas pesetas raspadas. Tengo noticia de un jaulerito condenado duramente por cazar con liria en su chaparra a un mínimo jilguerillo, ese fringílido tan corriente de la borla roja y el ribete amarillo que en nuestra infancia incluíamos entre los cinco reclamos clásicos. Y frente a todo ello escucho a un juzgado decir que la catástrofe de Aznalcóllar se debió a una práctica corriente y, en consecuencia, no penalizable, o veo salir airosos de otros a los grandes delincuentes de cuello blanco. Se puede robar un monte pero no se puede robar un pan, recordaba Valle. Hoy la cosa es peor porque es posible llevarse el manso pero ay del que ose arrancar líricamente una mata de poleo.


Justicia a domicilio


El Mundo de Andalucía
10/01/01


Quienes no querían que se juzgara a Pinochet (aparte de los enemigos de Garzón) mantuvieron la absurda tesis de que la solución más conforme a derecho era que el tirano fuera juzgado en Chile. Otros dijimos que no, que eso no sería nunca posible, no sólo porque medio país fuera pinochetista, sino, sobre todo, porque el Ejército sigue en manos de los cómplices de Pinochet. ¿Iban a consentir el número 2, el número 7 y el número 100 que se juzgara al número 1? Obviamente no, pero la cosa funcionó lo bastante como para impedir el traslado a España. Nadie con decencia objeta nada cuando un capo nazi es capturado en otro país, todos estamos de acuerdo en que la barbarie de aquel holocausto bien merece un amplio criterio que permita hacer justicia. ¿Por qué no ocurre lo mismo con los otros dictadores, desde Pinochet a Videla y Massera, desde Suharto a Estrada? No tengo yo esa respuesta en mi mano, pero en la punta de la lengua me brinca la sospecha más sencilla: porque están a salvo quienes son o han sido peones de los EEUU. Condenar a Pinochet sería poner en la picota a Kissinger, como es natural. Y eso es cosa poco razonable de imaginar. Pueden dormir tranquilos los asesinos: no serán juzgados nunca en países justicieros y menos dentro de casa.

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El espectáculo de Chile, en cualquier caso, ha de provocar pésimos resultados en la opinión y no sólo en la chilena, porque no a medida que avanza el procedimeinto y se cierra el círculo necesario, el descaro de quienes obstruyen a la Justicia es mayor. Ya no se oyen voces de defensa casi en ninguna parte, es cierto, pero también lo es que, a estas alturas, basta con que la amenaza golpista se agite como un fantasma para que ni las más altas instancias osen desafiar a la fiera. De sobra saben la mayoría de los concerbidos cómo se las gasta un ejército represor cuyos jefes acaban de reconocer --¡no sin garantías de impunidad, por supuesto!-que hacía desaparecer a los represaliados bien quemándolos, bien arrojándolos al mar (normalmente vivos todavía). Pero, ahora que caigo, ¿han oído ustedes muchas protestas a favor de la Justicia en boca de las grandes democracias, o del Vaticano, pongo por caso? A nosotros, que tanto sabemos de “amnistías mentales” de impunidad de los verdugos, a ver qué nos van a contar. Por ahí seguirán, no obstante, con el cuento de la justicia a domicilio.


La fe cívica


El Mundo de Andalucía
09/01/01

No había casos registrados de vacas locas en España, ergo no había síndrome EBB en nuestro país. No era cierto que la guerra del Golfo hubiera originado un “síndrome” temible, pero hoy sabemos que algún secreto comité trata de controlar los miles de casos fatales registrados en USA y Gran Bretaña tras el conflicto. Ninguna relación lógica podía existir entre el empleo de uranio empobrecido en el arsenal de la OTAN en Bosnia (ministro Trillo, antier como quien dice) y hoy funciona ya en Defensa (o eso dicen) una oficina para atender a los eventuales soldaditos españoles afectados. No sigo pero podría. ¿Qué está ocurriendo? ¿Cómo no se da cuenta el Poder -el Estado-de que para que una sociedad se mantenga y avance es imprescindible que los ciudadanos confíen en quien gobierna sus vidas? ¿O de que sin esa confianza no hay integración positiva que valga y, en consecuencia, que lo que no sea directamente imponible por la coacción no alcanzará nunca el estatuto de valor? El Poder se ha revelado como un mentiroso compulsivo y el resultado es que la gente, imposibilitada de confiar en esa instancia superior, se siente sola y desprotegida, abandonada a su propia iniciativa. Francamente, no se me ocurre ningún atajo más expeditivo para escapar del yugo del poder político.

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Lo peor que puede ocurrir en una sociedad es que una crisis viva se degrade en un debate maniqueo, es decir, que los ciudadanos -privados del referente de la autoridad fiable-se dividan en bandos, pesimista uno, optimista el otro, de modo que la crisis se deforme agrandándose o empequeñeciéndose en el marco de un debatillo desinformado. Escucho con perplejidad a personas muy cualificadas huir de su propio estupor ante el desastre alimentario o el escándalo del armamento nuclear que vivimos, aduciendo las más peregrinas teorías de la conspiración no se sabe bien de quién. Pero comprendo que no hay falta en esa actitud que es consecuencia lógica del fracaso de la autoridad, del fallo de ese mecanismo esencial para la vida social organizada que es la confianza, la fe cívica que los gobernados necesitan tener en los gobernantes, y sin la que un grupo social no es más que un cuartel o un manicomio. El Poder tiende a eludir la Verdad cuando ésta lo incomoda o compromete. Cuando se abusa de esa tendencia se produce un vacío opinativo que puede provocar desastres. La resistencia a aceptar la realidad del SIDA fue uno de ellos. Las teorías espontáneas sobre los nuevos problemas podría incluso superarlo.

Zorras y gallinas


El Mundo de Andalucía
08/01/01


La policía hindú no ha tenido mejor ocurrencia que contratar a una veintena de hackers o piratas de la Red para que la enseñen a defenderse de los ataques piratas: la mancha de la mora con otra verde se quita, dice el refrán. Nada nuevo, por otra parte. Se cita siempre el caso de el Tempranillo, a quien Fernando VII hizo jefe de la policía que acabó con los bandoleros románticos, pero hay otros muchos casos en la historia. Ninguna cuña mejor que la de la misma madera. Los servicios de espionaje se enredan como madejas entrelazando sus propios cabos. En la fantasmagoría de Internet, donde los nombres jamás tienen cara y los caras carecen de nombre, no podía ser de otra manera. Por eso de un tiempo a esta parte hay pocos negocios tan pingües para un imaginativo como delinquir con el ordenata. Desde que un banco yanqui contrató al pirata filipino que nos volvió tarumbas con el virus I love you era sólo cuestión de tiempo que la policía encargara a los piratas la seguridad de todos. Nadie sabe mejor que ella que, en ocasiones, la mejor protección la dan los delincuentes.

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Lo que me ha llamado la atención del caso ha sido la circunstancia de que ninguno de esos ingenios contratados posea un puñetero título. ¿Cómo es posible semejante descoloque del saber, quién será capaz de explicar por qué la imaginación merodea por las afueras de la Universidad --más ciudadela de la ignorancia hoy que nunca-sin decidirse jamás a entrar en ella? Lo que significa el caso de los hackers de India es algo más grave y nada anecdótico, a saber, el definitivo despiste del sistema educativo, la realidad de que por una senda vaga la educación mientras por un atajo va que se mata la realidad. Nada raro, por lo demás, en una sociedad que consulta antes al brujo que al psiquiatra o que encomienda la política a aficionados sin otro mérito que la amistad del baranda. Pero algo muy alarmante, eso sí, por la sencilla razón de que cuestiona el supremo instrumento socializador, ese montaje docente que está fracasando en todas partes menos en el patio del recreo. ¡A que van a llevar razón los de la LOGSE con la matraca del ludibrio y la enseñanza lúdica! No, supongo que no, lamentablemente. Lo que pasa es que la complicidad de la máquina ha hecho que el saber informático se instale fuera del paradigma convencional. La ciencia luce su vieja bandera, pero quien navega viento en popa por esos mares desconocidos iza pabellón pirata bajo la grímpola de la libertad.


Detractar al XX

El Mundo de Andalucía
07/01/01

 

Un artículo entusiasta y cientifista de L.M. Fuentes, esa minerva gaditana con voz tan propia, representaba ayer el “progreso” humano congelado en la doble imagen del mono asesino y la danza cósmica de esa película de la que todo el mundo habla estos días, como es natural: de “2001, odisea del espacio”. Sostiene en él nuestro joven publicista que el arma asesina sería la primera señal de la inteligencia y que la religión (esa noción tan equívoca que no viene de “religare”, como suele decirse, sino de “relegere”: ojo) vendría a ser algo así como el signo o indicador de progreso de una especie que detestara finalmente mantenerse en el nivel del simio y decidiera pelechar en cuerpo y alma hasta poder mostrarse sin escándalo como el “mono vestido” en el escaparate universal. Cuestión de atuendos, Luismi, créeme. Te recuerdo la fábula de Kafka sobre el mono transformado en hombre y elevado a académico --¡qué gran ironía, ¿no?!-que luego iba degenerando a ojos vista del espectador hasta reencarnar, cinchado dentro del smoking culto, en el animal primigenio e inevitable que todos -como tú dices, aunque unos más que otros-llevamos dentro. Ahora bien, no dudemos demasiado del “progreso” siquiera sea en sus infinitas modalidades. Yo mismo medito muchas veces sobre el milagro de mi pulgar opósito y, para qué engañarte, pienso otras tantas en qué sería de nuestra muchachada sin ese adminículo del teléfono móvil. Fíjate.

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Fuentes aplica el cuento a Chaves y ve en el anunciado “salto radical” anunciado por nuestro concudator aquel monolito basáltico que señoreaba ingrávido el espacio infinito como una metáfora de Dios, ciertamente trivial si se la compara con las imágenes de Pascal o de Hilario de Poitiers o de Juan Evangelista, aunque qué duda cabe de que impresionante bajo esa banda sonora. Pero Fuentes lo hace porque es joven y no recuerda “el Gran Salto Adelante” que programó otro que yo me sé, ni otras tantas piruetas, brincos, saltos y saltitos que han anunciado todos cuantos han permanecido en el machito más de media hora. Anunciar el cambio es la forma que tiene todo Poder de eludir el juicio sobre su fracaso absoluto o relativo, el remedio de todo jefe de manada que abandona un territorio saqueado para instalarse con la horda en otro rebosante de bayas y hojas tiernas. Eso sí, tampoco caben dudas de que bajo esa humanidad convencional late el primate agresor, el mono desnudo -ay, Desmod Morris, gilipollas-tan difícil de distinguir de la mona vestida.


El Potlach

El Mundo de Andalucía
06/01/01

Un artículo entusiasta y cientifista de L.M. Fuentes, esa minerva gaditana con voz tan propia, representaba ayer el “progreso” humano congelado en la doble imagen del mono asesino y la danza cósmica de esa película de la que todo el mundo habla estos días, como es natural: de “2001, odisea del espacio”. Sostiene en él nuestro joven publicista que el arma asesina sería la primera señal de la inteligencia y que la religión (esa noción tan equívoca que no viene de “religare”, como suele decirse, sino de “relegere”: ojo) vendría a ser algo así como el signo o indicador de progreso de una especie que detestara finalmente mantenerse en el nivel del simio y decidiera pelechar en cuerpo y alma hasta poder mostrarse sin escándalo como el “mono vestido” en el escaparate universal. Cuestión de atuendos, Luismi, créeme. Te recuerdo la fábula de Kafka sobre el mono transformado en hombre y elevado a académico --¡qué gran ironía, ¿no?!-que luego iba degenerando a ojos vista del espectador hasta reencarnar, cinchado dentro del smoking culto, en el animal primigenio e inevitable que todos -como tú dices, aunque unos más que otros-llevamos dentro. Ahora bien, no dudemos demasiado del “progreso” siquiera sea en sus infinitas modalidades. Yo mismo medito muchas veces sobre el milagro de mi pulgar opósito y, para qué engañarte, pienso otras tantas en qué sería de nuestra muchachada sin ese adminículo del teléfono móvil. Fíjate.

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Fuentes aplica el cuento a Chaves y ve en el anunciado “salto radical” anunciado por nuestro concudator aquel monolito basáltico que señoreaba ingrávido el espacio infinito como una metáfora de Dios, ciertamente trivial si se la compara con las imágenes de Pascal o de Hilario de Poitiers o de Juan Evangelista, aunque qué duda cabe de que impresionante bajo esa banda sonora. Pero Fuentes lo hace porque es joven y no recuerda “el Gran Salto Adelante” que programó otro que yo me sé, ni otras tantas piruetas, brincos, saltos y saltitos que han anunciado todos cuantos han permanecido en el machito más de media hora. Anunciar el cambio es la forma que tiene todo Poder de eludir el juicio sobre su fracaso absoluto o relativo, el remedio de todo jefe de manada que abandona un territorio saqueado para instalarse con la horda en otro rebosante de bayas y hojas tiernas. Eso sí, tampoco caben dudas de que bajo esa humanidad convencional late el primate agresor, el mono desnudo -ay, Desmod Morris, gilipollas-tan difícil de distinguir de la mona vestida.


Monos desnudos


El Mundo de Andalucía
05/01/01


Un artículo entusiasta y cientifista de L.M. Fuentes, esa minerva gaditana con voz tan propia, representaba ayer el “progreso” humano congelado en la doble imagen del mono asesino y la danza cósmica de esa película de la que todo el mundo habla estos días, como es natural: de “2001, odisea del espacio”. Sostiene en él nuestro joven publicista que el arma asesina sería la primera señal de la inteligencia y que la religión (esa noción tan equívoca que no viene de “religare”, como suele decirse, sino de “relegere”: ojo) vendría a ser algo así como el signo o indicador de progreso de una especie que detestara finalmente mantenerse en el nivel del simio y decidiera pelechar en cuerpo y alma hasta poder mostrarse sin escándalo como el “mono vestido” en el escaparate universal. Cuestión de atuendos, Luismi, créeme. Te recuerdo la fábula de Kafka sobre el mono transformado en hombre y elevado a académico --¡qué gran ironía, ¿no?!-que luego iba degenerando a ojos vista del espectador hasta reencarnar, cinchado dentro del smoking culto, en el animal primigenio e inevitable que todos -como tú dices, aunque unos más que otros-llevamos dentro. Ahora bien, no dudemos demasiado del “progreso” siquiera sea en sus infinitas modalidades. Yo mismo medito muchas veces sobre el milagro de mi pulgar opósito y, para qué engañarte, pienso otras tantas en qué sería de nuestra muchachada sin ese adminículo del teléfono móvil. Fíjate.

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Fuentes aplica el cuento a Chaves y ve en el anunciado “salto radical” anunciado por nuestro concudator aquel monolito basáltico que señoreaba ingrávido el espacio infinito como una metáfora de Dios, ciertamente trivial si se la compara con las imágenes de Pascal o de Hilario de Poitiers o de Juan Evangelista, aunque qué duda cabe de que impresionante bajo esa banda sonora. Pero Fuentes lo hace porque es joven y no recuerda “el Gran Salto Adelante” que programó otro que yo me sé, ni otras tantas piruetas, brincos, saltos y saltitos que han anunciado todos cuantos han permanecido en el machito más de media hora. Anunciar el cambio es la forma que tiene todo Poder de eludir el juicio sobre su fracaso absoluto o relativo, el remedio de todo jefe de manada que abandona un territorio saqueado para instalarse con la horda en otro rebosante de bayas y hojas tiernas. Eso sí, tampoco caben dudas de que bajo esa humanidad convencional late el primate agresor, el mono desnudo -ay, Desmod Morris, gilipollas-tan difícil de distinguir de la mona vestida.


Sangre y letra


El Mundo de Andalucía
04/01/01


Se reconoce, al fin, que era una ilusión eso de la pedagogía lúdica (“lúdicra”, en todo caso, habría que decir). No hay duros a dos pesetas. La letra con sangre entra: el viejo refrán (viene ya en el viejo centón de Correas) es el reverso de la pedagogía pietista, de Pestalozzi, por ejemplo, la antípoda de Ivan Illich y los partidarios de la “escuela abierta”. No hay pedagogía sin esfuerzo, aprender exige aplicación: eso es todo, mal que les pese a los anomistas de la LOGSE. El último cuarto de siglo ha visto crecer esa ideología de lo espontáneo: la mejor Universidad es la de la Calle, dicen todos los Roldán que rulan por ahí. Bueno, según para qué. Para roldanear, quizá, pero no para entrarse en un romance histórico o para trasplantar un corazón. El descrédito del saber ha sido en España un objetivo político y un designio ignorante. De ahí el estado de nuestras escuelas, de nuestros institutos, de nuestra “alma mater”, la Universidad. ¡Ojalá fuera pintar como querer, ojalá pudiera aprenderse jugando! Pero no es posible. Sin dejar de proscribir a los “maestros tiranos” que fulminaba Cervantes (II, c. 35), hay que entender que la docencia es una tarea jerárquica, no un salón de juegos. La letra no tiene por qué entrar con sangre, pero tampoco se consigue jugando. El error de la LOGSE ha sido una mezcla de ingenua complicidad y de ignorancia. La ministra lleva razón cuando anuncia el principio del fin de ese costosísimo “segmento de ocio”.

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¿Y ahora qué? Pues ahora lo de siempre, mejorado: amor y pedagogía, la tarea, la aplicación y el esfuerzo, el examen, ay, de toda la vida. Unos seguirán adelante y otros quedarán en la cuneta, por supuesto, y habrá que hacer lo imposible por sacarlos de ella. Pero hay que devolver la dignidad al estudio y su sentido único a la docencia. ¿O es que es posible seguir con los niveles actuales de conocimiento? Dejémonos de refranes, pero también de fantasías. A Vaz de Soto he escuchado muchas veces mantenerse terne en que no hay saber sin esfuerzo. Y a otros muchos. Llevan razón. Ha pasado la hora de los demagogos que vendían a alumnos y a padres el buñuelo de viento del saber divertido y el grado cero de la disciplina. Y hemos perdido unos años cruciales, claro, pero nos queda por delante el mismo camino. Hay que saltar sobre la LOGSE porque a veces retroceder es avanzar. O estaremos perdidos en poco tiempo. Que sea la Derecha la que restaure el orden perdido sería lo suyo, pero, francamente tiene guasa.


Llegó el futuro


El Mundo de Andalucía
03/01/01

La encuesta publicada en este periódico no deja lugar a dudas: los españoles son partidarios de la eutanasia, del matrimonio gay, de la descentralización municipalista, creen en la vida extraterrestre y esperan llegar a Marte en cuanto aclare el tiempo. En una palabra, han llegado la “modernidad”. Sin percatarnos siquiera, resulta que nos hemos acostado neolíticos, medievales acaso, para despertarnos algo sobresaltados en pleno futuro imperfecto, casi a pie de tajo de “el reino feliz de los tiempos finales”, cosa, en fin de cuentas, muy propia del cambio de milenio. Es como si hubiéramos cruzado de una zancada onírica el trecho que separa Atapuerca de la Estación Espacial pasando por Santa Gadea, como si hubiéramos pelechado súbitamente hasta perder todo el pelo de la dehesa, como si hubiéramos entrado a saco en nuestros sueños para enfundar en guante de seda las manos cavernícolas y ponerles collares domésticos a los bisontes altamiranos. El futuro era esto: un repertorio de criterios, una colección renovada de opiniones, en suma, una nueva ideología. Sólo los milenaristas y los empecinados seguirán aguardando otros signos. El ángel exterminador se acerca sin hacer apenas ruido.

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Me asombro de ver tantas mejoras junto a tantísimos atrasos. De esas fosas comunes atestadas de vacas locas o de víctimas chilenas, de aquella madre etiope que debe andar diariamente dos leguas en busca de agua para su hijo, de tanto hijo de puta como anda discutiendo si conviene o no quitarles la pensión a los enfermos de SIDA, de los tontos de capirote o de mitra que siguen contando ángeles en la punta del alfiler o tratando de inventarse una Historia a la medida, del espectáculo televisivo de las matanzas africanas o de los bombardeos “humanitarios”, de la impunidad universal de los sayones, de los narcos, de los tratantes en carne humana, de los terroristas de todos los colores, esos asesinos cobardes que quieren taparnos el sueño con su pesadilla. Pero eso es lo que hay. Avanzamos a toda máquina sin saber muy bien qué rumbo consagramos, ciegos en Gaza pero también en Beijin, sordos frente a las sirenas, mudos frente a las mafias. No es oro todo lo que reluce en el progreso mental, ni en el otro. Pero hay que alegrarse de que con el siglo terrible que ahora acaba se cancele también ese neolítico que seguía erigiendo sus menhires en nuestra duramadre. Y sin bajar la guardia. Porque en esta brega de la historia, el más tonto hace un reloj.



El enano infiltrado


El Mundo de Andalucía
02/01/01

 


Apenas sin percatarnos hemos abierto una ventana en el sagrado de nuestra intimidad. ¿Qué mayor intimidad que la del ordenata? La cuenta corriente, acaso la dirección más secreta, todo el arsenal “sensible” de nuestra vida cotidiana está ahí dentro como en una caja fuerte de la que hubiéramos olvidado la clave en la barra del bar. Existen hoy, según los expertos, cien mil hackers y aguardan nuestra visita en la Red treinta mil páginas web especializadas en piratería informática. Si eso es cierto, la legión se ha multiplicado, en seis años apenas, en un 2.400 por cien, y lo peor es que esa falange anda diseminada por el mundo entero, desde California a Filipinas, desde España a Nepal. ¿Total de pérdidas bancarias? Pues no menos de doscientos cincuenta millones de dólares, aunque parece demostrado que la mayoría de los ataques permanecen desconocidos, aparte de que los bancos -por la cuenta que les trae-aguantan el tirón sin decir ni pío. Un pirata ruso -26 añitos recién cumplidos-ha traído de coronilla al FBI y a cuarenta policías nacionales tras mangarle al Citibank (el mayor banco del planeta) 1.600 millones de pesetas. ¡Y lo ha hecho con un ordanata que le costó tres mil pelas y un módem que, por lo que dicen, cambió por una botellona de wodka! En la Rusia “liberada” casi todo es posible. En nuestra ciberintimidad, todo.

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El “enano infiltrado” del tardofranquismo era esto, fíjense: la larga mano de un “tirón” informático, el uppercut distal que te propina en pleno plexo bancario un peso mosca filipino o un pluma de Petrogrado, el gañafón que te da en la cuenta corriente un mangante porteño como si te estuviera levantando la cartera en el paraíso dominical de San Telmo. Claro que, de momento, los bancos prefieren las pérdidas al escándalo y te reponen rápido lo perdido, de modo que el enano vive en el mejor de los mundos posibles, que ha resultado ser un chip de silicio diestramente amueblado. Aconsejan que si usted recibe un correo con remite de cierto “enanoporno.exe” no debe abrirlo porque se vería infectado por un virus fatal. Lo que nadie dice, de momento, es cómo precaverse contra esa chavalería genial que desvalija cajas fuertes desde las antípodas dejando tan pocos cabos sueltos que casi se asegura la impunidad. Hemos abierto una puerta en el sagrado de lo intimo, ya digo, y nadie sabe ahora cómo cerrarla. Ya veremos qué se puede hacer cuando los bancos dejen de hacerse cargo de tanta hucha desvalijada.