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El invierno del patriarca


El Mundo de Andalucía
31/12/00

En la literatura, en la narrativa hispanoamericana el tema de la tiranía es recurrente: Ciro Alegría lo toca, Roa Bastos escribe “Yo el Supremo”, García Márquez “El otoño del patriarca”, nuestro Valle-Inclán, mucho antes, ese guión cinematrográfico impecable que es “Tirano Banderas”. Y un buen puñado de autores más, mexicanos, argentinos, peruanos, uruguayos, colombianos. ¿Podría ser de otra manera? Seguramente no. Miremos hacia Chile para ver esos cortes televisivos (en esta era la tv “adelanta” el material narrativo) del tirano menguante, paseando a tientas en short y rodeado de guardaespaldas y bufones. ¿Qué está ocurriendo en Chile, qué supone esta saga del procesamiento de nunca acabar? Pues, sencillamente, que nadie va a procesar en serio -quiero decir, un poner, como procesaron en Francia a Pétain--, a ese criminal abyecto. Ha habido alternativas, cierto. Pero al final es difícil escurrirse a la verdad y la verdad de este caso es que en Chile, bajo el cambio institucional, la dictadura se mantiene en pie y sobre las mismas botas de los mismos milicos. No hay lo que tendría que haber en la magistratura chilena para procesar como es de derecho al verdugo de la “caravana de la muerte” y de tantos otros horrores más. Y es natural. Si en algo era incuestionable el emperre de Garzón era en esta evidencia de que Pinochet no sería jamás juzgado seriamente en su feudo.

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¿Razón? También elemental: que el grueso de la oficialidad (en especial del generalato) que hoy dirige esas fuerzas armadas -tradicionalmente tan neutrales-está implicado en el gran crimen de Estado. Como lo estuvo el ejército uruguayo que se las vio con los tupas, como lo está el peruano tras la expeditiva liquidación de “Sendero Luminoso”, como lo está la jauría argentina que, en torno a Videla, aprovechó el eterno argumento de la amenaza roja para apropiarse del país y arrogarse ese “ius vitae necisque” (derecho sobre la vida y la muerte) por el que, naturalmente, sólo tendrían que responder antes Dios y ante la Historia, ambos con mayúscula. ¿Cómo van a consentir que se juzgue a Pinochet los que le sirvieron de edecanes, de asistentes, incluso de sayones? De ninguna manera. Una condena a Pinochet por crímenes contra la Humanidad pondría en el alero a unos cientos de milicos, justo a los que controlan aún el Ejército. Si se tratara sólo de liquidar al viejo, iban a ver como bajaban de tono la protesta sus fanáticos. Como eso no es posible, lo único que veremos es que un día no lejano Pinochet se morirá de viejo. En su cama y debidamente reconciliado. Es una pena porque ese consuelo mínimo se lo negó él con inaudita perfidia a miles de víctimas inocentes. Las manos aplastadas de Víctor Jara firmarían si pudieran lo que acabo de escribir desde mi horrorizada indignación.



Malditos intelectuales


El Mundo de Andalucía
30/12/00

Dossier en un prestigioso semanario europeo bajo el título de “El fin de los intelectuales”. No importa de qué intelectuales, ni de dónde: es el fin general, el término de una experiencia de la humanidad que ha consistido en creer que los que sabían más debían también conocer mejor la realidad ética y hasta la moral. ¡El papel dirigente de los intelectuales! Han corrido océanos de tinta sobre ese tema que jamás fue real salvo cuando el intelectual -y esto no ha sido infrecuente-era además un poderoso. Pero, ay, en ese caso el intelectual era ya, por concepto y definición, un “integrado”. El papel histórico del intelectual ha sido loar al poder o guardar silencio: Petronio o Quevedo. Lo demás son cuentos: jamás el Poder ha tolerado intelectuales críticos. En un partido cuajado de la crema de la intelectualidad, Carrillo les llamaba “los picos de oro”: mala cosa, y cargada con bala. En cuanto pudo, en consecuencia, los laminó escrupulosamente. Como en el PSOE, donde esa condición fue siempre motivo de sospecha. Lo más que podía reconocérsele a un Vargas Machuca, a un Lazo, a un Gómez Llorente, incluso a un Tierno, era una buena cabeza. Pero, ah,…, ¡no tenían ni idea de “política”! -decía el “aparato”. Es falso que la izquierda valorara más a sus minervas. Hoy mismo la derecha está demostrando que se puede utilizar a los intelectuales dignamente y sin peligro para el mando. La desacralización del saber ha ayudado mucho a ello.

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Los fascismos fueron feroces enemigos de la intelectualidad pero no consiguieron abatirla. El crepúsuculo de la crítica (eso viene a ser el fin de los intelectuales) es un fruto de la democracia liberal, burguesa, o sea, de la que hay. ¡Zapatero a tus zapatos! Pero incluso de la enseñanza los intelectuales han sido barridos con esmero, sustituidos por una legión de burócratas. El saber es un lujo prohibitivo en una sociedad que ha hecho de la praxis en sentido genérico un sustitutivo de los “studia humanitatis”. ¡Qué sentido tiene aplicarse en griego en una sociedad que enseñan a multiplicar con calculadora! Pues imaginen para qué necesitan un pensador en un partido. Es cierto que los intelectuales, por ambos lados del espectro --de Maurras a Aragon-- han pecado gravemente en el pasado reciente. Pero ésa no es la causa de esta jubilación colectiva, ca. Hasta la palabra resulta hoy insoportable, dicen en Francia. Pero no se engañen; la palabra, hoy como ayer, pueden estar seguros, es lo de menos.



Matrimonios gay


El Mundo de Andalucía
29/12/00

Entiendo que vivimos una microera acelerada en la que los cambios, desde la visión del genoma al matrimonio gay, van a una velocidad difícilmente imaginable hace sólo unos pocos años. Respecto a lo primero sabemos ahora que la iniciativa la lleva la sociedad civil, ése invento hegeliano que tanto juego da a los que no saben de qué se trata. En cuanto a lo segundo, al matrimonio gay, tres cuartos de lo mismo: lo que las asociaciones gay están haciendo es una obra tantálica no sólo por su envergadura y peso crítico sino por su rapidez. Ahora mismo, hace poco, el PSOE ha dado un paso adelante simplemente reasumiendo --curioso-lo que ya prometía en su último programa electoral que, como todos, estaría ahí (Tierno) para no ser cumplido. Pero si lo ha hecho ha sido, evidentemente, por la presión de los gay, por el calado que va adquiriendo ese movimiento en la conciencia pública, es decir, en la medida en que la moral privada de los gay se va haciendo “moral social”. La política no inventa el “cambio”, simplemente lo aplica cuando ya no puede evitarse.

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Es curioso, sin embargo, el empeño gay en el matrimonio justo cuando el matrimonio atraviesa su crisis histórica fatal. Los oprimidos “diferentes” quieren “igualarse” civilmente a base de tropezar en la misma piedra que los “normales”, quizá porque ésa “moral social” ya tiene poco de romántica. Matilde La Mole, aquella heroína “contra sistema” del “El Rojo y el Negro”, proclamaba algo que hoy parece perder sentido: “Entre mi amante y yo no hay papeles: todo es heroico”. Hoy, en cambio, parece que preferimos (también crece el matrimonio hetero: tanto como los divorcios) lo peatonal a lo heroico, los papeles al laurel. Se me dirá que tal cosa ocurre porque el Código Civil es como es. Pero eso tiene fácil respuesta: ¡pues que se reforme! O que la adopción es inimaginable sin matrimonio: ¡toma, y sin patrimonio! Probablemente el caso es más sencillo: la sociedad debe dotarse de las instituciones que la realidad reclama. Ya está. Que eso resulte tan difícil todavía es prueba de que queda mucha labor por hacer y no sólo en ese tajo. Pero que se vayan dando saltos adelante y a esta velocidad de crucero demuestra que no hay que aguardar a que provea el Poder sino que es necesario ir por delante, arrastrándolo a pesar de su inercia congénita. Nada es gratis para el progreso. Nuestros gays lo sabían y lo saben de sobra.



Rey de Tonga


El Mundo de Andalucía
28/12/00

El soberano de Tonga, Taufaahau Tupou IV, es un gran benefactor de su pueblo. Preocupado por la obesidad que entre su grey propician a porfía entre la placidez del reino y los hidratos de carbono, hace unos años promovió una dieta general no demasiado diferente, eso es cierto, de la que incluso sin intención sanitaria acostumbran a imponer otros sátrapas. El despotismo tiene este lado tutelar que, en modo alguno, justifica el abuso liberticida pero que es preciso reconocer a fuer de justos. Ahora mismo el rey Tafaahau ha entregado la sangre de sus súbditos a una multinacional australiana a la que ha autorizado a apropiarse del ADN de sus más de cien mil súbditos a cambio de los probables beneficios futuros que pudieran derivarse de la investigación genética. ¿Recuerdan a “Ubú rey”? Ciertamente cuesta creer que con quince años raspados Alfred Jarry fuera capaz de intuir el hecho capital de la historia de los hombres, a saber la tendencia de todo Poder a afirmarse y extenderse sin límites. Un amigo sorbonés sostuvo en tiempos la tesis de que el inspirador de Jarry fue nada menos que nuestro Fernando el Católico (se agarraba a que “Ubú” había sido rey de Aragón antes de emplearse como mercenario en Polonia), quien ya suele aceptarse entre los estudiosos que sería también por derecho “El Príncipe” de Maquiavelo. Discrepo. Aquel genio adolescente -igual que el retorcido florentino-pudieron copiar su sueño de cualquier poderoso sólo con abrir los ojos. No hay poder autolimitado fuera del orden zoológico estricto: los leones saben dónde y ante quién deben limitarse. Los poderosos, no.

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Hay ahora una nueva tendencia juvenil, como un desplazamiento hacia la vieja Acracia, que se columpia entre el simple “carpe diem” y la angustiada pulsión libertaria de la gente nueva. Lo veo en el sobrinaje, en el hijo de algún severo amigo, sin necesidad de asomarme al precipicio de la vida para reconocer a duras penas, convertida en titiritera, a aquella niña que vimos crecer entre algodones. Y me pregunto si, al margen del consabido argumento del exceso y la abundancia, de la vida fácil que les hemos dado, no latirá también bajo estas rebeldías la intuición fulminante de que todo poderoso, incluído papá, es Tafaahau en Tonga o Sancho en Barataria. Siento una mezcla inextricable de respeto y temor ante estos anarquistas del bienestar porque puede que los ate a los viejos ácratas el sagrado e invisible hilo rojo del que pende la Libertad.



A calzón quitado


El Mundo de Andalucía
27/12/00

Tengo entendido que Shanghai es la ciudad donde más se ha edificado en estos febriles amenes del Milenio. También que es la ciudad donde menos saben qué hacer ahora con las enormes torres, los innúmeros edificios de oficina y las carísimas colmenas que han ido levantándose sobre una ciudad hormiguero. Cosas de China. Ese subcontinente -la Humanidad del futuro-tiene su propia lógica como tiene su propia metafísica o su propia moral, y no es justo, a mi modo de ver las cosas, echarle ahora al comunismo todas las culpas de las durezas y represiones que en él se han vivido de toda la vida. En China ha mandado siempre “la burocracia celeste” --como decían nuestros administrativistas y sociólogos a la violeta, siempre imitadores de la sinología francesa-- y desde luego puede que hayan usado guante de seda, pero la verdad es que han ejercido siempre ese poder con mano de hierro, desde las lejanas reformas de Shang Yang hasta el “último Emperador”, aquel joven atrapado por los japoneses y la pipa de opio que, por lo visto, se dedicó a coleccionar -repartido entre el amor dos mujeres-objetos eróticos y fetiches de entrepierna. A Mao Zedong lo que es de Mao Zedong pero ni un gramo más. Ni menos.

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Leo que un listo acaba de abrir un museo atestado con el instrumental erótico del emperador Quing y que cobra 500 pesetas por asomarse al pozo de esa mente que luego los maoístas “rehabilitarían” -y no se puede negar que la cura no estaba enteramente de más-- en una de sus temibles colonias. Cinturones de castidad, manuales orientativos, recetarios afrodisiacos…, ya saben, toda esa ilusoria galería que necios y pringaos suponen estímulo del amor y remedio del decaimiento. Y de paso nos informamos de que la conversión al capitalismo se está viviendo en China bajo la especie de un calentón febril traducido en la adicción voyorista ahora estimulada por las colecciones imperiales. El postcomunismo se extravía en el viejo Catay de Marco Polo como una era en la que se vive en la faltriquera y se piensa bajo la bragueta. Los pueblos suelen volver siempre a su ser, como los tentempié, en especial si en la entrepierna hace de contrapeso ese inestable equilibrista que es el sexo duro. Ahí tienen para comprobarlo a la China que antier por la mañana agitaba enloquecida el Libro Rojo antes de hacerse el descenso del gran río escoltando al Gran Timonel, que también resulta ahora que era un ninfómano redomado.



Belén, estado de sitio


El Mundo de Andalucía
26/12/00

La Nochebuena se ha vivido en mucho lugares del mito en estado de sitio. También en Belén: todo un símbolo de la inopia en que vivimos, toda una revelación de esa ignorancia cultural que trata de arrancar la herencia mental (noten que ni siquiera digo “ideológica”) cristiana, es decir, del mito neotestamentario, sobre la Cultura y la Civilización occidentales. Si algo es Europa, se decía, (por ejemplo, un moderado como Chevalier, pero también un Moldolfo o un Kojève a cual más marxista) es el resultado de fundir la fe en la Razón griega con la idea de creación “ex nihilo” hebraica. Bueno, mejor quizá: si algo es esta entelequia histórica (nótese ahora el aparente contrasentido) sería, como señalaba el otro día aquí mismo Alfonso Lazo, el precipitado histórico del proceso que funde la noción clásica de Razón con la propuesta mesiánica de igualdad. Yo añadiría algo: el mito de Belén (que, más allá del relato lucano, continúa en Jerusalem, en el camino de Emaús, en Antioquía), teologías aparte, aporta también a nuestra “civil(ización)” una potente dosis de “integración” sin la que nada habría sido igual en eso que se llama Occidente desde USA al confín ruso. Ningún mundo en sus cabales mantendría en estado de sitio a sus lugares sagrados. Éste los mantiene porque no lo está.

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No es humano lo que estamos presenciando en Oriente Medio. La locura de la provocación palestina se queda en poca cosa comparada con la brutalidad de la respuesta israelí --nada nuevo, recuerden Savra y Chatila-pero, unos por otros, esos muertos diarios, en su inmensa mayoría palestinos, constituyen un sarcasmo insufrible para un mundo que mira hacia allá como si aquel infierno fuera una pantalla de tv. La ventaja informativa que aporta la tv se ve contrariada por este efecto seguro: la tv “filma” la realidad, vuelve cine diferido lo que ocurre en vivo y en directo, de manera que no es igual de lacerante ver matar en directo a un niñito en brazos de su padre que contemplar esa ignominia “cinematografiada” en la pequeña pantalla. Belén mismo: en la tv es una conurbación detestable, indistinguible de cualquier suburbio occidental, en lugar del lugar imaginario que cualquiera conserva en su memoria más sagrada desde la que, desde luego, sería inimaginable allí un estado de sitio. Pero cada era tiene sus mitos y a esta “era americana” le sobra el navideño. La degollación de los inocentes, un suponer, no merecería hoy mayor relieve en el abrumador telediario de cada día.



La orza escondida


El Mundo de Andalucía
24/12/00

Este año la inevitable búsqueda sentimental de lo arcaico a que convida la Navidad se me ha resuelto con un simple, viejo y bello objeto doméstico con leyenda incorporada: la orza de Mengíbar. La orza en que la madre antigua guardaba su peculio, la calderilla de toda una vida, junto con el ajuar fastuoso de su pobreza dignificada por las cuatro alhajas de familia. No sé si es tarraza o vidriada, si olla de simple o primor de alfarero, si tinajilla o puchera, pero la mera sugestión de la palabra, orza, me transporta al doblado de la abuela, al rancio olor del aceite dormido, al paladar rebelde de las aceitunas curanderas, el aroma de la matanza, la fragancia agreste de las ristras de ajos que, durante la siestas de verano, constituían el territorio imaginario de la inocencia y el trujal generoso de algún necesitado. Hay mucha España arcaica todavía en el trasfondo de la modernidad, mucha mísera arcadia a punto de perderse bajo el alud de imágenes hodiernas que se nos viene encima de continuo, pero que aún se ve al trasluz de la memoria como un ectoplasma vergonzante. ¡Una orza escondida! A estas alturas, esa novela no la mejora ni la tribu entera de nuestros fabularios escribiendo al compás.

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Antes se rebuscaba con afán en todo derribo el tesoro moruno o el espolio del judío. Ahora nadie cree en más caudales secretos que en esos que una mano invisible nos ofrece o escamotea al ritmo que animara al cierre, el día anterior, las bolsas más lejanas. Nada menos virtual que una orza ni menos moderno que una fortuna escondida por una madre solitaria en la talega del pan como la que en Mengíbar acaba de aparecer estos días. Pocas cosas tan reales, sin embargo, como ese barro que ha guardado con celo durante años el secreto de una madre probablemente enterrada en vida, como tantas, entre esos cacharros diarios que acaban por hacerse --en la soledad y en la desdicha de tantos hogares perdidos-- ajuar funerario de sus tumbas abiertas. Como quien echa al mar una botella, como quien lanza su mensaje sin remite al río que nos lleva, esa madre se enterró a sí misma, quién sabe cuándo, en el hondón de la alacena o en la negrura del mechinal, hasta puede que soñando con que algún día la descubriera el hijo indigente mientras en la radio resonaba en voces infantiles, como cada Nochebuena, el desconcierto de la suerte. Todos dejamos orzas a mal recaudo, supongo que también con la esperanza de ser descubiertos un día, quién sabe si con el designio de ocultarnos a nosotros mismos la parvedad de nuestro peculio y la insignificancia de nuestras vidas.



Cortar orejas


El Mundo de Andalucía
23/12/00

En una barranca gallega han aparecido muertas seis vacas, creo que eran, con las orejas cortadas. La orejas son apéndice de gloria en el toreo y razón de oprobio en esta matanza apartadiza, obra de delincuentes de ínfima especie porque juegan, nada menos, que con la salud de la gente. Y lo son porque en ellas, en las orejas, igual que se “señalan” los bravos para la corrida, se prende el imperdible con que el Poder garantiza la sanidad de la res. Esa canalla cuatrera desoreja a las vacas para que no sean identificables, pero con ese mismo gesto evidencian que la andancia, la epizootia asesina anda viento en popa por esas dehesas del diablo. Haría falta una mano muy dura contra los adulteradores de alimentos, y una de ferro contra los criminales que se escudan en la ignorancia para poner en el alero la salud de todos, sabe Dios con qué alcances. Por lo demás, finja desesperada el ama de casa que aquí no pasa nada, pero cuando cinco países han prohibido ya las donaciones de sangre a quienes hayan residido más de un año en Inglaterra entre 1980 y 1996, es que algo grave, gravísimo sin duda posible, está ocurriendo en la cocina común.

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Me cuentan que la amenaza cuenta poco en Andalucía, donde el ganado retinto se cría, como en la Pampa, a base de yerba, que es lo suyo. Pero, oigan, ¿y quién le sigue la filiación a las carnes en un país donde las vacas aparecen sin orejas en un zanjón o en un ramblazo y en el que un ganadero honrado debe (des)esperar varios días a que los funcionarios, dispersados por el “puente”, se dignen recoger la vaca muerta? Porque ésa es otra: ¿cuántas vacas locas han sido descubiertas realmente, si es que lo han sido? Vamos a ver, no se trata de ponerse tremendista pero lo que carece absolutamente de sentido es tratar de obviar el problema y saltárselo con pértiga sólo porque tenga difícil o imposible solución. Hoy mismo augura la OMS que habrá más casos en España y salta la noticia de que en alguna parte andan ya sacrificando ovejas a cientos alarmados ante no se qué síndrome fatal. ¿Cómo vamos a seguir como si nada, concediéndole al Estado un crédito que hace mucho tiempo que fracasó en esta materia o encomendándonos a la buena de Dios? Al contrario, es posible que algún día nos llevemos las manos a la cabeza ante el cínico silencio del Poder pero también ante la atolondrada resignación de los consumidores. Lo malo es que para entonces ya seamos -como los británicos hoy-gente con la sangra bajo sospecha.



El cuerpo


El Mundo de Andalucía
22/12/00

Nuestra corresponsal en Londres nos ha contado que la Autoridad de Normas Publicitarias británica acaba de prohibir por sexista un anuncio de perfume. Mostraba ese anuncio el cuerpo de una modelo desnudo aunque calzado -ya conocen los enredos del deseo-al que los guardianes de la virtud han considerado “demasiado sugestivo, eróticamente hablando” y degradante “para la condición de la mujer” como lo demostraría, según ellos, el aluvión de quejas recibida en su oficina. En una valla del anuncio instalada en Manchester podía leerse incluso una pintada feminista demasiado parecida al chascarrillo del hombre que se acercó a una granja a pedir un gato, ya saben, que decía literalmente: “Esto es la fantasía de una violación”. Bueno, no será, en todo caso, de una violación de la modelo, una tal Sophie Dahl, pero sí que, en cierto modo y sentido, pudiera ser una violación del cuerpo abstracto que afectaría, por sutil paradoja, a todas las mujeres en concreto. Ya era hora de que alguien se levantara en esta sociedad contra el hecho aberrante de que para vender un 4X4 o una barra de turrón resulte enteramente necesario, al parecer, desnudar a una amazona y hacerla representar el auto sacramental del orgasmo fingido. Cierto, también se montan orgasmos compartidos para vender televisivamente un perfume (¿el mismo, quizá?), pero no me negarán que esto tiene su lógica más o menos remota.

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Ahora bien, ¿cómo se defiende al mismo tiempo el derecho al propio cuerpo, incluso a la prostitución, y la prohibición de la publicidad sexista? ¿Es que si Sophie Dahl fuera de putón por la vida su exhibición sería tolerable? ¿Y por qué no considerar ese comercio con el cuerpo que se exhibe tan prostituido como el del cuerpo que se presta? He aquí -en mi argumentación-un ejemplo de mal planteamiento del problema: porque no se trata del cuerpo de Sophie Dahl sino de ese cuerpo abstracto de que hablábamos, es decir del Cuerpo con mayúscula genérica (“de género”, dirían las críticas), femenino o masculino, que debe, en efecto, ser sagrado, se vea o deje de ver como “templo del Espíritu”. Al de esa modelo en particular, miren, que le vayan dando y con su caviar se lo coma, que la belleza privada es un producto cuyo precio en el mercado conocen divinamemente los publicitarios. El que no tiene precio es el Otro, el de todos, aunque otra cosa nos diga nuestra experiencia diaria de la explotación.



Geografía y política


El Mundo de Andalucía
21/12/00

En aquellos tiempos del cuplé, cuando las cosas más sencillas no podían decirse sin riesgo de censura y lapiz rojo, titulé un reportaje sobre la ley de sucesión de “instauraba” la nueva monarquía “Cómo se hace un rey de España”. Naturalmente no hablaba del delfín de Franco, sino de Amadeo de Saboya y la saga cuyo relato ofrecía no era la que en el Pardo se coció entre partidarios de los diversos príncipes borbónicos, sino la que nuestros trasabuelos garrapatearon en el palimpsesto patrio para traerse hasta esta “gabbia di pazzi” (jaula de locos) al despistadísimo y bienintencionado don Amadeo de Saboya. Lo he recordado esta temporada leyendo las biografías de los presidenciables yanquis, educados ambos para la presidencia, hechuras del poder -uno en niño probo y otro en golferas, eso sí-según la gramática de ese “espejo de príncipes” que excluye todo saber inútil al ejercicio del “imperio”, incluido el conocimiento de la geografía indispensable para orientarse en un planisferio. Carlos Fresneda nos ha confiado aquí que en un debate televisado, Bush acabó reconociendo que ignoraba por donde cae más o menos Afganistán, a pesar de la dolorosa presencia que esta martirizada tierra se ha ganado (o perdido, por llo que se ve) a pulso. También se empeñó en llamar “grecians” en lugar de “greeks” a los griegos actuales, que de los antiguos, obvio es decirlo, este nuevo Claudio no debe tener noticia grande ni pequeña. Bien, pues ya lo tienen ahí de presidente. Y den gracias, porque el tonto al que se refería Woodie Allen era el otro.

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Tengo un amigo que alega, contra el apredizaje obligado de la geografía, que para viajar está Meliá o El Corte Inglés. Bien, pero imaginen, por lo que a nosotros respecta, lo que a este otro Bush le irá en ordenar lo que sea a sus fuerzas destacadas en Morón o Rota si ni siquiera sabe que Afganistán cae por la parte de Asia. Hombre, su padre, al menos, como habia sido capo de la CIA, tuvo una idea de estas cosas y cuando mandaba masacrar Irak con iranio empobrecido sabía de sobra por dónde caía más o menos la “cuarta potencia mundial” y donde iba a provocarse ese apocalipsis. Éste no. Éste no sabe de la misa la media aunque no se cortará un pelo para mandar. Confiemos en que en su mapa mental no resuenen los nombres de esta provincia lejana que Eisenhower veía como un inmenso portaviones en el umbral de Europa. Da miedo ir de grumetes en esta nave con el nuevo capitán.



La irrealidad


El Mundo de Andalucía
20/12/00

Nuestros atletas paralímpicos -al menos diez de los doce baloncestitas-tendrán que devolver a Sidney las medallas de oro que ganaron en mala lid. No son “paralímpicos” ni Cristo que los fundó, sencillamente, como la mortadela no suele ser ya mortadela, ni la izquierda izquierda, por poner dos casos elegidos al azar en el escaparate de nuestra (ir)realidad. Curioso: por un lado descubrimos que apenas hay diferencia genética entre un hombre y una rata mientras que por otro hallamos que la Realidad va siéndolo cada día menos, suplantada por el sucedáneo o “desrealizada” en sí misma. En USA han descubierto de pronto, como quien despierta de un sueño secular, que el mecanismo perfecto de la democracia no era más que una chapuza, de modo que ha habido que cerrar la caja de Pandora antes de que acabara de escaparse de ella su peligroso contenido. Yo mismo, por ejemplo, compraba el agua más cara del mercado y ahora resulta que esa linfa pura viene que se sale de no sé qué veneno. Todo fluye, nadie se baña dos veces en el mismo río. Hoy Heráclito tendría que preguntarse para empezar qué cóño es el agua.

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Entre paralímpicos falsificados, coles transgénicas, ovejas clonadas, progres de derecha y vacas caníbales nos vamos a quedar sin Realidad a poco que nos descuidemos y en menos que canta un gallo de corral. Aunque tampoco habríamos de descubrir la pólvora cuestionando el ser de las cosas. Siempre recuerdo aquel seminario con aire clandestino que Tierno nos daba en su casa a un grupo de convictos deseosos de saber a qué atenerse sobre la dialéctica, y a los que el sabio nos concedía, exclusivamente “como hipótesis de trabajo”, la realidad de la mesa sobre la que laboriosamente nos afirmábamos. Ojalá hubiera entendido uno la “eironeia” de Tierno, que por aquel entonces, año arriba o abajo, puso a un libro suyo un título que era casi una profecía: “De la trivialización al espectáculo”. Nos hubiera evitado tanto ingenuo derroche de energía -no lo hay mayor que el de la fidelidad a las ideas-y el penoso expediente de la reconversión absoluta o relativa que tanta gente en esta generación maldita ha debido hacer a destiempo y con el pie cambiado. Y quién sabe si el bochorno (ajeno, claro) de la devolución de esas medallas mangadas con falsos paralímpicos por los bucaneros de la federación.



Callejón sin salida


El Mundo de Andalucía
19/12/00

El próximo 23-F, aparte otros aniversarios, se cumplirán 18 años de la expropiación de Rumasa. Hoy las cosa han cambiado, ciertamente: los expropiadores andan con el prestigio por los suelos mientras que el expropiado ha conseguido poner en pie de nuevo el mayor holding de España. ¿Qué si lo ha hecho su dinero tendría en alguna parte? ¡Pues anda que si nos pusiéramos a hablar de huchas secretas! Yo no voy a ese aspecto, en cualquier caso, sino al hecho incontrovertible de que en este asunto la Justicia y el Estado -los dos-- han demostrado su fracaso. ¿O no es un fracaso mantener en dique seco un pleito dieciocho años después y una vez que el TS se ha pronunciado dos veces en el mismo sentido, confirmando los centenares de sentencias favorables a Ruiz- Mateos en dictadas por el TSJM? “El deber de los jueces es hacer justicia -se ha escrito--; pero su oficio es demorarla”. Tantos años después --toda una vida para los más jóvenes-- la familia expropiada estará, sin duda posible, enteramente conforme, en este punto, con La Bruyère.

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El fracaso de la Justicia es el mayor escándalo de la democracia. Aunque no es nuevo. Nada menos que el Eclesiastés constata esta tremenda experiencia: “Observé otra cosa bajo el sol: en la sede del derecho, el delito; en el tribunal de la justicia, la iniquidad”. ¿Qué podríamos añadir aún ante el espectáculo que está dando una Justicia “cantada” en la que basta sumar y restar políticamente a los magistrados para aventurar sin riesgo el fallo? Eso ocurrió con el caso Filesa, con el Marey o con el Lasa y Zabala, lo que demuestra que el mal no es unidimensional sino que afecta a todo el Sistema. Siete jueces que deben su cargo a un Bush han dado la presidencia a otro Bush: ¿y quieren que mantengamos la fe en la Justicia? En el caso de Rumasa, todo es incluso más sencillo: no hay cojones para afrontar el enorme daño causado por un Gobierno al Estado, sencillamente, porque no habría quizá dinero para compensarlo. Pero ¿qué será de la democracia si ese caso mayúsculo queda burlado y sin solución? Devolverle a Ruiz Mateos lo que es suyo -lo que sea, lo que se acuerde, claro-no es una conveniencia del orden sino una exigencia de ese Sistema. Una sola injusticia asumida arruina la Justicia en su conjunto. Dejar que corra el tiempo no arregla ese disparate sino que lo complica moral y jurídicamente hasta donde, personalmente, no soy capaz de imaginar. Y el 23-F el caso cumple 18 años.



El negro y el ario


El Mundo de Andalucía
18/12/00

Ya está: hay un negro al frente del Imperio. En el de Roma también había negros (lo sabemos por la arqueología, por el arte) como los había en el español. Lo nuevo es que los haya en el actual, en el Imperio prácticamente ecuménico, en el, eventualmente (van ya por Marte), Imperio de las Galaxias. Me alegro, sobre todo, contra Hitler: ¡cómo se hubiera puesto de haber tenido que negociar con un negro si enfermaba porque un negro ganara unas carreras olímpicas! Bien entendido, Powell no es un “niger”, como dicen los racistas yanquis, o sea, muchos yanquis, sino uno de esos negros que tienen el alma blanca: que opinan como los blancos, que profesan lo que los blancos profesan, que detestan lo que detestan los blancos. Un blanco negro, si se quiere. Y además es un “héroe americano”, esto es, un ser por encima de toda sospecha y de todo prejuicio, al menos desde que “ganó” -es un decir-la guerra de Irak, la “Tormenta del Desierto”. Recelo, en consecuencia, que un peligro público y seguiré recelando mientras mantenga en su beneficio la leyenda de Sadan y mientras no diga lo que sabe del “síndrome del Golfo”. En el nivel simbólico, eso sí, un puntazo: un negro a la vera del trono es una novedad a orillas del Potomac, en el Camelot de los fontaneros y las becarias.

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Si Moscú fue la “Tercera Roma”, Washington es la cuarta. En la primera, en la genuina, coincide con la llegada del Negro a aquella, la recepción del Ario. Recordemos el mural de los apartamentos Borgia, en el Vaticano, --Atila recibido por el Papa-y salvemos las distancias, pero sin extraviarnos en el laberinto: Haider ante Wojtila, un nazi de nuevo ante el Vicario de Dios, esta vez no para firmar un papelorio sino para entregar un árbol de la vida --ay, maese Frazer-- que los hijos y nietos de las víctimas romanas del nazismo han tomado por al árbol del ahorcado. Izar ese árbol en la portada del Milenio, en el “onphalos tou kosmou”, en el mismísimo “umbilicus mundi” es un escarnio si recordamos que en alguna catacumba, a unos cientos de metros de allí, los que defiende Haider desnucaron a cañón tocante a centenares de romanos. Sí, es bello olvidar, ya lo sé. Pero ¿hubiera recibido Wojtila ese abeto de un neocomunista polaco en vez de un neonazi austriaco? Aviados vamos, de cara al Milenio, entre el Negro y el Ario. Aviados van judíos y árabes, en especial. A nosotros los blancos nos asiste, en principio, el beneficio de la duda. El resto de la especie afronta la nueva era con el pie cambiado y Wojtila redoblando en el tambor de hojalata.



Las clase política


El Mundo de Andalucía
17/12/00

Ha recordado Raúl del Pozo la anécdota de Lawrence Durrell que explicaba la caída del Imperio británico por la degeneración de su clase dirigente, aquella “gentry” educada en el “college” a base de griego, ensalada y fusta, que fue dejando el ideal del “hombre de Estado” para perseguir el modelo del “político”. Se llega a gobernador degenerando, decía Belmonte. Pero yo creo que eso, variantes aparte, ha sido siempre así. Fíjense en un jovencito como Alcibíades, miren para Al Gore, consideren por qué escondidos caminos el madrileño colegio de El Pilar, puro barrio de Salamanca, acabó siendo la cantera del PSOE o cómo el azar (la “necesidad”, más bien) juntó en el mismo pupitre a Aznar y a Villalonga. La clase dominante se debe al Poder y dispone de mecanismos de reproducción de ese poder “naturalmente” reservados a sus vástagos. Y no sólo la membrillera. El propio Hegel creía en una “clase universal” destinada a gobernar por la cuna y la escuela, una aristocracia de sangre o de oro a la que, ya en su vejez, veía un poco peligrosa por su falta “der grosse Sinn von Fürsten”, es decir, por su insolencia y ausencia de sentido del temor. Lo dejo tal cual, que ya Marx se encargó de ponerle las peras al cuarto al maestro sin dejar de quedarse con el cante, por supuesto.

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Me llega un papel de denuncia sobre los desmanes de cierto clan para hacerse con el mando y repartirse a cara de perro la liebre de la autonomía. Ya ven: puta falta que hace leer a Hegel para sentar plaza en la “clase universal” y enrolarse en su goleta. Los pitsburgs que pelean en el PSOE por “las cosas de comer” (Chaves), los podencos que en el PP acaban de abatir políticamente a Carmen Diz o los caniches tobilleros del pachequismo iletrado no tienen otro norte ni mejor fundamento que hacerse con el puente de mando y llevar el barco a su Maracaibo o a su Cartagena, lo mismo da. Nada de “hombres de Estado”: “políticos”, gente que vive de los demás, vividores de la “polis”. Nada más parecido -en la forma-que el reparto de poder en los partidos y la división del territorio entre las mafias: ¡si hasta se llaman “familias” entre sí! En un erial como el Andévalo echan a un alcalde tras una moción de censura y me lo hacen “asesor de guarderías” a cargo de la Diputación. ¡Para qué aspirar a “hombre de Estado si de “político” de la Dipu se vive a mesa y mantel! Desde luego, Hegel se hubiera venido abajo contemplado la pandilla en que el Progreso ha convertido a esa clase que, según él, representaría a la Voluntad General y a la Razón colectiva. Yo me vengo arriba, en cambio, considerando que nada mejor que ella para demostrar la miseria del idealismo.



El día después


El Mundo de Andalucía
16/12/00

En lo antiguo, esto es, antier por la mañana en la vida de muchos de nosotros, íbamos con cara de niños Tarsicios a la farmacia a comprar la “píldora”. Lo normal era pedir un antigripal y un paquete de algodón, así, en plan, “excipiente”, para deslizar luego con timidez la petición nefanda. Y lo normal, hay que decirlo, es que el boticario/a, tanto monta, pusiera el grito en el cielo y le espetara a uno en plena jeta que aquello no era un lupanar sino una farmacia, a ver si nos enterábamos, no fuera a ser cosa de llamar a la policía. Hoy la policía está para otras cosas -incluso, ay, para proteger a algunos de nosotros-y los boticarios han asumido hace tiempo que la caja registradora no distingue entre estrógenos y prostágenos, sobre todo si los paga la Junta. Que los paga. Chaves no va a poder cumplir su rentoy electoral de reconvertir en individuales todas las camas de hospital que hay en Andalucía pero va a darle a la gente joven un respiro postcoital que nadie mejor que nosotros, los caimanes de aquellas vedas de la dictadura, para comprender y valorar. Si Franco llega a financiar la “píldora” en lugar de prohibirla, estalla el SEU por sus cuatro costados y más de un neodemócrata seguiría aún predicando la buena nueva de la “reforma” frente a la “ruptura”.

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La sorda pugna entre la nueva derecha y la izquierda amaestrada se dirime en áreas distintas del cuerpo social y también del humano. Si la derecha trabaja con preferencia de cintura para arriba a base de macroeconomía y garantía en las pensiones, la socialdemocracia parece hallarse más a gusto de cintura para abajo proporcionando laxantes a los ancianos y anticonceptivos a los más jóvenes. Se han dividido el “body”, por así decirlo, y yo veo en esa elección no poco escatológica de la progresía rosa un acierto decisivo, como veo en el discreto silencio de los conservatas un reflejo muy oportuno aprendido, sin duda, en el fragor de la batalla que siempre es el poder. En Francia este negocio de “la píldora del día después” ha dado de sí para una larga guerra en la que no han faltado hasta sus minicrisis de gobierno. Aquí, de momento, ni mu. Igual que Chaves enseña que con las cosas de comer no se juega, el PP va aprendiendo que más vale no andar rebuscando la pulga ideológica allá por las anfractuosidades de la entrepierna. La “guerra de los condones” ha enseñado la lección hasta a los obispos, cada día menos beligerantes con ese ingenio. Chaves no ha hecho más que bajar su cartel electoral justo a la altura de la bragueta.



5 semanas y 1 día


El Mundo de Andalucía
15/12/00

Cuando se cita a Tocqueville sobre “La democracia en América” supongo que la mayoría de oyentes no supone que ese ingenio apenas tenía 25 años cuando escribió su tremendo elogio. Tampoco es muy recordado que el máximo propagandista de la democracia USA, él, era un par de Francia hijo de una familia legitimista que viajaba con salvoconducto personal de Luís Felipe y que, probablemente, vio en la “revolución americana” la alternativa a un mundo en crisis: el de la sociedad aristocrática, la suya. Lo que Tocqueville y su amigo Beaumont creen descubrir en América, más que una nueva política, es una nueva teología cifrada en la idea de que el avance hacia la igualdad no tiene más remedio que ser de origen divino. No tengo a mano el libro en este momento pero recuerdo una frase suya que me dejó groggy cuando la leí de estudiante: “El pueblo americano reina sobre USA como Dios sobre el universo”. ¡Ya ven! Cinco semanas y un día después de pronunciarse ese dios terrenal, siete jueces han hecho una pajarita con su papeleta de voto y la han colocado en la vitrina de la Historia. No quiero ni asomarme a la idea de que pudiéramos estar enfilando otra vuelta del camino de nuestros desengaños y que la democracia formal -“burguesa” decían los clásicos”--, el “menos malo de los sistemas conocidos” según Churchill, estuviera en su ocaso. Pocos países han hecho tanto por la democracia formal como Norteamérica. Ninguno le había dado el palo un palo como el que ella acaba de darle.

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Mal parada sale de esta crisis la conciencia de representación. Mal parada la noción de legitimidad. Dos Passos escribió que no habría más democracia verdadera que aquella en que la libertad pudiera gestionar por su cuenta sus asuntos. Y bien, la verdad es que, en este sentido, estamos haciendo, con la nuestra, de la torta un pan. Bush no es el elegido por los votantes, para empezar, como no lo es Pujol, con el escrutinio en la mano, sino Maragall: ni la ley electoral que aquí tenemos ni la que no tienen los yanquis arregla ese problema, al parecer. ¿Es, entonces, inevitable un cierto grado de camelo, de fraude? Bueno, ¡qué nos van a contar a nosotros de pucheros! Si se abriera el del referédumn de la OTAN íbamos a ver una buena pringá. Por eso los jueces americanos han cerrado su olla express con cinco vueltas de tuerca. ¡Con tal de que no acabe estallándonos a todos en medio de la cocina global!



El mesón


El Mundo de Andalucía
14/12/00

No saben lo que dicen esos que nos toman el pelo por nuestra vocación de mesoneros de Europa. ¡Pero si Europa (vamos, la de la “primera velocidad”, se entiende) va ya de mesonera del Imperio! Fíjense. Una habitación en el Gran Canal veneciano vale hoy lo menos setecientas mil liras diarias. Una doble en el “Crillón” de París cuesta, no digo que valga, allá para los 4.000 francos por noche, o sea, veinte mil duritos. El desplome del euro, según los expertos, está poniendo a Europa el cartel de “reservada” en exclusiva para el turista yanqui, que encuentra en este viejo mundo la inmensa ventaja de un coste de la vida que dicen que baja aunque los indígenas no lo notemos. Curiosa paradoja que no es tal: vamos a ganar mucho más, precisamente porque los márgenes son mucho menores. Y gran jodienda: habremos de resignarnos a que el amo venga más por el cortijo sin ir nosotros a enredar por palacio. “Paz para Roma y silencio a las provincias”, decían los patricios. Sea.

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En serio. Es una cosa irreflexiva despreciar el turismo, según mi concepto el fenómeno de masas más llamativo del final de Milenio. Esos franceses chovinistas y despectivos están como unas pascuas porque esperan que la riada de americanos (del norte) que se de un voltio por el país supere los famosos tres millones anuales. ¡Cualquier cosa, la “grandeur”! Nosotros también parece que seguiremos aumentando el “saldo” (me encanta esa palabra aplicada al turismo o a la población), y hasta es probable que a un ritmo más veloz que ellos puesto que nuestra debilidad relativa es mayor. Con Andalucía a la cabeza: mientras más pobres vayamos siendo, más barata será la vida y más turismo abarcaremos. ¿Ven como Dios aprieta pero no ahoga? Huerta de Europa, mesón del mundo, por sí, por España y la Humanidad. ¿Qué si no podemos pernoctar en unos años, en unos quinquenios quizá, en el “Crillón” o en el “Cipriani”? Debemos ser solidarios y sujetar nuestra natural tendencia ascendente en beneficio de los más, jodernos a gusto con lo que se nos eche encima, todo por la patria. En Punta Umbría quieren hacer ya los hoteles de trece en trece y hasta una minerva roja y ecologista como el alcalde de Almonte anda trocando en Matalascañas -con la bendición del ecologismo verde-- terreno residencial por suelo hotelero. El futuro es nuestro, imperfecto pero nuestro. Como pueden ver, quién no se consuela es porque no quiere.



La edad del mito


El Mundo de Andalucía
13/12/00

Si hoy le planteáramos a la muchachada una comparación entre Aznar y Cánovas seguro que salía ventajoso Aznar. No importa el abismo que separa al autor de la “Historia de la Decadencia Española” del perpetrador de algún suelto o articulillo anticonstitucional que bien caro le lleva costado. El tiempo abre perspectivas, es cierto, aclara horizontes, revela claves, pero también empequeñece los objetos, al alejarlos, en beneficio de los más próximos. Estos días han debatido cien periódicos a quién debe considerar la posteridad como el mejor futbolista del siglo, discusión que estribaba entre Pelé y Maradona saltando limpiamente, no entiendo por qué, sobre Di Stéfano. Y parece que las urnas -los muertos no votan si no es en los pucheros-se inclinan por el astro más joven, tan indiscutible jugador como detestable deportista si nos atenemos al ideal ético del atleta. Son los jóvenes, no lo duden: nadie valora sobre sus propios mitos a los mitos de su padre.

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Estos días ha propuesto Martín Seco que “Olvidemos a Pablo Iglesias” tal como el propio PSOE viene haciéndolo en el 75 aniversario de su muerte. Hace poco he tropezado por ahí con un reclamo liberal que proponía dejar en su hornacina a Adam Smith y encuadernar en tafilete con tejuelo de oro “La riqueza de las naciones” para que el bibliotecario no ande prestándosela a cualquier curioso. Lo nuevo, lo próximo es lo que vale; lo viejo, lo lejano, incomoda o se ignora. Seguro que un sondeo a las juventudes socialistas (no me refiero a las JJSS, hablo en general) revelaba que la gente nueva sitúa a Iglesias por detrás de González: para Iglesias, si acaso, eso, la hornacina; el escaño, el despacho, el fax, para el otro. Es lo mismo que ocurre con la elección entre Pelé y Maradona, e idéntico es también el abismo ético que los separa. Pero ¿de qué ética hablo --con perdón de Max Weber--, de la “ética de la convicción” o de la “ética de la responsabilidad”? Bueno, quizá hablo sólo de la que solía aquilatar los hechos en su totalidad, sin prejuicios, pero con respeto a los valores razonables. Cuentan que Di Stéfano entrenó toda su vida cuatro horas como le enseñó su padre, Pelé supo conciliar la ciencia con la macumba, Maradona eligió jugar a tope en su paraíso artificial. Nada de eso importa, sin embargo. Las sociedades tienen flaca memoria y acaban eligiendo siempre al mito más cercano. Por lo demás, ya el mito no se contempla desde la ética que él contribuye a reafirmar (Malinowski). Hoy no hay más espejo real que la pantalla de la tv.



La ensaladera


El Mundo de Andalucía
12/12/00

Hemos ganado, al fin, la “ensaladera”. Cierto que el mismo día perdíamos en Niza nuestra ambición de pertenecer al club de los grandes: sólo figuraremos encabezando el de los segundones, que ya es encabezar. En plena conferencia europea, Aznar mandó parar para darle la noticia a los machos del rebaño y estos prorrumpieron en un aplauso cortés, efímera corona para ceñir nuestra frente mítica. Estupendo: ya no somos un país norteafricano sino una subpotencia sudeuropea, lo cual es un avance, qué duda cabe, una potencia reparada, más o menos como Polonia, pero con derecho a veto. Francamente, yo creo que el balance no es malo, en especial si se considera el golpe de ensaladera que le hemos dado a la eterna antiEspaña. España ha vivido siempre, ésa es la realidad, entre la ensaladera y el dornajo, entre un vegetarianismo de hidalgos de gotera y otro de proletas, un pie en la ensalada urbanita y otro en el gazpacho campurriano, ambrosía de pobres cuya delicada elaboración exigía “para la sal, un prudente; para el aceite, un pródigo; para el vinagre, un avaro; para remover, un tonto”. Hoy tenemos ya la ensaladera en propiedad, como corresponde a una nación mesocrática que ha dejado de ser el país ruralita, “brillante y hambriento” de que hablaba Valle para convertirse en un consumidor medio de vacuno loco con las ventajas e inconvenientes que ello comporta. ¡Loor a Lilí Álvarez y a la televisión!

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Ventaja añadida al evento ha sido el resurgir de la Historia. Portugal encabalga contra España el cadáver de Viriato invocando de paso el siglo XII, Bélgica desempolva su pleito hanseático, y Alemania decreta que Europa es “el continente de la Historia”, bien entendido que si todo el mundo la invoca es mirando al futuro, no al pasado: gran paradoja. ¡Y mientras aquí quitándola de los planes de estudio y empeñados en reducir sus “diseños curriculares” a mera crónica contemporánea! Hemos tomado derrapando otra vuelta del camino, quién sabe si la penúltima, lo que debería ser ocasión o excusa para que la autoridad vuelva sobre el pleito de las Humanidades y reconsidere su tecnocrático designio de abolirnos por decreto la memoria colectiva. ¡Ya ven “para qué sirve” la Historia esos vendedores de futuro tan aferrados al presente! Lo cual no quita para que nos enorgullezca la ensaladera en el vasar o en la consola patria, que nos viene el símbolo que ni pintado en plena guerra de las vacas locas. ¡Santiago y abre España a un porvenir vegetariano!



La suerte


El Mundo de Andalucía
11/12/00

En política juega mucho la suerte, más de lo que suele creerse. Napoleón preguntaba siempre, cuando le proponían un mando para un general, si el candidato tenía suerte. Por algo sería. Pero la experiencia nos descubre el papel de la suerte cada dos por tres. Franco tuvo en más de un brete crucial la suerte del quebrado, como la han tenido tantos personajes cuyas biografías dejan escapar por su cedazo ese fino elemento. Aquí mismo: Chaves es un hombre con suerte. ¿O no es suerte que en plena caída libre hacia el conservatismo liberal los jenízaros de IU se descabecen entre sí hasta dejar el harén sin sucesor creíble? ¿Y no lo es que la eterna “alternativa” conservadora no encuentre mejor fórmula de oposición que descabezar una alcaldía bien regida para perder a su alcaldesa en una vorágine que la desborda con mucho? Miren lo que pasó el sábado en Huelva. ¿Acaso no es patente que ganara el candidato “oficial” o ganara el “aparecido”, Chaves subiría siempre al podio, en un caso como garante de la continuidad, en el otro como mecenas de un cambio tan tranquilo que ni se hace anunciar? Si tendrá suerte que, cuando menos proyectos tiene la Junta desde que hay Junta, llegan los magos de Aznar y le regalan por anticipado el submarino de juguete que le ha permitido entretener al personal, de momento, durante un trimestre largo. Decididamente, tiene suerte, Chaves. Un hombre que ha llegado a mandar más desde que perdió la mayoría absoluta sería un Maetterlink si no supiéramos cómo se ha cocido esa berza.

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Maquiavelo hacía consistir el éxito político en una discreta mezcla de “fortuna” y de “virtù”. Se quedaba corto, me parece a mí. Vuelvan a mirar a Chaves y verán cómo, con más de la primera que de la segunda, sobrevive un político a los naufragios hasta despertar en una playa paradisiaca: inventa las “primarias” y las gana a duras penas y pucherazos, pero las gana; se hunde el gonzalismo, pero se ve en él una garantía contra el guerrismo insepulto; pierde el poder en su feudo pero encuentra un socio que lo pasea bajo palio dos legislaturas; fracasa su operación a favor de Bono pero Zapatero se ve en la precisión de elevarlo a la presidencia rechazada por González… Y si cuando lo enviaron a Andalucía pensó que perdía su buena estrella, hoy sabe que su suerte aguardaba justo en ese destierro astrológico hacia la Cruz del Sur. Un líder que gane o pierda sale triunfador, tiene suerte. Chaves acaba de probarlo en Huelva a costa de dos manojos de pardillos.



El silencio


El Mundo de Andalucía
10/12/00

Ponemos la radio o la tv y vemos o escuchamos a los mascarones de proa del ultraísmo protestatario reconvertidos, por obra generalmente del contagio socialdemócrata, en perfectos especímenes del “buen sentido”. Pero esa experiencia es, por supuesto, intrascendente, folclórica si se quiere, comparada con lo que está ocurriendo en los niveles serios de la crítica pública, a saber, la rendición de la rebeldía con armas y bagajes a la tiranía ubicua de lo políticamente correcto. Nos hemos vuelto casi todos formalísimos, chicos/as (algunos ya no tanto) más buenos que el pan a los que el aro en la oreja masculina o el mechón colorado en la testa de la hembra sirven precisamente de falso marchamo, como aquellas marcas inventadas por la platería para suplantar el verdadero contraste. Los tertulianos dicen casi exactamente lo que cualquiera imagina que la mayoría silenciosa quiere escuchar. Los políticos ajustan su discurso a esa estimativa de razón exclusivamente aritmética. Los Gobiernos gobiernan con las encuestas en la mano y la oposición se las ve y se las desea para rebatirlos sin contradecir lo que esa dictadura de la opinión exige. La sociedad silenciosa: hacia ese paradigma enfilamos como corderos encantados del confort que ofrece el redil. Silenciosa dentro del estruendo, por supuesto. Fíjense en que nadie dice menos que un idiota como Sardá pero nadie hace más ruido que él.

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Temo, además, que la derecha del siempre, el conservatismo “comme il faut”, se haya percatado de la situación y hasta de sus riesgos mucho antes y mejor que las progresías a la deriva. Escuchen: “Una civilización no puede permanecer vivaz sin una u otra forma de contracultura. Necesita este aguijón irritante, exasperante a veces, a menudo excitante, para verse tal como es, medir sus defectos y corregirse. Demasiado consenso cultural (no se pierdan ripio) conduce a la asfixia del pensamiento y, en resumidas cuentas, a un ombliguismo suicida”. Hace años hubieran podido firmar algo semejante en Francia desde Camus a Sartre pasando por cien más. Hoy, por lo que sea, quien lo firma es el mismísimo baranda de L’Express, Denis Jeambar, como frontispicio de su diario conservador. ¿Aquí? Bueno, ahí va una muestra: “Desconfiad de aquellos pensadores que se sienten muy seguros pero nunca se enfrentan a la crítica, de aquellos que se tienen por filósofos cuando sólo venden matonería intelectual”. La letra es de Machado pero la música es de Chaves. La compuso más para golpear a sus críticos que para homenajear al poeta. El intelectual arde bien en la pira del Poder. En este punto, no hay diferencia entre la retórica de Chaves y la de cualquier zambombo de “La conquista del Estado”.



La espuela y el bocado


El Mundo de Andalucía
09/12/00

La suerte del escritor, como la del caballo, es gobernada entre la espuela y el bocado. Un acicate lo afirma y empuja mientras un freno lo ralentiza o detiene. El periodista, sobre todo, se debate entre esas dos aguas revueltas, una de las cuales trata de arrastrarlo corriente arriba mientras otra tira de él río de la vida abajo. No hay casi nunca término medio porque, en este oficio, lo que para unos es cálido, resulta frío para otros, y lo que a juicio de aquellos es oportunidad y valor cívico, en el criterio de estos de acá no es más que osadía y abuso de libertad. Un político puede decir lo que le cuadre, igual si acusa de prevaricadores con todas sus letras a los más altos jueces que si declara que un medio (adverso, se comprende) es “amarillo” y su contenido “basura”. Un periodista no, a pesar de que la interpretación judicial del derecho a la libertad de expresión ha alcanzado a veces en España -lo digo hoy como lo dije tantas veces-cotas incomprensibles. Pero una cosa es clara: más vale perder algún rigor por ese lado permisivo, que volver a la censura. Desde una repugnancia suprema, sostengo que es menos malo soportar ese exceso que amordazar las bocas. Nuestra amenazada democracia se hubiera hundido hace tiempo si hubieran logrado impedirnos aclarar con esa monserga que Filesa, el GAL, la merienda de los fondos reservados o el cuento de Roldán y el capitán Khan, no eran invención del libertinaje sino pura realidad.

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A Manuel Barrios le han apretado a fondo el bocado. Yo diría que han decretado su muerte civil, ya que él ha vivido desviviéndose en la escritura toda su vida. No entro en la causa (que conozco); simplemente digo que si dura era una condena que lo inhabilitaba para escribir durante dos años, un acuerdo que le quita definitivamente la pluma para complacer a sus adversarios es un disparate que ilumina, aunque sea con luz negra, el futuro de esta profesión del alto riesgo. Por lo demás, después del zamarreón moral que ha supuesto el recuadro de Burgos en defensa de Barrios, poco podría decir yo ahora a favor de uno de los escritores más maltratados de esta Andalucía que hace cuestión de vida o muerte de la pamplina de darle la llave del cante a un cantaor insigne y desaparecido, en su cincuenta aniversario, pero que suele contemplar impávida cómo se acaban y derrumban sus talentos cuando la fortuna no les sonríe por ahí fuera. A mí lo que me gustaría ver es al jinete que tasca ese bocado sin dejarse ver la cara.



Las palabras


El Mundo de Andalucía
08/12/00

Leo con disgusto aunque sin sorpresa la enojada carta en que el alcalde de Almería, entre tintas cargadas y veladas amenazas, se queja al periódico de mi columna “Los impuestos”. Los políticos querrían una sociedad sordomuda, ciega incluso si fuera posible, a la que cada cuatro años se le permitiera votar a tientas y, hala, de vuelta a casita. No es eso la democracia, sin embargo, sino un régimen de opinión pública (Bourdieu), un modelo de convivencia basado en la legitimidad de toda crítica bajo, naturalmente, el imperio de la ley. Pero al grano. Me acusa el alcalde --que habla siempre por él y por el de Sevilla, como si éste no tuviera boca-- de cuestionar su honradez, de atribuirle un delito de fraude fiscal y, ya en el colmo del disparate, de compararlo con un reconocido criminal (se refiere a Capone). Pues bien, ni por asomo cuestionaría yo esa honradez y menos aún podría ocurrírseme atribuirle un delito de fraude fiscal por la sencilla razón de que yo sé, como el alcalde debería saber, en qué se cifra ese delito, y desde luego no consiste en dejar de pagar impuestos municipales como hicieron él y el alcalde de Sevilla, éste con reiteración. Si yo los calificaba de defraudadores no era, naturalmente, en concepto legal sino en uso de un tópico conversacional bien apoyado en la filología: defraudar es “eludir el pago de un tributo al fisco”, incluyendo bienes “municipales, nacionales, provinciales y públicos” (María Moliner). En cuanto a Capone…, por favor, alcalde, eso de subrayar la “paradoja Capone” (Truman Capote, Arthur Miller) no supone comparar. Tranquilo, entre usted y Capone hay sin duda un abismo y me complace proclamarlo.

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Pero, ya en serio, apena ver que los políticos no cejan en su pretensión de amordazar a la crítica (recuerden el proyecto de “ley mordaza” gonzalista) mientras ellos se reservan el derecho a despotricar cualquier infamia sobre quien gusten. Porque si se señala a la Justicia a quien sostiene que los alcaldes que no pagan impuestos en tiempo y forma deberían estar inhabilitados para la vida política, ¿qué habría que hacer oyendo a Alfonso Guerra decir que “la Audiencia Nacional es una cueva de serpientes que hay que cerrar a cal y canto” o a Rodríguez Ibarra clamar contra “la cueva de prevaricadores y conspiradores que están en la AN”? Juzgue el lector (y el juez, en su caso), pero no nos perdamos: lo que el PSOE tiene que explicar es por qué mantiene de alcaldes a “morosos” que no pagan sus cargas municipales cuando no les cuadra. Ellos, mientras no les digan ni pío, ciertamente, no tiene por qué explicar nada.



Aviso al futuro


El Mundo de Andalucía
07/12/00

En la digital me entero de que en USA andan construyendo un depósito subterráneo para poner definitivamente a salvo los materiales radiactivos y demás miserias, que un día -“certus an incertus quandum”, como decían los romanos-podrían ofrecerse con peligro a la curiosidad de una humanidad que hubiera olvidado ya incluso nuestros idiomas actuales. Han buscado para ellos una fosa natural formada en eras remotas cuya constitución salina le presta la rara capacidad de cerrarse paulatinamente sobre sí misma, es decir, de acabar “sellando” con el tiempo su propia existencia enterrando para siempre a su contenido en evitación de que esos hipotéticos curiosos metieran la mano inocente donde no deberían. Y dicen que, una vez enterrados esos desechos fatales, va a colocarse sobre la cripta, como aviso indesoible, una pirámide gigante sobre la que lucirán grabadas en todas las claves imaginables las señas del peligro. Ya ven, miramos con indiferencia como las moscas se comen a los niños del mundo pobre o como la canalla comercia con sus cuerpos al por menor y al detall, pero gastamos lo que no tenemos para prevenir el peligro que pudiera correr en un futuro post-apocalíptico una improbable Humanidad o tal vez una raza alienígena llegada de algún rincón cósmico. Ya ven, el hombrecillo fulminado por el rayo de nuestros postes eléctricos no era sino el bisonte parietal de este neolítico del que a duras penas tratamos de escapar.

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Asombra el contraste entre la imprevisión suicida de un mundo que se autodestruye a ojos vista y este tipo de fantasías que por lo demás, qué quieren que les diga, personalmente no acabo de tragarme nunca sin la sospecha de que deben encerrar algún gato. ¿O no es para escamarse que un país que se niega a reducir sus emisiones de gases destructivos se gaste seguramente más dinero de lo que valdría hacerlo en prevenir el riesgo de una fantasmagoría surgida del futuro como de una pesadilla casi imposible de imaginar? Miren, ni creo que haya duros a dos pesetas ni dejo de pensar en casos como éste que esa gente se trae entre manos algo mucho más grave aún de lo que ya sabemos hasta el punto de verse obligada a travestirse de faraón y echarse a un desierto a edificar pirámides con entrañas secretas. Desde luego, si lo que pretendían con el cuento era reinstalarnos en la confianza en la providencia del Sistema, van dados. Habría que ser idiota para imaginarse a los que han hecho el agujero de ozono zurciéndole al futuro ese improbable degarrón.



La novela virtual


El Mundo de Andalucía
06/12/00

No hace mucho tiempo un escritor “mass cult” americano, Stephen King, colocó una novela en Internet, “Riding the bullet”, y consiguió que la “descargaran” del tirón 400.000 ciberlectores. ¿Ciberlectores? Bueno, eso habría que verlo, porque yo creo más bien que estas novelerías no implican la lectura sino sólo la movida del click. No tienen más que ver que, en su nueva intentona, King ha debido entregar la cuchara y retirar de la Red su nueva obra, un relato breve titulado “La planta”, tras aguardar en vano a los noveleros durante cuatro largos meses y comprobar -y ahí le duele-que uno de cada dos entre ellos no pagaba el dólar simbólico exigido ni Cristo que lo fundó. ¿Es el ordenador sitio para la lectura literaria, de verdad nos acecha un futuro virtual escrito en su palimpsesto de silicio, una biblioteca miniada en la celdilla de una lenteja, lejana e impalpable, ausente, intangible como una sombra en la noche informática? Azorín contaba su experiencia de bibliófilo que fiaba al tacto y hasta al olfato la identificación del libro nuevo, objeto vivo al que el amante dispensaba caricias, sopesaba, olía incluso, antes de enfundarlo en el bolsillo interior del gabán y buscarle el sitio justo en la librería. Y como Azorín tantos otros librescos, desde Gallardo( el gran bibliopirata) a Ceán, desde Nicolás Antonio a Unamuno. No es que el libro sea una “cosa”, sino que no hay forma de separar en él el fluido de su escritura de su amable materia. Pretender eviscerarlo para exponer sus menudillos en la casquería de Internet es como proponernos que adoptemos el menú sintético del astronauta.

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Una cosa es consultar y otra leer un libro. Cosa muy diferente asomarse a un bazar invisible o husmear por un almona mediática, comparada con enfrentarse a la lectura de un libro, cara a cara al texto estable y privado, cautivo y disponible que mantenemos en el hogar al alcance de la mano. ¿O es que son opciones idénticas sentarse a solas con un libro, acaso renovar con él un viejo diálogo, recuperar sobre su piel añosa el rastro de nuestras propias huellas de lector y asomarse el ordenata? No, no lo son. Sin llegar al fetichismo azoriniano, cabe mantener con el libro una relación íntima y caliente que jamás -en fin, digo yo-conseguirá suplantar ninguna técnica sin destruir una parte esencial de su encanto. Stephen King ya sabe ahora que no todo el monte es orgasmo dentro de esa Red sublimada que cada día que pasa nos atrapa un poco más.



Los impuestos


El Mundo de Andalucía
05/12/00

Los impuestos tuvieron siempre mala fama, concitaron de antiguo una literatura muy adversa que reflejaba el sentir popular y, de paso, un ingenuo prontuario para uso del príncipe exactor. Suetonio, tan discreto siempre, comentaba, hablando de Tiberio, que un buen príncipe esquila con tiento a su ganado pero con cuidado de no desollarlo. Hablando de impuestos y cargas yo me acuerdo siempre de “Ubú rey”, el personaje de Alfred Jarry que resumía ingenuamente todas las contradicciones del Poder para superarlas con ese arma tan política que es el cinismo. “Ubú” trazó un plan: doblar los impuestos existentes, triplicar los futuros, enriquecerse a calzón quitado, liquidar la población y marcharse. ¡Cuánto “Ubú” habrá sentido rebullir en el subconsciente esta tentación apocalíptica y a cuantos de ellos hemos visto acabar sus días en exilios dorados! El impuesto es el coste del orden, el precio de la convivencia, y esos son conceptos que circulan hacia abajo, por el tobogán de las ideologías y las propagandas, pero que nadie siente que le concierna en las altas esferas. El alcalde de Sevilla, mismamente, no paga impuestos, el tío, ni municipales ni nacionales, y yo creo que, el hombre, no lo hace por afán de privilegio sino porque se cree exento de una obligación que el es precisamente, en ocasiones, quien sanciona. Stendhal escribía con mucho arte en sus “Manuscritos italianos” que no había modo de entender la política del Renacimiento porque para entonces aún no se había inventado el truco perfecto: hacer que los impuestos fueran pagados por los mismos que elegían a quienes habían de imponérselos. Yo te elijo, tu legislas, yo pago. ¿Y tú? Hay políticos como el alcalde de Sevilla o el de Almería a que ni se plantean esa pregunta.

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No se trata de ponerle a nadie la proa sino, simplemente, de decir en voz alta lo que el mundo político calla por la cuenta que a cada cual le trae. Y para empezar, la conclusión elemental de que en la vida pública hay fallos subsanables pero hay otros que inhabilitan enteramente a un político para continuar en el cargo. No pagar los impuestos, desde luego, es uno de ellos: por ahí pillan a un regidor escaqueado de sus obligaciones fiscales y tiene el tiempo justo de recoger los papeles e largarse. Aquí, ya ven: Chaves ha premiado a los alcaldes de Sevilla y Almería, clamorosos defraudadores, con un sillón en su Ejecutiva. En USA por ese pecado metieron a Capone en la cárcel. Aquí eso se premia.



La fiebre del com


El Mundo de Andalucía
04/12/00

Cuando la fiebre del oro no pocos pioneros amasaron fortunas a base de registrar posibles yacimientos para obligar a los auténticos buscadores y mineros a comprarles su derecho registral. Pero no sólo en el “far west” ocurrían estas historias, alguna de las cuales he vivido de cerca yo mismo cuando el desarrollismo intentó su penúltima aventura minera en nuestros pozos. A medida que se fue echando encima el mítico 92 se hizo patente que una legión de avisados había inscrito a su nombre toda clase de denominaciones previsibles incluyendo nombres y voces griegos y latinos suceptibles de ser utilizados en un rótulo. El Registro tiene sus ventajas a la hora de ofrecer garantías legítimas pero qué duda cabe de que se ha convertido demasiadas veces en instrumento de pícaros que han estirado la capa de la ley hasta hacerse con ella un sayo a la medida de esta sociedad especuladora. La última batalla de esa guerra se libra en torno al registro que trata de proteger la Red y en los tribunales que dilucidan con tiento entre esos derechos virtuales que, a veces, valen fortunas inauditas, como en el caso de ese “sex.com” que un juez de San Francisco acaba de arrancar a un pirata de la Red que lo había conseguido al abordaje en un descuido de sus galeotes. Poco antes los abogados de Madonna lograban arrebatarle a unas monjitas una razón tan mariana como “madonna.com”. Frente al resguardo legal de la cantante, casi dos milenios de culto no valen un pimiento.

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Eso sí, ¿saben ustedes cuántos mirones, rotos y onanistas irredentos teclean diariamente eso de “sex.com” en su ordenata? Pues 25 millones, cifra que supone en caja la friolera de 100 millones de dólares anuales. Hace poco una jueza desmantelaba uno de esos “dominios” de pago por tarjeta en los que era posible asistir, a la carta, a la tortura y violación de una muchacha. Pero la opinión mejor informada se planta unánime en la idea de que no hay posibilidad, ni siquiera remota, de controlar esos infiernos de pago. Claro que no sé por qué escandalizarnos con ese crimen cibernético, hechos como estamos, y más que acomodados, a la triste, lacerante realidad del abuso que la sociedad desigual impone en todos los niveles. Los menores tienen hoy en la lonja global un puesto junto a las demás delicatesen, eso es todo. Ya me dirán qué moral podría evitar que siga habiendo tiros por pillar un puesto estratégico en ese infame mercado.



El bañador de Fraga


El Mundo de Andalucía
03/12/00

En Santiago del Apóstol, el alcalde ha participado en una “caldeirada” pública para convencer al personal de que la ternera gallega -diezmesina y vegetariana-“excluye toda posibilidad de contagio”. No hace tanto que la ministra Loyola de Palacio hacía lo propio a las puertas del Ministerio no recuerdo ya si para devolverle al ama de casa la confianza en el pollo amenazado por la dioxina o por alguna otra razón de peso. No falla: cada vez que cae una bomba -y no es imprescindible que caiga del cielo--, el alto cargo de guardia se pone el bañador de Fraga y hace de su predio político su playa de Palomares particular. Ahora bien, me pregunto, ¿es esa exhibición de riesgo una garantía auténtica, puede bastarle al ciudadano asustado ante esta catástrofe alimentaria que nos abruma, el gesto desdramatizador de un profesional del teatro público? A mí me recuerdan estos catadores a los que en lo antiguo probaban el bocado del señor en ausencia del gato. Y si no fuera por no aparecer de eruditón podría citarles tres o cuatro libros de “físicos” experimentados que explicaron hace mucho con qué diligencias y antídotos podía burlarse el veneno más poderoso. Personalmente, hace tiempo que en cuanto veo a un Fraga echando mano del bañador, me pongo a dieta blanda. Cuando se lo cuento a mi médico, me dice con guasa, mirándome la arruinada silueta, que no hay mal que por bien no venga.

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En serio. Lo que está ocurriendo en la cadena alimentaria es para tocar generala. ¿Qué esto es alarmismo? Lo que no debe ser, evidentemente, es negocio para liquidar con una caldeirada simbólica ni vestidos ni en bañador. No se olvide que hace semana y media no existía, oficialmente, el menor riesgo en España y miren la que se ha armado en tan breve plazo: la vaca loca gallega, los 25.000 millones de ayuda, la campaña de control obligatorio, la decisión de prohibir las harinas proteicas, el proyecto de congelar masivamente carne por cuenta del Estado… Si se “excluye toda posibilidad de contagio”, ¿ a qué viene este zafarrancho? Habrá que aguardar a ver si alguien indaga hasta qué punto han podido afectarse la producción de pollos (añadan huevos) y las piscifactorías que utilizaron aquel pienso maldito. Pero comprenderán que donde no estamos ya es en esa Babia feliz en la que la duda se disipa ante la foto de un caldero, cucharada y paso atrás. ¡Pero si todavía antier pillaron en Barajas a una banda que pretendía introducir sustancias para el engorde ilegal! ¿Quién compra esas hormonas, esa dioxina, esa harina animal que ha vuelto caníbales a nuestros herbívoros y amenaza con volvernos vegetarianos a todos? Mi médico, el tío, vuelve a decir lo de que no hay mal que por bien no venga. No sé si cambiarme de país, de continente o de médico, la verdad.



El coste cero


El Mundo de Andalucía
02/12/00

La sociedad machista ha funcionado siempre como si, en efecto, los niños vinieran de París. Se relevan las cohortes, crecen las generaciones, van rejuveneciéndose las hornadas vitales como se superponen una sobre otra las capas secretas del árbol de la vida, pero nadie se detiene a pensar en cómo va ese milagro ni a quien hay que agradecer mayormente ese salvavidas. En España ha resonado durante siglos la queja por la despoblación en la que nuestros “arbitristas” de antaño, como los de hogaño, veían la causa de muchas pobrezas. Pero jamás recibieron contestación por el correo real. Y ahora, en fin, cuando vamos ni más ni menos que los terceros por la cola en el ránking mundial de natalidad, salta la alarma y nos vemos de pronto en el espejo cóncavo de una grotesca sociedad de viejos que verosímilmente no se sostendrá si algo no cambia. Pues bien, en ese explosivo contexto va el Círculo de Empresarios y propone que sean las mujeres las que financien desde sus nóminas el “gasto” que implica la maternidad, de manera que no recaiga este fardo sobre la bendita empresa, disparate que demuestra hasta qué punto casi nadie entiende nada en el problema en esta sociedad realmente envejecida. Estoy convencido de que si luego se han lanzado en tromba a desmentirlo ha sido porque los ha sorprendido la reacción colectiva. Esas cosas no se le ocurren a un pringao así como así y menos por su cuenta y riesgo.

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Pero fíjense en algo curioso: la ocurrencia se refiere a las mujeres, es decir, a las madres, no a los hombres, como si los padres no tuvieran que ver en ese pleito. Y es que, sencillamente, a efectos laborales, no lo tienen. El gran error del debatillo sobre los derechos de la maternidad suele fundarse en el equívoco que contempla el hecho reproductor como una disfunción laboral que concierne en solitario a la hembra: el padre humano, como el de tantas especies, limita su aporte a la fecundación y deja en el seno materno el resto de la tarea. ¿Razón? Que el varón se reconoce en su trabajo mientras la hembra se identifica en la maternidad, que es el concepto mítico y amable de la dura reproducción. La propuesta de los empresarios demuestra que siguen concibiendo el trabajo como un hecho masculino en el que las mujeres son todo lo más un elemento exótico. Rafael de Penagos, que tiene mucha gracia, decía que los hijos de puta no saben que le deben a sus madres hasta el título.

Sociología de Tamara


El Mundo de Andalucía
012/12/00

Tengo entendido que Tamara cobra un millón cien mil pesetas por gala. Bueno, y qué, aquí han cobrado eso y más, incluso en nómina, muchos adefesios como ella y más de un membrillo encumbrado. No sé a qué viene tanto estupor alrededor del patético negocio en torno a Tamara y sus mariachis en una España en la que en los más altos despachos se han pagado sobresueldos de dos millones mensuales a los chapuceros del terrorismo de Estado, o en la que el lehendakari paga con dinero de todos los españoles (que sepamos) vacaciones ilimitadas a los familiares de los terroristas presos. Hace tiempo, por lo demás, que la tv ha descubierto dos hechos capitales: uno, que ella es la fuente última de la realidad (puede crear sus personajes sin atenerse a reglas ni dar explicaciones); y dos, que para el criterio público no hay límite estético. Y si la tv es un negocio, parece de cajón, incluso para los géneros basurarios, que trajinar con desgraciados ha de resultar siempre más económico que hacerlo con famosillos. La “popularidad” (la “fama” es otra cosa) es condición del negocio en esta cultureta definitivamente desfondada. Y es barata, incluso tirada, con perdón. La hilarante irritación de los “famosos” de profesión con la escatología sobrevenida olvida la basura propia. Parten que Carmina Ordóñez o Mar Flores son ontológicamente superiores a Tamara, y de que el Risitas y su Cuñao quedan por debajo de Lecquio o Neira. Y bien, la suprema lección de los hechos (el éxito del tamarismo) les acaba de demostrar que no.

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Lo alarmante de esta inmensa infamia es que implica un doble desprecio: el de la audiencia, a la que se considera, con razón, estúpida; y el de los protagonistas, que hacen el clásico papel del bufón, es decir, que cobran por exponerse a la humorada cruel de los demás, que alimentan su imaginaria superioridad con el espectáculo de la miseria ajena. Claro que no hay verdadera novedad en la progresiva degradación de temas y personajes. Una propuesta que arrancó asida a las imágenes de un enano y un cojo, pongo por caso, no cambia sustancialmente porque decida reirse de y hacer reir con imágenes más baratas. Y cierto también que las culpas están muy repartidas, aunque el gran empresario de esa fantasmagoría encanallada ostente, sin duda posible, la mayor. Mientras tanto, eso desde luego, el país se hunde mental y moralmente hasta una sima tan oscura que permite enmascarar la canallada hasta hacer un playboy de un grasiento picapleitos y una celebridad de cualquier hortera dispuesta a poner en almoneda la dignidad que nunca tuvo. La tv se ha empeñado en demostrar a los intelectuales reacios que constituye un peligro público. Y la crónica de este apocalipsis lleva a Tamara en la portada.